Los murales representan ese arte público que lucha contra el olvido

Los murales son la expresión del arte en los espacios públicos de la ciudad. En los últimos cinco años comenzaron a instalarse en el paisaje cotidiano del centro. Ahora también se los puede apreciar en los barrios. ¡Mirá los murales de Comodoro!

En su mayoría son producciones colectivas asociadas a proyectos de intervenciones institucionales e informales con una clara intencionalidad de poner en circulación ideas sobre el mundo.

Valores como la solidaridad, el respeto a las identidades sexuales, regionales, religiosas están entre sus temas. Murales en plazas, en paredones de instituciones públicas o espacios privados como un regalo a la comunidad o como un gesto comprometido contra el olvido, como el retrato de Yasmin Chacoma, en el edificio del barrio 30 de Octubre. Su mirada de niña recuerda cada día, su dolor. Obliga a repensar cada día lo que la sociedad hace por sus niños.

Se trata de murales que muchas veces son la continuidad del paisaje. La meseta, la vegetación y el mar, extendido a la paredes, o por oposición un estallido de color. Solo basta con encontrarse con las miradas de personajes casi angelicales pintados por el artista chileno Kros en Rada Tilly y en Kilómetro 3.

En los murales habitan también ex combatientes de Malvinas, los niños en sus propios trazos infantiles, los mapuches y tehuelches, así como trabajadores de diferentes actividades que surgen del paisaje pintado en el mural del Concejo Deliberante. Lo realizó la artista Carolina Barrientos y es una de las obras más importantes en la ciudad por su extensión.

El arquitecto José María Peña sostiene que el término mural hace referencia al muro y a su tratamiento, que paradójicamente remite al cerramiento, la limitación del espacio, de plano que intercepta lo visual.

Para los especialistas no toda pintura en una pared pública puede considerarse mural. El mexicano David Siqueiros sostenía que el mural es una película quieta, de ahí la importancia de construir un relato y por lo tanto su guión. Para el artista el mural requiere una composición poli angular, que le da al espectador una ilusión de normalidad desde cualquier parte del espacio que se sitúe.

Pero más allá de los tecnicismos el mural cobra valor cuando habita el espacio público, cuando su presencia estética modifica el espacio urbano, cuando democratiza el arte sin diferencias culturales, sociales, ni económicas. Es un puente de comunicación entre los artistas que muchas veces afrontan el desafío de compartir el pincel con el vecino. Entonces, la obra ya no es de un artista particular sino de un colectivo. Un desafío que no todos están dispuestos a afrontar, por más abierta que sea la propuesta.

JUNTOS SE PINTA MEJOR

En el caso del proyecto municipal Territorio Urbano y del proyecto de extensión de la Escuela de Arte la esencia es precisamente la participación de la comunidad. Así se abre la puerta a diseños de bocetos en forma colectiva. Avanzan en murales que incluso van cambiando conforme se incorporan participantes.

En esta línea surgió en forma reciente ComunicArte, un espacio que reúne a artistas visuales y comunicadores. La primera obra colectiva se realizó en la plaza de calle España y Rivadavia, en el marco de la convocatoria #Niunamenos. Noelia Riquelme contó que el objetivo es generar obras que tengan una palabra como anclaje. En este mural contra la violencia de género la palabra elegida fue "Libres".

EN LOS BARRIOS

Con la intención de promover el respeto por la diversidad sexual, en el Centro de Salud del barrio Máximo Abasolo se desarrolló otro programa de muralismo pensado como ámbito de participación. Forma parte de la iniciativa de los técnicos que promueven las actividades del proyecto Punto de Encuentro de la zona suroeste. Allí también se contó con la participación de jóvenes del barrio. En este caso el trabajo se realizó en forma conjunta con la Agrupación Gay Argentina.

Dentro de los proyectos oficiales con estos fines también se inscribe "Murales Territorio Urbano" de la Municipalidad de Comodoro Rivadavia, a cargo de los artistas de Paola Fernández, Mariano Ponte y Andrés Bellere, que se proponen realizar diez murales durante este año. Comenzaron en la costanera, continuaron en Valle C y en el Centro de Veteranos de Guerra de Malvinas, este último como fruto del trabajo conjunto con la red de organizaciones e instituciones del barrio San Cayetano.

Ahora se disponen a trabajar con los habitantes de Caleta Córdova. Mientras, el proyecto Arte Público en la Escuela Pública le da vida a las instituciones educativas a través del arte visual. En un proceso creativo participativo los niños del nivel inicial dibujan las obras que luego los estudiantes y docentes de la Escuela de Arte trasladan a las paredes. Esta propuesta ya recorrió el jardín El Trencito de Rivadavia y Mitre; la escuela 467, la escuela 488 en su sede de la escuela 155 y de la escuela 154, así como la escuela 485 del barrio Ciudadela, entre otros.

Palabras de denuncia, humor, doble sentido y picardía, incluso el arte y el color y sus formas fueron creaciones de los grafiteros, en su mayoría anónimos, que también habitan las paredes de la ciudad. Poesía Urbana y Acción Poética como un colectivo sin otra conexión que la poesía libre y gratuita hicieron lo propio.

Pero el muralismo como expresión colectiva habla de la intención de abandonar el atelier, y las búsquedas personales, de pensar en el otro como espectador, incluso como compañero en el camino de la creación.

La expresión política e ideológica a través del mural tuvo grandes referentes en América Latina, como el mexicano Diego Rivera, quien en 1992, junto a otros pares redactó el manifiesto donde declararon que su movimiento estaba consagrado a "la raza indígena, humillada durante siglos, a los soldados que lucharon en pro de las reivindicaciones populares; a los obreros y los campesinos, y a los intelectuales no pertenecientes a la burguesía" y reivindicaban al arte indígena como "la manifestación espiritual más grande y más sana del mundo".

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