Sobrecargados, estresados y con pocas horas de descanso

Sobrecargados y con un sillón para recuperar el aliento; con mucho estrés y pocas horas de descanso, además de una baja –y atrasada- remuneración.

“Nosotros no somos héroes, somos seres humanos”. Esa es la frase que repiten los enfermeros del Hospital Regional. Todos los días después de cada jornada se miran al espejo y perciben el color rojizo de su piel debido a las horas que llevan los elementos de protección para evitar contagiarse de coronavirus en Unidad de Terapia Intensiva.

La mayoría de ellos están cansados, agotados y con un estrés que solo encuentra alivio cuando un paciente recibe el alta o un compañero le brinda aliento para que no decaiga. Sus jornadas laborales son de seis horas pero debido a la situación epidemiológica se extiende a ocho por día o incluso más. Muchas veces no tienen franco y sienten que están al borde del colapso.

c453015b-1432-49fd-8f9e-84dbdc5b73a6 (1).jpg

En la región faltan enfermeros y no es fácil conseguir profesionales que se puedan desempeñar en UTI porque requiere de una capacitación y una experiencia particular. Es por eso que muchos tratan de doblegar sus esfuerzos para ayudar a que las muertes por COVID-19 no sean aún mayores a las que tenemos día a día.

Esa misma área de Terapia se divide en dos: una es para no pacientes COVID-19 y otra para COVID-19. Esta última tiene un protocolo especial para todos los trabajadores de la Salud. Nadie entra sin sus elementos de protección.

RITUAL OSCURO

El ritual comienza con la llegada al Hospital Regional. Todos los profesionales deben sacarse la ropa que traen de sus casas para ponerse un ambo; luego viene el overol cerrado y sellado para después colocarse unas máscaras “total face”, que cubre todo su rostro, seguido de unas antiparras.

En algunos casos deben ponerse una máscara snorkel y se les agrega un filtro para que puedan respirar. A todo esto se le suman dos barbijos para reducir al mínimo el contagio entre los profesionales.

be782b8b-5a7a-4731-9b85-ec5e5f58c596 (1).jpg

El siguiente paso es que otro trabajador verifique que todo el equipamiento esté bien puesto y no existan posibles lugares donde se pueda filtrar el virus. Esta tarea demanda entre 15 y 20 minutos si es que un empleado de la sanidad no elige ponerse botas de goma para tener más protección.

El equipamiento es una verdadera coraza para brindar seguridad, pero esto también implica que los trabajadores no puedan respirar bien. “Para trabajar con pacientes COVID-19 no te podes apurar”, confían a El Patagónico.

Muchas veces les falta el aire y no tienen una buena visión, por lo que en el área hay un sillón especial para que quienes están en la primera línea de combate contra el coronavirus puedan tomar un descanso para después seguir.

“Muchas veces tenemos que salir sí o sí porque te lo pide el organismo”, sostienen.

CUIDADOS EXTREMOS

Los turnos suelen ser eternos. La baja remuneración que tienen los enfermeros hace que muchos deban tener dos trabajos para poder cubrir los gastos mensuales. Esto genera más estrés y cansancio en cuerpos que no tienen un momento de descanso desde mayo.

La situación es preocupante porque los enfermeros de la UTI del Hospital Regional deben atender hasta más de tres pacientes a la vez, sabiendo que lo ideal sería un trabajador cada dos personas si la situación es favorable.

Los cuidados son mayores a la hora de desempeñarse porque saben que "si uno hace algo mal, corre riesgo de contagiarse. No queremos estar en esa cama ni contagiar a nuestros familiares”.

Nadie puede descuidarse. Ni siquiera a la hora de irse a su casa. Cuando se termina el turno, cada trabajador debe tener sumo cuidado para quitarse los elementos de protección. No deben tocar nada. La mayoría del equipamiento se descarta y las máscaras se limpian y desinfectan. Los ambos suelen estar empapados de sudor por lo que deben darse una ducha para poder retirarse a descansar o a seguir trabajando.

La evidencia del trabajo que implica cuidar a un paciente con COVID-19 está en la piel. Los trabajadores tienen un color rojizo en su piel durante un buen tiempo después de terminar su rutina. Esto se debe a la falta de oxígeno durante sus tareas.

“Sentimos un dolor terrible y nos contenemos entre nosotros. Tratamos de evacuar nuestras angustias. Nosotros no somos héroes, somos seres humanos. Muchas veces esto nos desborda”, contó una trabajadora de la UTI del Hospital Regional antes de comenzar con su ritual diario para enfrentar al coronavirus.

d54e303b-04b8-4585-9c6b-ed93d974b119 (1).jpg

Fuente:

Notas Relacionadas

Dejá tu comentario

Las Más Leídas del Patagónico