Incendios: un estudio vincula los fuegos de 2026 con el cambio climático

Un análisis internacional concluyó que el calentamiento global aumentó más de dos veces la probabilidad de las condiciones extremas que favorecieron los incendios en Chubut. Participó una investigadora del IPEEC-CONICET de Puerto Madryn.

Los incendios forestales que afectaron la cordillera de Chubut durante el verano de 2026, y que también impactaron en zonas del centro-sur de Chile, dejaron miles de hectáreas de bosques nativos arrasadas, comunidades evacuadas y ecosistemas gravemente dañados. Incluso, en el país trasandino el desastre provocó pérdidas humanas.

Un nuevo estudio internacional del consorcio científico World Weather Attribution analizó qué factores climáticos y ambientales hicieron posible ese escenario extremo. El trabajo contó con la participación de la doctora en Ciencias de la Atmósfera Natalia Pessacg, investigadora del Instituto Patagónico para el Estudio de los Ecosistemas Continentales (IPEEC-CONICET), junto a especialistas de Argentina, Chile, Dinamarca, Países Bajos, Suecia, Reino Unido y Estados Unidos.

La investigación concluyó que el cambio climático provocado por la actividad humana aumentó aproximadamente 2,5 veces la probabilidad de que se generen las condiciones meteorológicas que alimentaron los incendios en la Patagonia.

“En estos estudios se convoca a especialistas locales que aportan información sobre la región, antecedentes climáticos y aspectos socioambientales”, explicó Pessacg. La investigadora participó en el análisis de las condiciones climáticas en Argentina, la revisión de estudios previos y la discusión de los indicadores utilizados para interpretar el fenómeno.

Calor, viento y sequía: la combinación que alimenta el fuego

Para comprender por qué los incendios se propagaron con tanta rapidez, los científicos analizaron el Índice de Calor, Sequedad y Viento (HDWI), un indicador que combina tres variables clave:

Temperaturas elevadas

Baja humedad del aire

Vientos intensos

Cuando estos factores coinciden, la vegetación pierde humedad y se vuelve altamente inflamable, mientras que el viento facilita que las llamas se expandan con rapidez.

Durante los incendios registrados en enero de 2026 en la cordillera patagónica se registraron temperaturas superiores a los 38°C y ráfagas de viento de hasta 40 o 50 km/h, un escenario ideal para la rápida propagación del fuego en valles y laderas boscosas.

Según el estudio, episodios con estas características ocurren aproximadamente una vez cada cinco años en el clima actual de la región, algo que ya se había observado con el gran incendio de la Comarca Andina en marzo de 2021.

La sequía previa: un factor clave

El informe también señala que los incendios no se explican solo por las condiciones del momento, sino por meses previos de sequía.

Entre noviembre y enero, gran parte de la Patagonia registró precipitaciones cerca de un 20% por debajo de lo normal, lo que dejó bosques y pastizales extremadamente secos.

A esto se sumaron temperaturas récord en la cordillera. Por ejemplo, la estación meteorológica de El Bolsón registró 38,4°C el 5 de enero, la temperatura más alta para ese mes desde que existen registros. En Esquel, en tanto, se contabilizaron 11 días consecutivos de calor extremo, el segundo período cálido más prolongado en 65 años.

Plantaciones de pino y propagación del fuego

El estudio también advierte que factores ambientales y productivos pueden intensificar el riesgo de incendios.

En diversas zonas de la Patagonia y el sur de Chile existen plantaciones de pino en monocultivo, especies altamente inflamables que presentan características que facilitan la propagación del fuego:

gran densidad de árboles

continuidad del combustible vegetal

elevada inflamabilidad

Estas condiciones permiten que las llamas se expandan con mayor rapidez y dificultan el control de los incendios.

Un fenómeno cada vez más probable

Para evaluar la influencia del cambio climático, los investigadores compararon el clima actual —que ya es 1,3°C más cálido que el del período preindustrial— con simulaciones climáticas del pasado.

Los resultados muestran que las condiciones meteorológicas que favorecieron los incendios en la Patagonia son hoy mucho más probables que hace un siglo. En el centro-sur de Chile, por ejemplo, el aumento de probabilidad alcanza casi tres veces más.

Los modelos climáticos coinciden además en una tendencia preocupante: las olas de calor, la sequía y las condiciones propicias para incendios podrían volverse cada vez más frecuentes.

Para la investigadora del CONICET, el desafío ahora pasa por mejorar los sistemas de alerta y prevención.

“Aún queda mucho por hacer en la gestión del riesgo de incendios. En Argentina es necesario avanzar en sistemas de alerta más precisos y en monitoreo constante. El debilitamiento de organismos de control y el desfinanciamiento de áreas como Parques Nacionales o brigadas contra incendios aumentan significativamente el riesgo”, advirtió Pessacg.

En regiones como la Patagonia andina, donde conviven bosques milenarios, comunidades rurales y destinos turísticos, comprender estos procesos será clave para anticipar riesgos y evitar nuevas catástrofes ambientales.

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