Emile Maxim St. Patrick Higgins, el empresario conocido como Max Higgins que iba a construir un “Disney argentino”, fue encontrado muerto en las últimas horas en el partido bonaerense de Merlo.
Al hombre, de 55 años y nacionalidad jamaiquina, lo halló en la localidad de Libertad un empleado de la Empresa 216, quien alertó a las autoridades luego de encontrar su cuerpo tendido en la vía pública y en posición fetal.
El denunciante relató que, aproximadamente veinte días antes, había observado en la zona a un hombre jamaiquino que estaba en situación de calle. En este sentido, indicó que el individuo no era conocido por los vecinos y que desde hacía semanas se alojaba en el mismo lugar donde ahora lo encontraron muerto.
Tras arribar a la zona, personal del Comando de Patrullas Merlo preservó el lugar para permitir el trabajo de los equipos científicos. Las primeras pericias arrojaron que no había indicios de violencia ni signos de intervención de terceros. Minutos después, una ambulancia que llegó minutos después confirmó el fallecimiento por causas naturales.
EL HOMBRE QUE SERIA REY
Max Higgins llegó a la Argentina en 2007 con la promesa de revolucionar el espectáculo. Se autoproclamó el “Rey del Entretenimiento”, contrató a Diego Maradona para un reality de fútbol y aseguró que construiría un “Disney argentino” en San Pedro con una inversión de mil millones de dólares. Su figura extravagante, siempre rodeada de lujos y personajes del deporte y la farándula, lo convirtió en un personaje mediático. Pero su reinado terminó abruptamente y su historia mutó en una de las caídas más reconocibles del espectáculo local.
En sus días de esplendor, Higgins se movía en autos de lujo, alquilaba limusinas, helicópteros y oficinas en Puerto Madero, organizando eventos y realities como el “World Football Idol”, que tuvo tres ediciones y figuras como Diego Maradona, Sergio Goycochea y Gabriel Batistuta. Prometía premios millonarios y ostentaba una Lamborghini Diablo, que luego se supo era prestada. Se presentaba en los estadios con capa y corona, abrazado a Maradona, y ofrecía sueños de fama y fortuna que nunca se concretaron.
Pero la realidad detrás del personaje se fue desmoronando. Su esposa, la argentina Sandra Zapata, reveló que la fortuna de Higgins era una farsa y denunció episodios de violencia y antecedentes penales por estafas con cheques sin fondo en Estados Unidos e Inglaterra. El supuesto empresario, que decía manejar dos billones de dólares embargados, terminó acusado de estafador profesional y perdió su círculo de confianza.
Con el tiempo, Max Higgins quedó solo, desplazado de los flashes y abandonado por quienes en algún momento lo acompañaron. Su vida dio un giro radical: pasó de los hoteles cinco estrellas a dormir en la calle, en una esquina de Retiro, utilizando un maletín como almohada y pidiendo limosna para comer. Testigos lo vieron hablar solo, pedir ayuda para recuperar su dinero y prometer soluciones para la economía argentina. Mezclaba inglés y castellano rudimentario, alternando relatos de conspiraciones y sueños de volver a ser millonario.
Distintas personas lo reconocieron en la calle, algunos lo ayudaron con comida o dinero, otros compartieron anécdotas de sus años dorados. “Era un tipo copado pero raro, muy volado”, recordó un excustodio de un boliche vip. Su historia terminó sumida en el anonimato, sin familia ni amigos a su lado, y su fallecimiento confirmó el desenlace de una vida marcada por la grandilocuencia, el escándalo y la soledad.