Golondrina en un Cable, Fujo Glitterblood y El Mal Menor: tres modos de habitar la gráfica en KokoFest II

La tercera entrega dedicada a artistas que formarán parte de la segunda edición de KokoFest reúne tres universos distintos que confluyen en un mismo espacio de circulación, encuentro directo con el público.

KokoFest, en su segunda edición que se realizará en el Centro de Información Pública “Francisco Porrúa” los días 7 y 8 de marzo, vuelve a consolidarse como un espacio específico para artistas independientes que producen desde lenguajes propios y que, históricamente, no siempre encontraron un circuito claro dentro de la ciudad. En esta tercera entrega, la escena se amplía con la incorporación de tres propuestas que, aunque diferentes entre sí, comparten una convicción común: la necesidad de crear, sostener y hacer circular una obra con identidad.

Por un lado, Romina Santos, creadora del proyecto Golondrina en un Cable, trabaja desde el oficio del grabado y la obra gráfica en serie. Su recorrido parte de una formación académica en el Instituto Superior de Arte N° 806 y se profundiza en una relación directa con el taller, la matriz, la tinta y el tórculo. En su práctica conviven el desarrollo de originales múltiples, la reflexión sobre el carácter no-copiable del grabado y la posibilidad de expandir la obra hacia catálogos, fanzines, libretas y objetos derivados sin perder su núcleo artístico. Para ella, la feria representa algo concreto: un lugar donde el arte puede mostrarse y venderse como tal, sin quedar desplazado entre categorías que no lo contienen.

Embed - Dibujos digitales de parejas, mascotas, personajes, y más! on Instagram: "¡Se viene la segunda edición de KokoFest! Este 7 y 8 de marzo nos volvemos a encontrar para celebrar el arte local ¿Qué vas a encontrar? Más de 50 ilustradores Charlas y talleres CIP De 15:00 a 20:00."
View this post on Instagram

Desde otro registro estético, Fujo Glitterblood construye una identidad atravesada por lo emocional, lo corporal y el cruce de fandoms. Su nombre artístico condensa una historia personal y una estética que dialoga con el “creepy cute”, el anime y referencias que van desde Nicoletta Ceccoli y Margaret Keane hasta series de Hanna-Barbera y Adult Swim. Su proceso creativo oscila entre el desahogo emocional, el amor por determinados personajes y la experimentación digital y tradicional. En KokoFest II dará un paso decisivo: será la primera vez que comercialice su trabajo como emprendimiento propio, llevando prints, totebags, stickers y accesorios con la intención explícita de que “la gente se ponga bella usando algo” suyo.

imagen

La tercera artista de esta entrega, El Mal Menor, desarrolla una producción que articula identidad, exploración técnica y construcción de un universo visual propio. Su trabajo no se limita a una única técnica, sino que se mueve entre búsquedas formales, intereses estéticos y una consolidación progresiva de lenguaje. En el marco del festival, su participación se inscribe dentro de esa generación que entiende la feria no solo como punto de venta, sino como instancia de intercambio y exposición directa frente al público.

Las tres comparten, cada una desde su lugar, una tensión productiva entre lo original y lo reproducible, entre lo íntimo y lo compartido, entre la obra como proceso solitario y la feria como espacio colectivo. KokoFest II, en ese sentido, no aparece solo como evento cultural, sino como un dispositivo de circulación: un lugar donde la gráfica tradicional, el arte digital, el fandom, el grabado en relieve y la experimentación contemporánea dialogan sin jerarquías.

GOLONDRINA EN UN CABLE: EL GRABADO COMO OBRA ORIGINAL Y TERRITORIO DE CIRCULACION

Golondrina en un Cable, de la docente y artista Romina Santos, no nació como una estrategia de marca ni como un emprendimiento planificado. Surgió, como muchas cosas en el arte, desde la experiencia cotidiana. Cuando decidió cambiar el nombre de su cuenta de Instagram —después de apenas “dos semanas” de usar el propio— buscaba algo distinto: “hacer más comunidad, encontrarme con gente que se dedique específicamente al grabado y a las artes”. Quería que el nombre tuviera juego, algo “más lúdico”, “más simbólico, más poético”.

La imagen ya existía en su vida antes de volverse identidad. Golondrinas habían anidado en el techo de su taller. Las veía entrar y salir todos los días. Le fascinaba “su plumaje, su tornasolado”, el contraste del negro con reflejos azules. Al atardecer se posaban en el cableado eléctrico, recortadas contra un cielo naranja intenso. “Era muy gráfica”, recuerda en comunicación con El Patagónico: planos de color, líneas negras cortando el fondo, siluetas en alto contraste. Esa escena cotidiana, repetida, observada, dibujada, terminó nombrando el proyecto. “Las hice parte de mí”. El nombre no fue conceptualización teórica: fue convivencia.

Pero la historia empieza antes.

imagen

Su formación es académica. Estudió en el Instituto Superior de Arte N° 806, en las tecnicaturas de dibujo, pintura y grabado. El encuentro con el grabado no fue programado: fue un accidente revelador. Entró al aula para calentar agua y lo que vio la desarmó. “Fue amor a primera vista”. El olor de las tintas, el sonido del rodillo, las gubias en la madera, el tórculo girando, el papel humedecido. No fue solo una técnica; fue una experiencia sensorial total. La docente de entonces, Sandra Hudson, leyó ese impacto y la invitó a quedarse, aun cuando el año ya estaba iniciado. “No me fui nunca más”. Hoy ese mismo espacio es su taller.

Desde ese momento, el grabado dejó de ser “dibujos con otra técnica” y se convirtió en elección. No solo estética, sino ética. “El grabado tiene mucho de oficio, es un oficio”. Hay pasos que no se pueden omitir. “Si un paso lo hacés mal, falla toda tu obra”. No hay atajos. El papel debe estar correctamente humedecido, la tinta correctamente estirada, la presión exacta. Es método, es disciplina, es paciencia.

Embed - Romina S on Instagram: " #grabado #xilografía #grafica #print #gravura rominasantos golondrina_en_un_cable woodcut printmaking linocut xilografia arte arteimpreso"
View this post on Instagram

Y también es aprendizaje colectivo. Para Romina, lo más importante en la formación no es solo el estudio académico, sino “trabajar con otro”. Estar al lado de quien sabe, ver cómo entinta, qué papel usa, qué herramientas elige. El oficio se transmite en la práctica, como en otras épocas se transmitían los oficios manuales.

Su trabajo se concentra en el grabado en relieve. Matrices desvastadas con gubias donde la imagen se construye al revés. “Es un dibujo inverso”. Si la placa se entinta sin trabajar, el resultado es negro pleno. Al abrir surcos, aparece la luz. Solo tiene el blanco del papel y el negro de la tinta. “Con eso tengo que resolver todo”. Los grises se logran mediante texturas. De ahí el alto contraste, el impacto fuerte, la identidad visual de su obra.

imagen

En términos temáticos, no se encierra en categorías rígidas. Trabaja personajes propios, los desarrolla en series, los sitúa en escenas que a veces dialogan con lecturas, otras con la música. Aparecen vanitas, calaveras de aves, memento mori. No como gesto oscuro gratuito, sino como recordatorio: somos pasajeros. No desde la tristeza, sino como conciencia vital.

Cuando habla de Golondrina en un Cable vuelve a marcar una distinción fundamental: “No es un emprendimiento de comercio de productos como tal sino el desarrollo de mi obra”. La feria aparece después, cuando entiende que vivir del arte implica circulación. “Uno quiere vivir de eso, entonces también tiene que haber una venta, un circuito”. El problema es que ese circuito no existía en la ciudad. “No hay específicamente ferias de arte donde yo pueda ir y vender mi obra”. En otros espacios no encajaba: no era artesanía, no era producción industrial, pero tampoco había lugar para el arte como tal.

Ahí radica el valor de KokoFest. Un espacio específico donde puede llevar sus grabados originales y donde la obra gráfica se entiende como tal. Porque el grabado, insiste, “no son copias, son originales múltiples”. Cada estampa está numerada, firmada, parte de una serie limitada. Si decide hacer diez, son diez. A veces incluso destruye la matriz. Cada impresión es manual, una por una. Nunca idénticas.

imagen

A partir de esa matriz surgen otras posibilidades: señaladores estampados uno por uno, stickers originales, digitalizaciones que luego se aplican a cuadernos o libretas, catálogos que reúnen hasta quince imágenes para quien no puede acceder a un original. No es mercantilización: es expansión. La obra sigue siendo el centro; lo derivado permite que circule.

En lo personal, la feria también es otra cosa: encuentro. “El trabajo de creación es un trabajo muy solitario”. Imaginar, bocetar, corregir, enfrentarse al papel es estar “desnudo en el espejo”. La instancia del festival es distinta: es diálogo, preguntas, curiosidad. Es alguien que pasa y se conmueve, o que rechaza una calavera y sigue. Es conversación sobre procesos, materiales, decisiones. Es comunidad.

En una ciudad donde históricamente los espacios de circulación artística fueron escasos —vidrieras prestadas, halls de hoteles— la existencia de un festival específico resulta, en sus palabras, “democratizante”. Un lugar autogestivo, colectivo, donde el arte no tiene que disfrazarse de otra cosa para existir.

imagen

Mirando su trayectoria, reconoce que comenzó más experimental y que con el tiempo se fue enamorando cada vez más del oficio tradicional. Mientras el mundo se vuelca a lo digital, ella se sumerge en la madera, el linóleo, el olor de las tintas. “Es lo que amo”. Perfeccionarse primero, dominar la técnica, para luego —si llega el momento— romperla.

En KokoFest II, Golondrina en un Cable no llega como marca ni como producto. Llega como obra. Y como la defensa de un oficio que, lejos de ser pasado, sigue siendo presente activo.

FUJO GLITTERBLOOD: FANTASIA, CONTRASTE Y EL DESEO DE QUE LO OSCURO TAMBIEN SEA BELLO

El universo de Fujo Glitterblood se mueve en el cruce. No busca encajar en una escena específica ni responder a una etiqueta cerrada. En un festival como KokoFest II su mirada encuentra un territorio natural. “Siento que es como un collab de nuestras identidades como artistas”, define en comunicación con El Patagónico. No lo piensa como compartimentos estéticos, sino como un ensamblaje: identidades distintas, lenguajes propios, algo que a cada quien “nos destaque”.

Su obra trabaja una tensión que no intenta resolver: lo tierno y lo perturbador, lo dulce y lo sombrío. Pero el objetivo no es incomodar. “No me interesa provocar miedo”. Lo que le interesa es otra cosa: que quien se acerque pueda percibir que “lo lindo puede ser sombrío a la vez o lo sombrío puede ser lindo a la vez”. Esa ambivalencia no está puesta para generar rechazo, sino para ampliar el registro emocional. Hay belleza en lo oscuro; hay sombra en lo adorable.

También hay pertenencia.

imagen

Una parte importante de su producción dialoga con universos específicos de la cultura pop que no siempre encuentran representación en el mercado local. “Me interesa hacer que la gente encuentre algo de su juego o serie que le gusta porque no hay merch de eso”. Menciona ejemplos concretos: Cry of Fear, Madoka Magica. Si no hay objetos disponibles de esos mundos, su mesa puede convertirse en ese lugar de hallazgo. No es solo ilustración; es identificación.

En ese sentido, KokoFest II aparece como una escena de intercambio tanto afectivo como estético. Más allá de su propio trabajo, anticipa el recorrido por las mesas ajenas como una experiencia en sí misma: “Siento que va a haber muchas cosas lindas para llenar mis sketchbooks con stickers o mucho para comprar”. Hay admiración explícita: “Amo mucho los trabajos de cada uno”. La feria no es solo exhibición; es circulación horizontal entre artistas que se reconocen.

Embed - @fujoglitterblood on Instagram: "I'm still paranoid about the Meta and IG issue, but it deserved to show this redraw here, the funny thing is that now it looks like the cover of TV Girl than before. #spaceghostcoasttocoast #zorak #zorakxbrak #tvgirl #brak #thebrakshow #spaceghost #sgc2c #fanart #multifandom #redraw #redraw2024"
View this post on Instagram

El paso de la pantalla al objeto físico, sin embargo, no es simple. Para Fujo, esta será su primera experiencia llevando su producción a formato material. Y ahí aparece la dimensión concreta del hacer en territorio. Las dificultades no son abstractas; son logísticas. “Acá que yo sepa no hay para comprar cadenas para llaveros o cosas para hacer aretes”. Se consiguen insumos de joyería, pero no necesariamente los específicos que necesita para su línea de accesorios. El soporte también impone límites: “Tengo un papel fotográfico para los prints o stickers, pero el tipo de impresión hace que las imágenes después de un segundo se vuelvan rosas”. El problema no es conceptual; es técnico. Y es parte del aprendizaje.

Ese tránsito del scroll al objeto implica asumir materiales, tintas, soportes, costos, tiempos de producción. Es el momento en que la estética digital debe sostenerse en la fisicalidad. KokoFest, en ese sentido, funciona como laboratorio.

imagen

Si tuviera que sintetizar lo que representa esta segunda edición del festival en una sola palabra, la respuesta es directa: “Fantasía”. No como evasión, sino como multiplicidad. “Aquí podés encontrar una variedad de arte realizado por todxs nosotrxs y verás lo fantástico de nuestras creaciones”. Fantasía entendida como despliegue de imaginarios, como posibilidad de que convivan lo oscuro, lo brillante, lo delicado y lo intenso en un mismo espacio.

Mirando hacia adelante, su proyección tampoco es lineal. Cuando piensa en el futuro menciona nuevas técnicas, narrativas más largas, cruces con otros lenguajes. “Probablemente las tres”, responde, sin necesidad de encasillarse. Entre esas búsquedas aparece un deseo concreto: diseñar ropa. Expandir su universo visual más allá del papel o el print, llevarlo al cuerpo, al movimiento.

imagen

En KokoFest II, Fujo Glitterblood no solo presenta ilustraciones: presenta una estética que habita el contraste, que reivindica lo fantástico y que busca que cada persona encuentre un fragmento del mundo que ama.

EL MAL MENOR: GRABAR LA MADERA, HABITAR EL ESPACIO Y RESISTIR DESDE LO ARTESNAL

El Mal Menor no nació como una estrategia de marca ni como un proyecto diseñado con lógica de mercado. Surgió desde una tensión personal, casi como una ironía. El Mal Menor siempre tuvo una producción artística paralela al tatuaje (Calva Tatoo): “Siempre dibujé, siempre pinté”, detalla en comunicación con El Patagónico. En ese momento hacía serigrafía, graffiti, ilustración; producía constantemente, aunque no necesariamente desde el formato tradicional de cuadro en acrílico u óleo. Había obra, había búsqueda, había insistencia.

Lo que detonó la creación del perfil fue otra urgencia: la necesidad de compartir un archivo fotográfico acumulado durante años. “Me surge como una idea, como una urgencia de encontrar un espacio digital donde poder compartir mucho material fotográfico que yo venía acumulando”. La fotografía, que en ese entonces consideraba una expresión secundaria, fue la excusa para abrir ese espacio. Físicamente no se animaba. “Estaba produciendo mucho pero no quería mostrar. Me daba cosa, pudor, terror, la exposición pública”.

imagen

Ahí aparece el nombre. El Mal Menor es una ironía. Si su producción artística general era el “mal mayor”, la fotografía era ese “mal menor”, esa vía menos intimidante para exponerse. Lo que parecía secundario terminó funcionando como puerta de entrada.

Su vínculo con el grabado se remonta a la secundaria, en la Escuela de Arte. No recuerda una fecha exacta, pero sí el impacto de ese primer contacto con las prensas y con técnicas alternativas. La xilografía, específicamente, comenzó a tomar forma hace unos tres o cuatro años, de manera intuitiva. “Empecé con unos fibrofácil que tenía tirados por ahí, unos que eran como de la basura, con unas gubias que estaban desafiladas”. Las afiló. Hizo una matriz “básica y tosca”. El gesto inicial fue precario y directo.

Embed - Florencia on Instagram: "Está xilo está hecha sobre papel autoadhesivo #xilografia #xilografiaomuerte #xilografíasobrepapel #xilografiaargentina"
View this post on Instagram

Luego vino la profundización técnica: talleres con Franca Echeverría en serigrafía, el profesorado en Artes Visuales, el trabajo con Romina Santos (Golondrina en un Cable). La formación, como ella misma la define, fue híbrida: “Un poco de todo”. Instituciones formales, espacios no formales, calle, graffiti, viajes, vínculos. “Aprendí de todos lados”.

Lo que la atrapa de la xilografía no es solo el resultado final. Es el proceso. “Donde más me encuentro me parece que es en el momento de grabar, de trabajar la madera, de hacer los surcos”. Ese instante en que la imagen se construye a partir de la luz que dejan las incisiones. “Ir viendo cómo se va armando esta composición a base de los surcos de luz”. Hay algo casi meditativo en esa relación con la matriz. Aunque también disfruta del entintado, las estampas, cada etapa, insiste: el momento del corte es el núcleo.

Cuando intenta describir su universo visual duda. Antes lo llamaba surrealista. Hoy prefiere pensar en un cruce con el realismo fantástico. Parte de elementos reales, de lo que la rodea, pero le interesa “agarrar algo y volverlo fantástico”, distorsionar lo que existe para sacarlo de su estado natural. La fantasía no como evasión, sino como operación sobre lo real.

imagen

Participar en KokoFest II tiene para ella una dimensión casi política. “Me parece importante empezar a habitar la mayor cantidad de espacios posibles, molestar lo más que se pueda”. Durante mucho tiempo le costó mostrar lo que hacía; ahora está en la etapa inversa: ocupar. Habitar. Estar.

Le interesa particularmente que en una feria multitudinaria exista espacio para técnicas lentas y artesanales como la xilografía. “Lo plástico, lo no digital, lo que está hecho con las manos y te ensuciás, y no es perfecto y tiene texturas naturales”. En ese gesto hay una forma de resistencia. Ella misma lo dice: “Hay una pequeña resistencia que estamos teniendo entre lo digital y lo artesanal”. No hay muchos espacios. Por eso es importante hacerse uno.

En esta edición presentará una serie de xilografías de insectos que todavía no mostró públicamente. Su expectativa respecto al público es clara: que la técnica genere algo. “Que genere lo que sea, pero que genere”. Sensación, preguntas, incluso disgusto o desconcierto. No busca complacencia; busca activación. También desea que la gente quiera acercarse a los talleres, que se interese por hacer xilografía, que experimente ese proceso que “te hace trabajar partes del cerebro” desde el hacer manual.

imagen

Mirando hacia adelante, quiere profundizar en la serigrafía y volver al espacio público. “Me interesa salir a la calle de vuelta”. Tiempo y dinero hoy son límites, pero la dirección está marcada: papel, tóner, xilografía, grafito. Desde lo analógico. Desde el cuerpo y la materia.

El Mal Menor ya no es un espacio tímido ni secundario. Es una plataforma donde la madera se graba, la tinta se ensucia y la obra ocupa lugar. En KokoFest II, Florencia no solo presenta imágenes: reafirma una práctica que entiende la gráfica como oficio, como comunidad y como una forma de resistencia sensible.

Fuente:

Notas Relacionadas

Dejá tu comentario

Las Más Leídas del Patagónico