Miguel Angel Navarro: "el fútbol me salvó la vida"

Su mamá falleció cuando era muy pequeño, y entre los 6 y los 13 años estudió en un colegio de curas, en Buenos Aires, donde lo envió su papá. La pelota le devolvió la alegría que aún mantiene. Su habilidad lo llevó a brillar en Newbery, Huracán, USMA, Ferro y la selección de Comodoro Rivadavia. No pudo emigrar por decisiones ajenas. Hoy dirige la escuela de técnicos y es coordinador de inferiores en Ameghino. Su misión va más allá de lo futbolístico, por lo que ha llegado a salvar a chicos golpeados.

Miguel Angel Navarro lleva toda una vida ligada al deporte, desde sus años como futbolista hasta la actualidad como formador. Supo vestir los colores de Jorge Newbery, Huracán, Unión San Martín Azcuénaga, Ferrocarril del Estado y la selección de Comodoro Rivadavia, entre otros.
Desde hace ocho años, el "Chiqui" comanda la filial local de la Asociación de Técnicos de Fútbol de Argentina (ATFA) y el tiempo lo llevó también a coordinar las divisiones inferiores de Florentino Ameghino.
Pero su historia es espejo de aquellos que sufrieron e intentan aplacar el sufrimiento a los demás, porque los golpes lo fortalecieron y hoy busca salvar vidas a través del deporte.
"Mamá falleció cuando yo tenía 3 años. No la conocí. A mi viejo le importaba tres pepinos que juegue o no al fútbol. El era laburo y casa, laburo y casa", recuerda "Chiqui", de 61 años, en su charla a corazón abierto con El Patagónico.
El chico del barrio Jorge Newbery sufrió el desarraigo a los 6 años. "Por razones familiares, me llevaron a un colegio de curas, a Buenos Aires. Estuve solo hasta los 8 años y después fue mi hermano mayor. Como el colegio no aceptaba mayores de 14, nos volvimos", comenta.
Durante esa etapa estuvo en Capital Federal y en Benavídez, en una escuela agraria, donde aprendió a plantar y a cosechar. "Se vendía mucho afuera. Vos laburabas y te daban un par de zapatillas cada tres meses, las 'Flecha', que te servían para ir al colegio, a la iglesia, para festejar el 9 de Julio", rememora con cariño. Por eso siempre encontró el lado positivo en cada adversidad, y fue criándose con buenos valores.
Le tocó volver a Comodoro Rivadavia, a su barrio, y comenzó una nueva historia, la que marcó su carrera. "Nos conocimos con un grupo de muchachos del fútbol como Alejandro Torrijo, los hermanos Alaniz, Miguel Palma. 'Beto', 'Charly', el 'Mono' Mairele. Después conocí a los Silvestre, que vivían en San Martín y Schneider", evoca.
Ahí conoció a quien lo guiaría en el fútbol y en la vida. "Hicimos un equipito de base con el 'viejo' Juan Almenar, mi padre adoptivo del fútbol. El me hizo debutar en Primera a los 17 años en Newbery. Me tuvo cuatro meses en el banco, no entré ni un minuto", asegura entre risas.
Su afecto por Almenar está basado en la conducta que le enseñó el "viejo", como le dice cariñosamente a quien le cambió la vida. "El 'viejo' hizo explotar lo que yo tenía. Si no lo hubiese conocido, como yo venía en ese momento en la vida social de familia, hubiese sido cualquier cosa, no jugador de fútbol", confiesa.
Por eso se quiebra cuando recuerda ciertos momentos. "Fue un momento jodido en lo personal, en lo que es la vida social del chico, que me tocó vivirla como técnico y profesor con el chico golpeado, del chico que no...", reflexiona "Chiqui" y no logra terminar la frase por la congoja.

LOS JUEGOS EVITA, DIEGO
Y SU GOL MARADONIANO
En plena adolescencia, Miguel Navarro participó en los Juegos Evita y se maravilló con Diego Maradona y los Cebollitas de Argentinos Juniors.
"Tuve la suerte de ir al campeonato Evita del '74 y '75. En ese momento éramos una base de Newbery. Fuimos como Nacional Fútbol Club. Pudimos ver a Diego Armando Maradona con los Cebollitas de Argentinos Juniors, en Embalse Río Tercero. Ya se corría la voz, ya se lo nombraba a Diego. Hacía goles de todos lados. Terminábamos el partido y nos íbamos a verlo", evoca con regocijo.
Y a "Chiqui" le tocó hacer un gol similar al que años más tarde convertiría Maradona en el Mundial de México '86, a los ingleses, en el denominado "gol del siglo". Confiesa que prefiere que otros hablen de ese gol, pero acepta el pedido del periodista y lo comenta.
"Le ganamos 2 a 1 a la Tercera de Rosario Central. Ahí hice un gol que muchos lo comentan pero yo no, porque vas a decir 'te agrandás'. Hice una jugada parecida a la que hace Maradona en el Mundial del '86, donde pasa a todos los jugadores", afirma.
Y lo relata: "Teníamos un córner en contra y yo estaba un poquito más atrás de mitad de cancha. Ibamos 1 a 1, faltaba un minuto y quedábamos afuera. Patean el córner, Torrijo me la pasa y yo con 17 años era rapidísimo. Amagué para meterme por la línea, me salió uno y me mandé para adentro. Me esperaba el '6', se la tiro por un lado y salgo por el otro, me sale otro defensor, me tira a matar y me deja tambaleando. Me quedaba el arquero; lo eludo y me quedaba entre el borde del área grande y el área chica. Se metieron dos defensores en el arco, pateé y la pelota pasó entre el medio de las cabezas de los defensores".
Ese épico gol fue recordado en una reunión muchos años después por alguien que "Chiqui" ni esperaba. "Lo comentó un muchacho al que vi hace dos años, que vino de Trelew y que en aquel entonces había ido a jugar al ajedrez. Nosotros le habíamos puesto Fischer, por el famoso campeón de ajedrez", evoca, risueño.
"Yo no lo reconocí, estaba muy cambiado. Y dice 'quiero agradecer que me hayan invitado, y agradecer al señor que vino ahora, que nos conocemos y ahora voy a decir por qué: el gol que le hiciste a los de Rosario en Córdoba, el primer año, fue como el de Maradona'. ¡Le quedó! ¿Viste? Y yo digo '¡este estuvo con nosotros!', y me dice, 'yo soy Fischer, Chiqui', y ahí caí. Y me decía '¡ustedes me pusieron Fischer!'", recuerda entre carcajadas.

LO QUERIA GRIGUOL
Y NO LO CEDIERON
Esos Juegos Evita pudieron haber sido una bisagra en la carrera de Navarro, pero por decisiones ajenas se frustró su oportunidad de jugar en Buenos Aires.
"En esa época, Delem, un jugador, iba como captador de River Plate. Le pidió a Newbery ocho jugadores y Newbery no quiso. Quedaron cuatro. Delem quedó admirado por el fútbol que practicábamos", rememora.
Después conoció al histórico director técnico Carlos Timoteo Griguol. "La segunda vez que vamos, nos pide Gimnasia y Ferro. Acá conozco a Jorge Acosta, que falleció. El vendía ropa y era representante de Puma acá. Un día tenía que irme a Buenos Aires y me dice 'te voy a dar una carta para que se la entregues a Griguol, para que hagas una prueba'", señala.
"Fui a la casa de César Laffitte, a la casa de la mamá de César, y me fui a probar a Ferro. Le doy la carta a Griguol, la lee y me pregunta si la leí. 'No', le digo. Te podés venir a probar a la tarde", afirma.
Después, de nuevo en Comodoro, llegó la respuesta indeseada. "Vamos a Newbery a pedir el pase. Se presenta Jorge y dice 'tengo que llevarlo a Navarro a quedarse en Ferro'. El presidente dice 'bueno, dígale al señor Griguol que el señor Navarro vale 3 millones de pesos. Ahí les dije '¿están seguros? No juego más'", sentencia.

UN PASO ESPECIAL
POR USMA Y HURACAN
A los 23 años, "Chiqui" Navarro fue papá por primera vez y empezó a trabajar. Actualmente tiene tres hijos: Mario Miguel (pronto a cumplir 37 años), Pablo Darío (34), Dylan Sebastián (va a cumplir 23) y Danisa Micaela (va a cumplir 22 en octubre). Además, tiene un nietito de 5 años, Bastyan Misael, hijo de Mario.
Finalmente lo compró Unión San Martín Azcuénaga, donde hoy juega con el equipo de veteranos Maxi Master. "Lo de USMA fue especial, porque era un club que nunca salía de la B y ascendió, y no jugó el Regional porque nos ganó Huracán 1 a 0. Lo que me ocurrió con USMA y Huracán fue muy importante en mi vida, aparte de haber jugado ocho años en la selección de Comodoro", reconoce.
"Cuando yo paso a Huracán en el '83, tengo que agradecerle a Raúl Almada, que era el presidente y me llevó al club. Compartí con Adrián Llesona, Papescu, el 'Rata' Rubilar, el 'Bocha' Rodríguez, 'Pirulo', que para mí fue lo máximo que uno puede tener como referente. También jugué con Sergio Marchi, en la selección con Mario Olivera, con quien hoy tengo contacto, con Fermín López", resalta.
Su última etapa en el "Globo" es lo que más destaca. "En Huracán jugué los últimos partidos con ese estadio que se venía abajo, ante Cipolletti. Eso no tiene precio", admite.
En definitiva, Miguel Angel Navarro hoy le agradece al fútbol por haberle dado otra oportunidad. "El fútbol me sacó de la calle, me salvó la vida", confiesa.

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