Mario Oyola entrena y proyecta en cuarentena

El ultramaratonista comodorense no compite desde hace cuatro años y se dedica a dictar clases de crossfit. El aislamiento por el Covid-19 lo llevó a reinventarse y ahora prepara a sus alumnos vía online, pero además planea repetir la travesía solidaria Sarmiento-Comodoro, que realizó en 2014, y sueña con correr 520 kilómetros de desierto en Australia, si no es el año que viene, en 2023.

Hizo cima en el Aconcagua, cruzó el desierto del Sahara, realizó expediciones al Mont Blanc y al Amazonas y también corrió en el Polo Norte. Mario Oyola no compite desde hace cuatro años, pero siempre se mantuvo activo y hoy no lo para ni la cuarentena.

Debajo de su departamento tiene un box de crossfit, donde venía dictándoles clases a unos 30 alumnos, quienes ahora reciben sus enseñanzas vía online. “Tengo el espacio ahí. Es bajar a entrenar, nada más. De esa manera me saco un poquito el rollo del bocho”, reconoció en diálogo con El Patagónico.

La diferencia con un gimnasio tradicional, es que en el box de crossfit no hay aparatos. “Es un salón abierto y se usan pelotas para saltar, para tirar para arriba, mucho levantamiento olímpico”, comentó.

Junto a su socio, una semana antes de que se decretara la cuarentena había abierto otro box. Tuvieron que cerrar y lo invertido se esfumó. “Nos partió al medio”, lamentó, pero un “ironman” no se quiebra.

“Estamos dando clases online para que los chicos entrenen en sus casas, vía Zoom. Armamos distintas programaciones, porque el que no tiene una mancuerna puede entrenar con un bidón de agua, una silla. Le buscamos la vuelta para mantener a los chicos activos y a nosotros también”, remarcó.

En 2014, Oyola participó en una travesía solidaria para colaborar con una escuela rural.

Después de esa experiencia, le quedó el anhelo de repetirla y ahora es un proyecto palpable.

“Hace cuatro años que no hago carreras largas. El otro día me acordaba cuando con Rosa Rodríguez hicimos Sarmiento-Comodoro. Estaba charlando con los chicos, lo puse en el grupo de ‘face’ y nos pusimos en la cabeza entrenar desde ahora, como sea, para empezar a ganar un poco de estado, cosa que cuando podamos salir a correr nos preparemos durante un año para repetirlo. Esa vuelta, por cada kilómetro, juntábamos un kilo de leche. Eran 147 kilómetros y juntamos 500 kilos de leche”, aseguró.

Pero tiene un sueño que piensa cumplirlo, si no es en 2021, dos años más tarde. “En Australia hay una carrera de 520 kilómetros en el medio del desierto y mi sueño es hacerla. Cumplo 50 este año y quería que mi regalo fuera esa carrera. Se hace cada dos años y la próxima edición es el año que viene. Si no es en 2021, será en 2023. Esta carrera sale 2.500 euros. Para ir a otras carreras tuve que vender empanadas, pollos, hice rifas y así llegué. Creo que tampoco va a ser imposible”, enfatizó.

En ese sentido, insistió: “Desde que dejé de competir, nunca paré de entrenar, así que con un año de entrenamiento voy a estar listo para esa carrera. Lo veo bastante posible”.

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