La tormenta arrasó en Astra con un histórico edificio

En Kilómetro 20, el daño principal que provocó el temporal fue la pérdida de viviendas y la evacuación de 20 personas, pero a ese drama humano y social se sumó el destrozo que provocó en el edificio histórico del barrio, donde desde 2007 funciona la biblioteca.
El sol seguía ayer al mediodía intentando secar algo de todo lo que el agua destrozó en Astra. Los vecinos, como sucede en otros sectores de esta ciudad, continuaban paleando barro, arreglando casas y lamentando lo que ocurrió en una parte del barrio donde el agua se llevó viviendas y generó al menos veinte evacuados.
En contenedores, ubicados frente a la Biblioteca Popular, no solo había basura del temporal, también se acumulaban libros que quedaron absolutamente inutilizados y perdidos, casi como símbolo de que un desastre natural también avanza sobre la cultura y el saber.

EL EDIFICIO HISTORICO

En un alto de la limpieza, la referente de la Biblioteca, Mariela Garolini, abre las puertas del edificio histórico a El Patagónico, a quien le comenta, mientras señala paredes y escaleras: “lamentablemente este edificio, que ya tenía problemas, quedó realmente inhabitable, al menos en la planta baja”.
Hasta antes del temporal, en la planta baja del edificio, inaugurado en 1923 como sede de la administración de la empresa Astra-CAPSA, funcionaba la biblioteca en un ala y Gendarmería en el otro.
“Como sucedió en toda la ciudad, el verdadero drama son las familias que perdieron todo. Nosotros tuvimos ese problema, con 20 personas evacuadas que perdieron sus casas. Lo de la biblioteca puede ser algo menor, pero estamos hablando de un edificio histórico del barrio y de la ciudad en su conjunto”, remarca Garolini, con la angustia que sobrevuela pese al intento de minimizar el daño.
Muebles, computadoras, estanterías y cerca de 1600 libros sufrieron el embate del agua. La biblioteca no podrá seguir funcionando en este lugar, al menos en la planta baja. “Nosotros tenemos la idea de mudarnos a la planta alta, pero antes de que eso ocurra, se van a tener que hacer algunos arreglos. Trabajamos con esperanza, así que seguramente vamos a lograr reabrir este espacio”, advierte la residente de Astra mientras, con dolor, sigue arrojando libros a la batea de los desperdicios, donde nunca debería estar uno de los instrumentos de transmisión de la palabra, uno de los inventos y convenciones más magníficos de la creación humana.

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