En 1887, Abdul viaja desde la India para participar en la ceremonia de celebración de los cincuenta años de reinado de Victoria y se queda sorprendido al descubrir que la soberana se interesa por él. Esta extraordinaria relación sin precedentes desata una auténtica batalla campal en la residencia real, enfrentando a la reina contra toda su corte y familia. La película explora con humor cuestiones polémicas como la raza, la religión y el poder, así como la farsa del imperio inglés, a través del prisma de una amistad tan inusual como conmovedora.
“Abdul tenía veinticuatro años cuando lo enviaron a Inglaterra” cuenta Shrabani Basu, la autora del libro en que se basa la película. “Pronto captó la atención de la Reina y fue ascendido. Le impartieron clases de inglés adicionales para facilitar el diálogo entre ambos. Abdul, a su vez, le daba a Victoria clases de urdú todas las tardes y le leía poemas de Ghalib. Se hicieron uña y carne. Toda la Casa Real tramó contra él, amenazando con la intervención del Príncipe de Gales. Pero Victoria permaneció inamovible, fiel a Abdul hasta el final”.
POR UN ARTICULO
La productora de Cross Street Films, Beeban Kidron, ganadora de un BAFTA, leyó un artículo en el periódico sobre el libro en 2010 y se quedó prendada de la historia. Señala: “Lo que me intrigó es que se trataba de una historia jamás contada anteriormente, una auténtica gema oculta durante más de un siglo”, dice.
“Fue toda una revelación que la Reina Victoria tuviera una relación tan cercana con un súbdito y, por si fuera poco, de creencias musulmanas. La reacción dentro de su entorno fue bastante reveladora, y pertinente respecto a lo que sucede actualmente en el mundo: habla de la tensión entre las diferentes culturas y de tener una mente abierta”.
Como suele ocurrir con cualquier relato histórico convertido en una película de dos horas, se fusionaron algunos eventos y personajes con fines dramáticos. Kidron resalta: “Hablamos de que el guión debía extraer una historia de la riqueza de detalles del libro de Shrabani, que está escrito con un lenguaje precioso y evocador, pero desde un enfoque periodístico. Nuestra película es más una fábula que otra cosa; en esencia es verdad, pero por necesidad tuvimos que crear momentos dramáticos. La historia de Lee es una deliciosa creación, pero en su corazón alberga una relación profundamente conmovedora. Eso es lo que le gusta conseguir con sus narraciones: hacer reír y luego llorar al público”.
La capacidad tanto de analizar en profundidad lo ocurrido y de impartir una perspectiva ingeniosa de ello es un sello distintivo de la obra del director Stephen Frears. Kidron quiso desde el principio que fuera él quien tomara la batuta en la realización: “Tenía claro que sería fabuloso para la película, porque sabe captar el humor de las situaciones sin perder de vista su seriedad”.