La disyuntiva con la que vive un oficial de la Armada que perdió a su hijo en el ARA San Juan

El capitán de navío retirado Jorge Bergallo prestó ayer declaración testimonial en el Juzgado Federal de Caleta Olivia en su condición de integrante de la Comisión de la Armada que asesora al ministro de Defensa en las investigaciones que desde ese ámbito se llevan adelante para conocer las causas de la tragedia del submarino ARA San Juan que continúa desaparecido junto a sus 44 tripulantes.

Caleta Olivia (agencia)

La audiencia del veterano y experimentado marino que comandó la Fragata Libertad en 2002 y se retiró de la fuerza como director de la Escuela Naval Militar, fue muy diferente a otras de las que tomaron parte numerosos miembros de la Armada.

Es que al margen del testimonio que pudo aportar a la causa que está a cargo de la jueza Marta Yáñez, Jorge Bergallo también es el padre de uno de los 44 submarinistas desaparecidos en el Atlántico Sur el 15 de noviembre de 2017, el joven capitán de corbeta Jorge Ignacio Bergallo.

Por ello en el devenir de preguntas y respuestas, siempre estuvo presente un sentimiento especial e incluso en varios momentos el capitán que hoy tiene 76 años, se quebró.

Además, se dio otra especial circunstancia humanitaria que superó todo lo institucional y judicial ya que frente a él tenía a otro padre que también había perdió a su hijo en la misma tragedia, el abogado penalista Luis Tagliapietra, uno de los querellantes en esta compleja causa, donde se representa a sí mismo y a otros familiares de las víctimas.

Esta infortunada empatía hizo que los dos padres no pudieran ocultar su desdicha pese a que procuraron mantener su entereza y al final de la audiencia se confundieron en un fuerte abrazo, con pocas palabras y sentimientos encontrados.

El veterano hombre de mar también estaba unido a su hijo por sus condiciones de submarinistas e incluso él también fue comandante del ARA San Juan en 1993, por lo cual inconscientemente muchas veces pudo haberse imaginado que ambos estuvieron navegando juntos, sobre todo cuando hace pocos años se tomaron una fotografía en la cubierta del navío, durante una visita de rutina en el apostadero de Mar del Plata.

ENCRUCIJADA PERSONAL

En las primeras horas de la tarde, cuando finalizó la audiencia, el alto oficial retirado accedió a dialogar con El Patagónico y la primera consulta apuntó a saber cómo hacía para soportar el dolor que lo embargaba.

De manera espaciada contó que “al igual que los otros familiares de los submarinistas, sufro mucho y como profesional trato de imaginarme qué es lo que pasó analizando un cúmulo de circunstancias desfavorables que produjeron la desgracia”.

Más adelante, dijo que “presiento que esto se va a terminar algún día de una vez por todas, pero yo como padre no quisiera encontrar al submarino porque ello me va a mostrar cosas que pasaron a bordo y me harán sufrir mucho más, pero como miembro de la Comisión Investigadora de la Armada deseo que lo encuentren para poder cerrar un triste capítulo de la historia naval, aunque esto parezca un contrasentido”.

SIN CONDICIONAMIENTOS

En otro pasaje de sus declaraciones, dijo que el objetivo de la comisión que integra junto a los contralmirantes Alejandro Kenny y Gustavo Trama es de orden técnico; es decir “determinar qué le pasó al submarino, por lo cual el hecho de saber si lo buscaron en el lugar adecuado o en otro, no nos compete”.

Además, negó rotundamente que desde alguna alta esfera se quiera condicionar su labor, agregando que la misma podría extenderse hasta noviembre, en función de los datos que puedan ir obteniendo a medida que avanzan en sus investigaciones.

Luego, Bergallo resaltó que las razones de las tragedias marinas son disímiles ya que en un buque o en un avión suelen producirse un incendio, mientras con los submarinos se pueden producir explosiones por la generación de hidrógeno que es lo que se cree que pudo haber pasado en el ARA San Juan.

Finalmente, al igual que Trama y Kenny, evaluó que la situación de emergencia máxima fue tan repentina que los 44 tripulantes “ni siquiera tuvieron tiempo de sufrimiento”, con lo cual desmintió el informe que diera un diario porteño que aludía a una penosa agonía de varias horas.

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