La guerra complica los costos del abastecimiento de gas argentino este invierno

Un misil sobre las instalaciones del mayor productor mundial de GNL hizo trepar el precio del gas licuado a US$30 por millón de BTU; la Argentina no tiene compras cerradas para el invierno.

Cerca de la medianoche del ayer, un misil impactó en las instalaciones de la mayor productora de gas natural licuado (GNL) del mundo, ubicada en Qatar, “provocando incendios de gran magnitud y daños adicionales considerables”. La noticia sacudió al mercado energético global: el precio del GNL se disparó 17% de inmediato, con consecuencias directas para la Argentina, que todavía necesita comprar barcos cargadores de gas licuado para abastecer la demanda del invierno.

El conflicto se extiende por la región. Los Emiratos Árabes Unidos también suspendieron las operaciones en sus instalaciones de gas tras interceptar misiles, y las plantas de GNL de Bahréin también fueron blanco de ataques. Alrededor del 20% del flujo mundial de GNL transita por el estrecho de Ormuz, que permanece prácticamente cerrado desde que estalló la guerra el 28 de febrero.

Europa sufre el impacto, pero el caso más crítico es el de la India: el país importa cerca del 85% de su gas envasado desde Medio Oriente, una energía que utiliza principalmente para cocinar para sus 1400 millones de habitantes, lo que ya obligó a modificar los menús en restaurantes para reducir el uso del fuego.

En este contexto, la Argentina está en una posición más sólida que durante la crisis energética de 2022, cuando la invasión rusa a Ucrania disparó los precios del GNL y obligó a pagar US$2769 millones por 38 buques —US$72 millones por barco, frente a los US$22 millones que costaban antes del conflicto—. Aun así, el país sigue dependiendo de importaciones de GNL durante el invierno, ya que construir la infraestructura de gasoductos necesaria para cubrir los picos de consumo de apenas tres meses resulta económicamente inviable: en ese período, los usuarios residenciales quintuplican su demanda respecto al resto del año.

La mayor producción de Vaca Muerta permitió reducir significativamente esa dependencia. En 2013, el pico histórico de importaciones, se compraron 103 buques y se instalaron dos terminales flotantes de regasificación en Escobar y Bahía Blanca para operar todo el año. En 2025, en cambio, alcanzó con 24 buques y una sola planta, en Escobar. De esos 24, unos 14 se destinaron a abastecer la generación térmica de electricidad y el resto cubrió la demanda de las distribuidoras de gas para usuarios residenciales e industria.

Para este invierno, la Secretaría de Energía había planificado dejar la importación y comercialización del GNL en manos del sector privado, retirando a la empresa estatal Energía Argentina (Enarsa) de la ecuación. Pero la escalada de precios obligó a revisar esa hoja de ruta.

“Nuestro rumbo es claro y queremos que los privados comercialicen entre sí y que los precios reflejen los costos. Pero también somos pragmáticos: si la situación lo amerita, vamos a importar el GNL a través de Enarsa”, admitieron en la dependencia estatal.

Habitualmente, para la tercera semana de marzo, Enarsa ya tenía adquirido entre el 70% y el 80% de las necesidades de GNL para el invierno. Este año, no hay ninguna compra cerrada. El Gobierno comenzó a sondear la oferta disponible y los precios en el mercado internacional, pero también evalúa cuánta demanda real hay a los valores actuales. “Cuando la energía es regalada, todos quieren gas, pero a precios actuales hay que ver qué demanda verdadera existe”, señalaron desde el Gobierno. A estos costos, es posible que algunas industrias prefieran reducir o parar su actividad antes que pagar el precio real del insumo, lo cual agravaría la recesión económica.

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