"Me interesa la posibilidad de indagar en los costados más brutales del ser humano"

Horacio Convertini construyó en "Los que duermen en el polvo" una trama en la que el policial se cruza con la ciencia ficción para narrar el itinerario de un periodista de mediana edad que va desde Pompeya hasta Río Gallegos, para volver a ese barrio de Buenos Aires en el medio de un ataque zombie, mientras hace esfuerzos para superar la ausencia de su mujer.

En la novela, editada por Alfaguara, Horacio Convertini (Buenos Aires, 1961) indaga en las formas en las que un aparente hombre común se va convirtiendo en un ser desesperado por olvidar y dejar atrás un pasado reciente que es parte vital de la trama e invita al lector a ser un testigo atento a los movimientos de piezas de este periodista que insiste en presentarse como víctima.
Convertini es escritor y periodista y antes de "Los que duermen en el polvo" escribió "La soledad del mal" y "El último milagro", novelas en las que también trabajó el género policial, zona que le interesa porque le permite "indagar en los costados más brutales del ser humano".

-Télam: ¿Cómo describirías a Jorge, ese protagonista que parece tan común y resulta ser tan oscuro?
-Horacio Convertini: Intenté armar un tipo que además de ser pusilánime pueda ser terriblemente cruel y cobarde. Que utiliza la victimización frente a su esposa y frente a su mejor amigo, al que acusa de haber tenido un amorío con ella. Hay un sadismo del que se autovictimiza, que se cree poco porque piensa que los demás le deben algo. Me divirtió mucho escribirlo. Me divierte escribir a pesar de que mis historias son bastante oscuras y tristes, está particularmente porque unía varios tópicos que a mí me interesan como Pompeya, que es donde nací y viví hasta que me casé y al que vuelvo porque tengo amigos muy queridos. Lo que he visto es la degradación de ese barrio que fue un orgulloso barrio fabril, de clase media baja, y el tiempo, las circunstancias políticas y los azotes que vivió la Argentina lo fueron convirtiendo en un lugar muy castigado.

- T: Los lugares como escenarios cobran mucha fuerza en la trama. Hay un itinerario que empieza en Pompeya, sigue en Gallegos y vuelve a instalarse en Pompeya.
- H.C.: Algunos lo leen en clave política pero fue una cuestión meramente instrumental porque necesitaba un lugar lo suficientemente alejado y aislado que se pudiera tabicar para evitar el avance de los bichos. Yo no conozco Río Gallegos y hubo datos que me pasó un periodista de allá. Necesitaba que Erica desapareciera en un lugar acuático y no sabía dónde podía ser, y esta persona me contó sobre Río Gallegos y los posones donde se puede ahogar gente. No es una novela política en clave de actualidad, pero como es el lector el que completa el círculo de la escritura, si alguien la leyó en esos términos me parece bien.

- T: ¿Qué te interesa especialmente del género policial?
- H.C.: La mía no fue una entrada deliberada al género. Me di cuenta después de escribir varios cuentos o novelas que se encuadraban en el género negro. Me pasó cuando gané el premio de la Semana Negra de Gijón por "La soledad del mal". Me interesa el policial porque me interesa la posibilidad de indagar en los costados más brutales del ser humano.

- T: Desde la cita introductoria hay un juego con la figura del "tipo común" y Jorge parece serlo, en comparación a un personaje como Lele Figueroa, hasta que avanza la historia y va quedando develada su oscuridad.
- H.C.: En esa búsqueda de la oscuridad de la condición humana es que me meto con el género negro. No trabajo, porque no lo sé hacer, el policial ortodoxo. Inclusive en esta novela hay un periodista pero no creo en la figura del periodista como investigador. Alguna vez Borges dijo que el género policial estaba condenado a muerte por la caducidad de sus artificios. Se equivocó en la medida en que el género policial está más vivo que nunca, ya que si vos mirás la lista de libros más vendidos en ficción siempre hay policiales. También es cierto que ese policial de enigma del que hablaba Borges se volvió artificial. A mí eso no me gusta ni escribirlo ni leerlo.

- T: ¿Qué autores del género policial te interesan?
- H.C.: En España, Carlos Zanón, que en sus novelas no trabaja sobre el enigma o el investigador sino que indaga en los bajos fondos de Barcelona y toma pequeñas vidas destrozadas por algún tipo de situación que los fuerza al delito. Marcelo Luján, un argentino que vive en España y que publicó una novela excelente que se llama "Subsuelo". De acá me gustan Quique Ferrari, Leo Oyola. Todos aquellos que buscan alejarse de lo convencional.

- T: Hay una escena en la que el protagonista discute con su pareja por un artículo que escribió sobre el asesinato de una joven y que recuerda una nota periodística sobre Melina, una joven asesinada a la que se describió de manera estigmatizante.
- H.C.: Recuerdo que leí esa nota y después entré a las redes sociales y vi el batifondo que se había armado. Sabía que el autor era un buen tipo. Luego advertí la potencia del título y eso motivó que charlara mucho el tema. Yo estoy permanentemente hablando de periodismo con mis compañeros, sobre qué podemos hacer, qué no y ahí había un problema. El título era de un editor que no era de policiales. A veces pienso que el periodismo está enfermo de semiótica y está sobreinterpretado. En este caso Erica tiene razón. El problema es que Jorge no lo ve porque estaba trabajando y estaba contento porque tenía muchos testimonios. Tenía que haber una mirada sobre el tipo que labura, que no es un paladín de la justicia. ¿Por qué un periodista no puede poner una palabra equivocada aún a riesgo de ser cuestionado por esa palabra? En los 90 el periodista era una mezcla de Batman, el Zorro y Capitán América. En los 2000 se transforma en un ser despreciable y alguien capaz de vender a su madre por una primicia. Hay que buscar un término medio.

- T: ¿Cómo convive el oficio de periodista en vos con la escritura de ficción?
- H.C.: Hay que trabajar ciertos vicios que uno arrastra del periodismo. Por un lado no te da miedo la página en blanco y tenés la capacidad para imponerte ciertos ritmos de escritura. Pero te carga de ciertos artilugios que son efectivos al escribir una nota pero son negativos en lo literario. Por otro lado he logrado tabicar los dos mundos, lo que me permite dividir el momento de escribir literatura y el de escribir periodismo.

- T: También escribiste literatura infantil y juvenil. ¿Qué te interesó de esa tarea?
- H.C.: Me interesa, pero me cuesta. Tengo siete libros publicados en literatura infantil y juvenil. Es muy gratificante porque el contacto con el lector es posible. Cada vez que vuelvo de una escuela regreso con ganas de trabajar en el género, y cuando me siento a escribir se me complica porque es difícil. Mis personajes, entre queribles y detestables, no entran en ese mundo donde hay una apuesta por la creación de valores, vinculada a la creación de ciertos pensamientos positivos. Ahí apuesto al compañerismo y la solidaridad.

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