"Mi trayectoria en Tiro empieza cuando me llama el grupo de chicos donde estaba mi hijo (Fernando), para hacer una feria de empanadas. Eso pasó en entre el '96 y el '97. Ahí me comentan que no había comisión directiva, que si el club estaba acéfalo iba a desaparecer", recuerda la ex dirigente, quien hace tres años se radicó en la cordillera junto a su marido y se encuentra por unos días en la capital del petróleo.
Todo se dio muy naturalmente. "Imaginate que yo no entendía un queso de fútbol, pero bueno, nadie se quería hacer cargo y los amigos de mi hijo me dijeron 'dale, dale, dale'. Ahí, en asamblea, me eligen como presidente del club", rememora Gladys.
Y sus pares la recibieron con todos los honores. "Mi primera reunión en la Liga fue muy linda, porque cuando entré todos aplaudieron y me dieron la bienvenida. Fue algo histórico y es algo muy importante para mí, porque es parte de mi vida", confiesa.
Es más, recibió consejos y ayuda, algo que tampoco olvidará. "Varios dirigentes me ayudaron, como Roque Carrasco, de Ferro; Carlos Peralta, de la CAI; la gente de Jorge Newbery. Me ayudaron mucho a entender y fue una época en la que todos los clubes trabajábamos mancomunadamente. Nos respetábamos, fue algo hermoso y, para mí, la mejor experiencia", asegura.