Rosa Rodríguez, abuela, madre, atleta y altruista

Tuvo que vencer prejuicios y mandatos sociales para darle continuidad a un deporte que amó desde chica: el atletismo. Con 20 años llegó a Comodoro Rivadavia con el afán de recibirse de Licenciada en Trabajo Social. La maternidad y la conformación de una familia la llevó al ámbito laboral, donde desde hace más de cinco años le tocó hacer de padre y madre de dos jóvenes que siempre la alentaron para que no se abandone.

Rosa se esconde en el medio de los varones ue se preparan para Aunque sabe que no va a pasar desapercibida, porque con 12 años es la única mujer en las carreras de fondo que organiza su colegio en su Chile natal "las mujeres no son para correr", escuchó en reiteradas ocasiones.

Igual no le importa, larga y llega entre la mitad de los competidores. El sueño está en marcha, y eso es más importante que los reproches de su padre cuando retorne a su hogar. La escena en la vida de Rosa Rodríguez se repetirá a lo largo de sus cuatro décadas de vida en infinidad de ocasiones, pero esta vez la palabra de aliento permanente vendrá de esos dos seres a lo que les prometió amor incondicional desde que comenzaron a gestarse en su vientre.

Y Rosa no afloja, porque su vida fueron decisiones donde se jugó a todo o nada. Eso la llevó con 20 años a aventurar- se a venir a la Argentina donde contaba con la posibilidad de estudiar en una universidad pública y gratuita la carrera de Trabajo Social, que quedó trunca cuando le llego la hora de formar una familia.

Eso no le quitó su pasatiempo favorito, que era correr por los campos cuando retornaba de la escuela. A pesar que antes de ello debía sacarse los zapatos que eran solo para uso escolar. "Corría a escondidas, porque eran épocas duras en Chile y una cultura cerrada. De hecho, para quienes nos animábamos a militar en el socialismo, sabíamos que lo más probable era que recibiéramos palos de la policía", sostiene Rosa.

Con la familia constituida, Rosa trabajó de lo que fue necesario para contribuir a la economía del hogar, porque ella desde que nació es de esas personas que no se pueden quedar quietas y que no son ajenas al padecimiento o las necesidades del prójimo. "Rosita" atribuye ese altruismo a la formación socialista que recibió de sus padres. Aunque otros atletas como ella (el ultramaratonista Mario Oyola, entre otros) se lo atribuye a la grandeza de su corazón.

"En la época del 'corralito' y cuando comenzaron a poblar- se de comedores comunitarios, yo iba luego de mi trabajo a donar mi tiempo con otras personas para preparar las tortas fritas o el mate cocido. Más que nada por una convicción personal, sin representar a ninguna ideología en particular. Porque no es necesario ello para ayudar al otro. De hecho mientras estamos haciendo esta nota hay un señor que está corriendo desde La Quiaca a Ushuaia y recauda donaciones para entidades de bien común mientras completa kilómetros", sostiene.

Pero esa historia, la de darle un sentido solidario a las carreras de las cuales participa vinieron por parte de otro 'loco' como ella: Mario Oyola.

SER PARA LOS DEMAS

Mario venía de una de sus tan-

tas carreras de aventura fuera del país y le comentó a Rosa que había conocido otro ar- gentino que hacía lo mismo, pero aprovechaba su recorri- do para ayudar a entidades de bien común, ya sea desde cemento hasta leche.

En lo próximo estaban los 80K de Bariloche, y Rosa no dudó. Recorrería esa distancia pero a la vez juntaría zapatillas y ropa para pueblos de la meseta chubutense, en un trabajo en conjunto con CAI Solidaria. "Luego de los 80K en Bariloche, juntamos zapatillas junto con la CAI y luego viajamos un jueves para volver un domingo. Y la llevé a Camila porque le dije 'lo que vas a ver vos na- die te lo va a poder contar o enseñar sino lo ves por sí misma".

La cruzada junto a la CAI, y ver en primera persona la realidad de los poblados del Chubut hizo que Rosa no se quede conforme. Al contrario, se decidió unir a trote Caleta Olivia con Comodoro Rivadavia para juntar leche para el Hospital Regional, pero en esta cruzada cada vez sumaba más adhesiones, desde el Club Acuarium que se prestó para centro de depósito hasta atletas que le pusieron el cuerpo a la propuesta.

La última prueba la encontró uniendo Sarmiento con Como- doro Rivadavia, donde el cuer- po y el clima le hizo pasar una dura prueba a Rosa.

"Cuando con Mario hicimos la carrera desde Sarmiento que- dé física y mentalmente agota- da y ello me llevo meses de recuperación. Yo largué el 1° de mayo desde Sarmiento hasta Dragón y me pasé de frio mal. Me lastimo la piel el viento, y me costó meses recuperarme, pero valió la pena", recordó. En 2016, Rodríguez pretende unir Trelew con Comodoro por otra buena causa. De todas maneras, la semilla de la solidaridad ya se había expandido a otros atletas que no solo bus can alimentar el ego propio, como Pablo Saavedra que hizo el mismo recorrido desde Sar- miento para recaudar alimentos para el comedor de Mirella Angulo, porque las historias contagian, pero mucho más los ejemplos concretos de entrega.

ROMPER CON LO ESTABLECIDO

Si de prejuicios se trata, Rosa aprendió a convivir y destruir a varios de ellos con su vida misma.

Por ello, cuando se separó no se amilanó, aunque confiesa que el duelo le duró bastante hasta que aprendió a perdonar y volver a levantar los brazos para seguir andando.

"Uno tiene que hacer lo que le gusta. Lo que veo y admiro es la fortaleza de las personas, como la que está uniendo La Quiaca con Ushuaia. Incluso tengo un amigo en Trelew (Ju- lio Mirela) que sigue corriendo con más de 70 años y es pleno cuando lo hace", sostiene.

Si de comodidades y obligaciones familiares se trata, un día en la vida de Rosa la encuentra durmiendo un promedio de cinco horas. Trabaja desde las 7 de la mañana hasta entrada la tarde, cuando llega a casa temprano se hace un tiempo para correr o salir junto a su hija Camila, porque su hijo Raúl le dio el mejor título de la vida. La hizo abuela desde hace siete meses con una beba llamada Sol.

"Trato de hacer todas las actividades junto a Camila, ya desde los dos años a ella la subía a la ambulancia y me acompañaba mientras yo corría. Luego al final de la carrera se juntaba conmigo y me contaba todos los detalles de la carrera. Siempre los lleve a todos lados conmigo, hasta que mi hijo se independizó y formó su propia familia", resalta.

Si de motivadores se trata, Rosa encuentra en sus dos hijos a los mejores. De hecho cuando compitió en "La Misión" en La Angostura en febrero sobre una distancia de 160K, tuvo deseos de abandonar, porque el cuerpo le decía que no podía más a mi- tad de camino.

"Mi hermana se vino desde Valdivia para dormir en la plaza de Villa La Angostura para esperarme y esas cosas no tienen precio. Y uno no se puede abandonar como persona, siempre leía a Galeano que decía 'si no te caes no te podes levantar'. Por ello, en La Angostura me pasó que me deshidraté y se me hincharon los ojos, no daba más. Por eso en uno de los puestos de control llame a Mario (Oyola) y le dije 'negro, no doy más, casi no veo y me sangra la nariz en forma continua", re- cuerda.

Del otro lado, Oyola la tranquilizó y la animó a recuperarse y continuar, por más que el tiempo no corría a su favor.

Luego le llegaron dos mensajes de texto similares, de sus hijos "Mamá vos nunca abandonaste y no tenés que abandonar".

Rosa continuó, a riesgo de la rotura de los tendones cruza- dos (ello le llevo a estar fuera de competencia hasta hace dos semanas cuando fue parte del Desafío Ruta Azul). Y llegó dos horas antes del límite a cruzar la meta.

"Siempre me levanto. No tengo sueños truncos, de hecho, cuan- do tengamos nuestra casa y mi hija se encamine voy a concluir mis estudios superiores. Y en cuanto a mi vida, no cambiaría nada de lo que pasé, porque en definitiva creo que el sufrimiento te lleva a pasar muchas cosas, pero creo que sino sufrís y no la pasas no sos lo que sos ahora. Y eso tiene doble mérito. Ni si quiera las cosas malas cambiaria, porque es el camino que me tocó transitar. Tal vez si hubiera tenido una situación de mayor confort no hubiera llegado a esto", sentencia.

Tal vez por ello, las carreras de aventura son su debilidad, porque implican el desafío con uno mismo. La superación de lo que uno piensa que no pueda dar. Y en el caso de Rosa, una chance para dar todo lo que tiene al ser- vicio de los demás.

"Cada vez que cruzas una meta, incluso en las carreras de aventura, no ganas nada material. De hecho desde un punto de vista monetario perdes más de 6 mil pesos por participar. Solo ganas en espíritu y eso lo dimensiona cada uno en su interior. Y en mi caso eso es una riqueza enorme", sentencia.

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