Juan Quintero y la tenacidad como camino para conseguir objetivos

Se crió en el barrio Laprida, donde sus padres llegaron por trabajo desde Catamarca. A los 12 se inició en el básquet de Huergo de la mano de Pablo Marcos. Un año más tarde falleció su papá, por lo que su mamá, ama de casa, se puso al hombro la familia. Jugó toda su secundaria como ala pivote para la "Fede" con "Beto" Acosta y Claudio Necol como DT. Egresó en tiempo y forma y se especializó en reumatología. Trabaja diez horas diarias y tiene 8 mil pacientes. Hace 5 años que encontró en el atletismo su lugar.

El Juramento Hipocrático, es un juramento público que pueden pronunciar los que se gradúan en medicina ante los otros médicos y ante la comunidad. Su contenido es de carácter ético, para orientar la práctica de su oficio.

Tal vez por eso, Juan Quintero atiende a los ancianos incluso los sábados, cuando el consultorio está cerrado y el vecino de barrio Laprida se dedica a seguir formándose.

El rito es casi siempre el mismo: sus pacientes ven la camioneta estacionada y se acercan a golpear las manos. Juan, el que se crió hace 37 años en el barrio Laprida, sale y los atiende igual, sabe que en su especialidad –reumatología– es el único de la ciudad. Y si bien en muchos casos no puede curar ciertas patologías, hace lo posible para atenuar el dolor, o en los casos más extremos acompañarlos para que tengan una muerte digna.

Además de la cartera de 8.000 pacientes que atiende, los deportistas también lo buscan, porque si bien no es deportólogo (sostiene que es un objetivo pendiente), entiende y trata de aconsejar desde su mirada científica y desde la pasión que aprendió cuando a los 12 años se acercó al Complejo Huergo para iniciarse como basquetbolista, con Pablo Marcos en sus prácticas finales como DT, para recibirse como profesor de educación física.

“La verdad que nunca manejé otra posibilidad que no sea volver a ejercer a la ciudad que me vio crecer. Creo que cada uno, desde el lugar que estamos, debemos apostar para que crezca nuestra ciudad. En especial la educación de nuestros hijos, porque ellos van a ser los agentes del cambio”, sostiene Juan Quintero a El Patagónico.

Con 28 años, Juan se recibía de la especialidad que se dedica a pacientes con dolores musculares en el Hospital de Clínicas. Y un mundo de posibilidades de crecimiento económico se le abría al médico egresado de la Universidad Nacional de Córdoba.

“No creo que todo pase por el dinero. Sino por el día a día de tu carrera. Para mí es muy gratificante mi trabajo, más allá de que muchas veces no puedas resolver patologías pero sí atenuar el dolor. Entonces, desde muchos puntos de vista lo que hago me es rentable”, recalca Juan luego de finalizar su jornada de diez horas diarias.

SU INFANCIA EN LAPRIDA Y EL BASQUET DE LA “FEDE”

De sus 37 años de vida, Juan pasó su infancia y adolescencia en el barrio Laprida, barrio donde llegaron sus padres desde Catamarca en búsqueda de un futuro laboral.

Como muchos hijos de ypefianos, realizó su primaria y secundaria en el Deán Funes. Pero cuando iniciaba el secundario falleció su padre, entonces su mamá (ama de casa) se dedicó a cumplir ambos roles.

“Si uno es como es, es gracias a la formación que aprendió desde la casa. Yo soy un convencido de que la primera escuela es la casa misma. Y hay un montón de cosas que ningún título te lo va a dar por más que quieras”, sostiene.

“Voluntarioso y tenaz”, así se define. Y al mismo tiempo que se quedaba sin padre, comenzaba a dar sus primeros pasos con el deporte a través del básquetbol, el primer año en Huergo. Y el resto de su adolescencia en Federación Deportiva.

“Creo que siempre fui tenaz, o voluntarioso, tanto en el deporte como en los estudios. Creo que la tenacidad es un valor que tengo incorporado y me lleva a afrontar las derrotas. Y en definitiva eso es lo lindo del deporte también, porque siempre te da oportunidades. Y en la ‘Fede’ tuve la suerte de conocer muchos caudillos que nos cuidaban y con su ejemplo nos motivaban para dar lo mejor de sí en pos de un logro en conjunto, porque entrabamos a la cancha a ‘matar’. El ‘Loco’ Marinho, Zalaya, ‘Cachón’ Carrizo, el ‘Turco’ Elías, la verdad que fueron muchos los muchachos que marcaron con su ejemplo”, resalta.

Esa constancia y responsabilidad adquirida primero en el hogar. Y luego reforzado en el básquetbol de Federación Deportiva, la trasladó a otros aspectos de su vida.

CORDOBA, RESIDENCIA EN EL REGIONAL Y ESPECIALIZACION EN BUENOS AIRES

“Algunos nacen para ser distintos, para salir en la televisión. A esos les decimos ‘crack’, porque se destacan sobre el resto. Y para los que somos del resto sólo nos queda poner voluntad para tratar de estar entre los elegidos a la hora de salir a la cancha o construir una carrera. Con voluntad y garra traté de compensar lo que me faltaba a la hora de tener habilidades. Creo que por ahí pasa la cosa”, remarca.

Con la misma premisa, y sin sobrarle nada más que el voto de confianza de su madre que lo bancó siempre, Juan se fue con lo justo a estudiar medicina a la Universidad Nacional de Córdoba.

En seis años se recibió de médico, no sabe de frustraciones porque –aunque le cueste aceptarlo– no desaprobó ninguna materia. Por eso a la hora de la evaluación de mérito para elegir dónde ir a hacer la residencia, el doctor no tuvo dudas.

“Elegí venir al Hospital Regional a hacer mi residencia porque en definitiva es la tierra de uno. Lo mismo me pasó cuando terminé la especialización de reumatología, porque sabía que venir a Comodoro era venir a trabajar en soledad porque no hay otros profesionales en la especialidad”, sostiene.

“Mi madre siempre me bajó una línea muy derecha. Ella nunca me gritó ni me pegó, pero sí me hizo ver y explicar que era necesario hacer las cosas bien. Y cuando eso no pasaba me hacía reflexionar sobre mis errores. Yo más de una vez hubiera deseado que me retara o me diera un buen chirlo –cosa que nunca hizo–, pero ella siempre me habló de igual a igual y eso me llegó mucho más que si me hubiera pegado”.

Hoy, reconoce Juan, esa disciplina en casa y en el deporte –donde si querías formar parte del equipo tenías que dejar todo en la cancha– ha ido desapareciendo como valor.

“Yo creo que todos somos inteligentes. La tenacidad y la constancia es lo que nos hace llegar a los objetivos.

ASESOR DE PARES

La medicina deportiva es una materia pendiente en la vida de Juan, porque entiende que es otro el espectro de personas a atender.

Sin embargo, por su consultorio también llegan deportistas a buscar su asesoramiento profesional o su punto de vista clínico. Y el reumatólogo se siente reconocido en ello, dado que desde que volvió para echar raíces en su ciudad, también comenzó a correr bajo la tutela del kinesiólogo José Ríos, como fondista hasta 21k y pista.

“Dentro de la patología que atendemos, el 90% de los pacientes que atendemos tiene como eje el tratamiento del dolor en las articulaciones. Aportamos un grano de arena para que ese dolor sea mínimo, y para ellos (los pacientes) tiene una trascendencia muy alta. Por ello nuestra especialidad es grata. Con los deportistas me pasó que hace poco descubrí el atletismo, donde surge un placer y una motivación que ya no encontraba en el básquet. Además al ser algo individual su práctica, ello implica una mayor seriedad y responsabilidad a la hora de entrenar”, recalca.

A los 37 años, el deporte pasa para Juan por pasarla bien y sumar bienestar. El podio no es lo primordial, sí alguna que otra chicana con algún compañero para apostar quién sale primero.

“Me considero atleta y no runner, porque el atleta implica cierta disciplina y modo de vida. Y a pesar de no estar federado y tampoco haber sumado una competencia oficial, uno anhela poder comenzar a hacer camino ahí también”, comenta.

Por ello sostiene que entiende a los deportistas cuando cargan con una lesión, o cuando exponen sus miedos en su consultorio.

“Hay muchachos que se toman al deporte con mucha seriedad. Y estar lesionados para ellos les genera emociones que son muy ingratas. Entonces ayudarlos en el tratamiento del dolor me reconforta mucho”.

NO MENTIRSE A SI MISMO

“Uno hizo deportes toda la vida. Entonces uno ya tiene un ‘chip’ para ejercer un deporte con un compromiso y seriedad que se merece. Si no, te estarías mintiendo a vos mismo. Yo creo que eso te lleva a practicarlo del modo más serio de acuerdo a tus posibilidades. La vida que llevan tipos como Mario (Rodríguez, atleta veterano) que desde el amateurismo viven el atletismo como un profesional es algo elogiable. Por ahí uno por el trabajo no puede mantener la misma intensidad que él le impone cada día, pero trata de hacerlo de la mejor manera”, comenta.

La misma sinceridad mantiene con los deportistas, donde muchas veces se encuentra que las lesiones que acarrean es por la sobre exigencia a la hora de entrenar en búsqueda de objetivos.

“Hay pruebas que hoy por hoy los deportistas no están preparados. Y a mí me ayuda que trabajo muy cerca de los entrenadores. Entonces eso me da la tranquilidad de hacerles ver a los deportistas cuando están haciendo mal las cosas, desde mi lugar como médico”, recalca.

A la hora de mirarse hacia adentro, Juan sabe que proviene de una familia clase media, donde no le faltó ni le sobró nada gracias al esfuerzo que hicieron sus padres cuando llegaron desde Catamarca. Y luego su madre cuando quedó al frente del hogar.

La medicina le enseñó que el ser humano es un ser emocional, donde la mente y cuerpo deben ir en sintonía a la hora de buscar un bienestar. En el deporte y en la vida misma.

“Hay muchísimos deportistas que tenían todo el potencial y habilidad para trascender, pero emocionalmente no estaban del todo afianzados. Entonces más allá de sus habilidades tuvieron una carrera muy corta en su vida. También es cierto que no debe ser nada difícil para esas personas convivir con la presión diaria. Se trata de acompañar esas trayectorias, por ello considero que es importante invertir en la educación y en los hábitos de los chicos. Porque en definitiva se trata de hacer salud deportiva, y ser conscientes hasta dónde uno puede rendir”, concluye.

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