Piñas van, piñas vienen en el boliche

Vicente Arisnabarreta trabajó un largo tiempo como barman en un boliche bailable de la calle Ameghino, que antes fue cine, y allí vivió veladas “boxísticas” para la posteridad.Las anécdotas afloran de inmediato. “Una noche estábamos en la barra y por ahí uno de los barman me dice ‘¡mirá cómo lo plancharon a ese gordo!’. Y yo le digo ‘¡boludo!, ¿sabés quién es? ¡Es el dueño, Alvaro Simoes!’. El siempre estaba en la barra de abajo y en la de arriba, controlando, y se metía también porque se le armaba quilombo”, recuerda entre risas.En otra ocasión, una riña se terminó porque se asustaron de quien llegaba para cobrar por su trabajo. “Un día llega a cobrarme Ivo Marinho. Se había armado una pelea. Tremendo mono era el gordo, medía como dos metros y era ancho. Llega el Ivo en mameluco, a la noche, andaría trabajando, soldando, y vino a cobrarme. Cuando vieron que apareció el gordo, los que estaban peleando desaparecieron. ¡Pensaron que era un patovica!”, señala el “Vasco” mientras larga las carcajadas.

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