En el acceso a la necrópolis, sus camaradas de diversas reparticiones policiales, con sus abanderados, le presentaron una respetuosa formación y lo saludaron con la histórica venia que caracteriza al personal de fuerzas militares y de seguridad.
Las muestras de dolor por quien fuera segundo jefe de la División de Operaciones Rurales Zona Norte de la Policía de Santa Cruz, fueron conmocionantes y su esposa, hijo adolescente, padres y demás familiares que lo acompañaron en el último adiós, recibieron múltiples condolencias.
Trujillo falleció el martes luego de una penos agonía en el Hospital Zonal por las graves heridas que sufriera en la madrugada del pasado sábado cuando conducía su motocicleta por la Ruta 12 en dirección a Cañadón Seco y fue atropellado por una automóvil al mando de un joven en estado de ebriedad.
El oficial, de 39 años, se dirigía a cumplir un servicio de guardia adicional en una empresa ya que, al igual que muchos otros efectivos policiales, necesitaba compensar los magros salarios que perciben por su función regular.
Entre las personas que transportaron el féretro unos doscientos metros, desde el pórtico de acceso hasta la zona de nichos, se encontraba su propio hijo adolescente quien junto a su madre Romina Guzmán, otros oficiales y subaternos de diversas dependencias les hicieron entrega de la bandera, la gorra de la repartición a la que pertenencias y un sable.
Otros elementos de gran valor simbólico y espiritual fueron recibidos por la madre y el padre del malogrado subcomisario.
Antes de que sus restos fueran colocados dentro de un nicho, un párroco pronunció una invocación litúrgica y se el músico Miguel Ormeño interpretó un solo de trompeta en el minuto de silencio, al tiempo que volvieron a levantarse las banderas de las divisiones Fuerzas Especiales, Comando de Patrullas, Operaciones Rurales, Fuerzas Especiales, Comando de Prevención Barrial e Infantería, asistiendo también personal de la División de Investigaciones y personal de la Supervisión Municipal de Tránsito.