Una figura del vóley italiano creyó estar de novio con una modelo durante 15 años: le sacó 700 mil euros

Roberto Cazzaniga mantuvo una supuesta relación con la brasileña Alessandra Ambrosio, pero todo fue una estafa.

Las nuevas tecnologías acortaron las distancias geográficas y permiten conocer al amor de diferentes maneras. Las flores, el cine y los poemas siguen existiendo pero el romanticismo también circula por Tinder, likes de Instagram y mensajes directos. Y en esa movida fue donde estuvo el pobre de Roberto Cazzaniga, una estrella del vóley italiano que cayó en una trampa casi inverosímil.

El hombre de 42 años, que fue campeón de los Juegos del Mediterráneo con su país en 2009, pensó durante casi 15 años que mantenía una relación a distancia con una supermodelo brasileña a la que nunca pudo ver. Todo se trató de una increíble trampa que le costó al deportista 700 mil euros: ahora está quebrado y sus compañeros lo ayudan para vivir.

Todo comenzó en 2008, cuando una supuesta amiga, Manuela, integrante del Crema Reina femenino, club donde jugaba Cazzaniga, le pasó el número de una conocida que estaba interesado en él. El contacto se hacía llamar Maya para pasar desapercibida pero en realidad era una forma de ocultar su verdadera identidad. Como un superhéroe, o más bien un villano.

¿De quién se trataba supuestamente? De Alessandra Ambrosio, conocida por lucir lencería de Victoria's Secret, dueña de una belleza impactante. La falsa brasileña comenzó a enamorar a Cazzaniga primero por mensajes de Messenger, luego por Whatsapp y después por llamadas telefónicas.

La verdadera modelo es un ícono conocido en todo el mundo. Hoy, a sus 40 años, tiene más de 10 millones de seguidores en Instagram y marca tendencia en cada movimiento que hace por la pasarela.

El jugador no pudo resistirse a sus encantos, aunque solo sean apenas algunas muestras gratis: fotos antes de salir a un supuesto desfile, llamadas telefónicas eternas y casi diarias en las que la voz de ella lo cautivaba. Pero no pasaba de eso: las constantes excusas de la supuesta Ambrosio impedían un encuentro cara a cara, sin tecnología de por medio.

UNA ESTAFA SOSTENIDA EN EL TIEMPO

Poco le importó eso a Cazzaniga. Quería verla, pero había logrado conectar aún sin poder conocerla personalmente y por eso decidió mantener este vínculo cibernético que a lo llenaba. "Me hizo sentir a gusto, me consoló", dijo él después de conocer la verdad. Ella lo acompañaba en sus mejores y peores momentos, lo contenía siempre.

Pero con el correr del tiempo la voz del otro lado del teléfono comenzó con ciertos pedidos particulares. Al principio no demasiado extraños: un problema con la tarjeta de crédito le había impedido pagar un gasto, por lo que le pidió una pequeña suma de dinero para afrontarlo. Cazzaniga hizo lo que consideró común con su novia: le dio lo que necesitaba.

Con el tiempo, estas exigencias se sucedieron y dejaron de ser para cuestiones cotidianas o básicas y las cuentas se acumularon. Roberto, fiel y bastante ingenuo -como lo describen sus compañeros-, no dejó de atender a su pareja ante cada necesidad. Más todavía cuando ella comentó tener una grave enfermedad cardíaca: él se puso a disposición total desde lo económico.

Mientras tanto, soñaba con conocerla, pero ella vivía en Cagliari y la distancia hacía todo muy difícil: "Fue imposible encontrarnos por sus constantes viajes de negocios y esa grave enfermedad cardíaca por la que me dijo que la hospitalizaban constantemente". Pero no cesó en su ayuda: "Yo enviaba esas transferencias bancarias que me dejaron en la calle"

Cazzaniga perdió 700 mil euros con los que ni siquiera contaba. Ser una estrella del vóley en Italia deja buenos dividendos, pero incomparables con los de un futbolista de ese nivel. A Manuela, la falsa Celestina, le regaló un Alfa Romeo, quizás en modo de agradecimiento por quien pensaba que le había presentado al amor de su vida.

"No, nunca nos hemos visto, ni una sola vez. Puso mil excusas, enfermedad, trabajo. Y sin embargo, me enamoré de esa voz, era una llamada tras otra. Teníamos contacto solo por celular, era casi a diario. La llamaba antes de ir a practicar o por la noche, antes de acostarme", confesó el hombre de 42 años a Mediaset, que reveló esta historia insólita hasta para una película.

"¿Cómo me sacó todo ese dinero? Ni siquiera lo sé con certeza, eran mil euros aquí, otros dos mil allá... Al final llegamos a un total de 700 mil. Ahora que esta pesadilla ha terminado es como si me hubiera despertado de un coma que me hizo perder tres décadas de vida", confesó al diario Corriere della Sera.

CÓMO SE TERMINÓ

Esta historia tiene héroes inesperados: los compañeros de equipo de Cazzaniga, el New Matter. Sin fondos, buscó todas las maneras posibles para cumplir con las exigencias de quien se hacía pasar por Ambrosio y entre todas esas formas le pidió dinero a sus amigos. Ellos habían escuchado hablar de Maya, pero solo sacaban el tema para burlarse de él porque nunca la habían visto.

Pero ante los reiterados pedidos de la mujer, algunos comenzaron a sospechar. Danilo Rinaldi, uno de ellos, contrató a un periodista para que rastreara a la ya desaparecida Manuela y así encontrara a quien se escondía detrás del seudónimo de Maya y supuestamente era Alessandra Ambrosio.

Con el tiempo, el periodista Ismaele La Vardera dio con el verdadero amor de Cazzaniga: una señora de más de 50 años que vive en Cerdeña y se llama, en realidad, Valeria. Llegaba el momento ahora de enfrentar al bueno de Roberto, que todavía vivía en un mundo falso.

"Roberto estaba en su mundo y en sus creencias. Por eso me llamó la atención su cara de asombro cuando Manuela afirmó que no lo conocía. Fue un gran golpe para Cazzaniga, en ese momento lo entendió todo. Debe haber sido terrible para él", explicó el director del equipo, Paolo Bongiorno, sobre el momento en el que le develaron la verdad.

Sus compañeros se pusieron al hombro a su amigo, inmerso en una profunda tristeza y vergüenza al enterarse de quién estaba detrás de las fotos de una supermodelo brasileña. Con la familia como apoyo fundamental, los otros jugadores comenzaron a pedir por una recaudación de 60 mil euros para que Cazzaniga pueda pagar sus deudas más próximas.

"Es un hombre frágil y una víctima a la que hay que respetar. No hay que compadecer ni burlarse: esta es una historia que también le puede pasar a otros porque todos tenemos debilidades", dijo el entrenador, Gianpaolo Montali, que describió al protagonista como muy generoso con todos.

Ahora, Roberto busca reconstituirse y afrontar el dolor: el de la ruptura de su corazon y el de la vergüenza. "Nunca tuve dudas: para mí era ella", dijo, pero ahora, con este peso que se sacó de encima, se siente "renacido".

Fuente: Olé

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