"Me gusta encontrar la maldad en una tía, una madre o una ancianita"

El libro, editado por Bajo la Luna, está dividido en tres partes en las que se cuentan las distintas etapas de vida de las protagonistas, yendo del presente al pasado. La obra finaliza con un epílogo, ubicado en 2007, que da cuenta del destino de las dos amigas.
En "La mala fe", la escritora argentina Romina Doval aborda la historia de dos amigas que se sumergen en la aventura de compartir un departamento con lo justo para sobrevivir, e inician un camino marcado por experiencias peligrosas, cuando en la Argentina sobreviene la crisis de 2001.
Victoria y Paulina se conocen de pequeñas: asistieron durante la primaria y secundaria a colegios católicos, donde se sublevaron ante la rigidez de las monjas y llegaron a adultas sin un proyecto de vida definido, ni un trabajo que les permitiera sostener la decisión de vivir solas.
En ese intento de independizarse de sus padres, transitan situaciones de riesgo. Alternan con personajes marginales; una de ellas roba en supermercados e incursiona en experiencias de prostitución para obtener dinero, en una decisión que -según la autora- es primero "un modo de rebeldía y luego una atracción hacia el abismo".
El libro, editado por Bajo la Luna, está dividido en tres partes en las que se cuentan las distintas etapas de vida de las protagonistas yendo del presente al pasado, con la voz narradora de Victoria, en primera persona, y otra voz, en tercera. La obra finaliza con un epílogo, ubicado en 2007, que da cuenta del destino de las dos amigas.
- Télam: ¿A partir de qué situación o motivación surgió esta novela?
- Romina Doval: Ningún texto me surge clara o naturalmente. Es una búsqueda. No me sirve planificar. Esta novela nació con el personaje de Victoria. Yo sabía y quería que el diario de Victoria fuera una entrada a la novela, no la única, así que buscaba otra voz y otro tiempo que lo alternara. Tenía escritas las primeras escenas de la novela que transcurren a fines del 2001, pero necesitaba primero escribir y conocer el pasado de esta amistad, entre Victoria y Paulina, y recién después dedicarme al presente y trabajar la totalidad como un rompecabezas, ya que es una novela que, se podría decir, se muerde la cola.
-T: Los personajes que construiste no tienen reglas o eligen conductas que los dejan al margen de la sociedad, ¿esa forma de reaccionar es una respuesta al sistema que no los contiene?
-R.D: Sí y no. Cuando un país se viene abajo, no es fácil hacerse un camino, sobre todo siendo joven. Pero eso no debería ser un impedimento. Y ahí entra en juego el título de la novela, si lo leemos desde el punto de vista sartreano. Uno siempre tiene la libertad de elegir el modo de reaccionar, pero una forma muy común del ser humano -para protegerse o escapar a su responsabilidad- es mentirse y decirse: - Yo no podría haber hecho otra cosa.
Más allá de esta dialéctica, creo que a mis personajes les gusta optar por el mal. Al principio, como un modo de rebeldía, luego como una atracción hacia el abismo.
-T: ¿Por qué elegiste mujeres como protagonistas de esta historia?
-R.D: Me gustan las mujeres crueles, no al estilo Cruella de Vil, las villanas son aburridas. Me gusta encontrar esa pequeña pizca de maldad que puede haber en una tía, una madre o incluso una dulce ancianita. Por otro lado, esta novela no sería la misma si sus protagonistas fueran varones. Había unas cuantas cuestiones que me interesaba tratar o contar: desde las típicas borracheras de chica bolichera hasta qué hacer con el legado feminista.

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