¿Por qué el martes 13 es sinónimo de mala suerte? La idea se resume en un refrán que atraviesa generaciones: “En martes 13, ni te cases, ni te embarques, ni de tu casa te apartes.”
La frase funciona como una regla cultural que sugiere evitar decisiones importantes por temor a que algo salga mal.
El origen de la mala fama
La superstición combina dos símbolos poderosos:
Martes proviene de dies Martis, el día dedicado a Marte, dios romano de la guerra. Desde la Antigüedad, Marte estuvo asociado al conflicto, la violencia y la destrucción. En la Edad Media incluso se lo llamaba “el pequeño maléfico”, reforzando su aura negativa.
El número 13 carga con un largo historial de mala reputación. En la tradición cristiana, la Última Cena tuvo 13 comensales y fue seguida por la traición de Judas. A partir de allí, el 13 quedó vinculado a la desgracia.
La combinación de ambos elementos dio lugar a una fecha percibida como especialmente riesgosa.
Costumbres que aún perduran
Aunque no tiene base científica, el martes 13 sigue influyendo en la vida cotidiana. Muchas personas prefieren no firmar contratos, no mudarse, no viajar ni tomar decisiones importantes ese día. Algunas empresas notan menos reservas y en edificios, aviones o hoteles se evita la numeración 13 para no incomodar a clientes supersticiosos.
También persisten pequeños rituales: cruzar los dedos, postergar trámites o cambiar de fecha reuniones importantes, como una forma simbólica de “protegerse” de la mala suerte.
Una superstición con acento local
Mientras en los países de habla hispana el día temido es el martes 13, en el mundo anglosajón lo es el viernes 13, y en Italia, el viernes 17. La lógica es la misma: el miedo se adapta a cada cultura.
Existe incluso un término para esta fobia: trezidavomartiofobia, que describe el temor irracional al martes 13.
¿Mala o buena suerte?
Curiosamente, no todos le temen. Hay quienes ven en el 13 un número de fortuna y lo eligen para apuestas o decisiones importantes, demostrando que estas creencias son más simbólicas que universales.
Lo cierto es que, aún en pleno siglo XXI, el martes 13 sigue teniendo efectos reales: agendas que se mueven, planes que se postergan y números que se evitan. Una muestra de cómo una superstición antigua puede seguir moldeando comportamientos modernos.