Valeria Soplanes, la deportista "eléctrica" del atletismo juvenil

Se involucró con el deporte de la mejor manera; primero en forma recreativa, y cuando se dio cuenta ya era una adolescente que comenzaba a trascender a nivel nacional.


Valeria Soplanes (35) apunta que los ojos verdes los heredó de su abuelo. Y el amor por el deporte, y parte de la genética, de su familia de origen. Y en especial de su papá Raúl, que jugaba entre amigos al fútbol. Mientras que su hermano Gustavo se destacó como marcador central en Talleres Junior de Km 3.
A los 4 años tuvo su "primera" competencia oficial, cuando Raúl Soplanes la llevó a la Carrera Aniversario de Diario Crónica.
"Me considero una chica inquieta o eléctrica, porque siempre estaba en movimiento. Y como vivíamos detrás del estadio municipal, hacíamos deportes de muy chicos. Y yo en parte seguía a mi hermano. Gran parte de mi niñez la pasaba en el Huergo nadando, o haciendo gimnasia deportiva con Renzo Facio. Hasta que en un intercolegial con la escuela primaria 43, me vio Liliana Colla -que acompañaba al IMA- jugando al hándbol y me invitó a entrenar al estadio porque me dijo que tenía condiciones para la pista", apunta a Diario El Patagónico.
Antes de ello, Valeria corría en la cuadra de su casa. Y ya era una destacada, cada tanto los amigos de Gustavo le decían "llama a tu hermana que le hago una carrera".
"Yo les corría y les ganaba a todos los varones, incluso a mi propio hermano. Me salía correr. A veces pienso que mis papas me acompañaron a diversos deportes para que tenga 'desgaste' energías porque estaba siempre a full. Capaz necesitaban un momento de paz y sin la 'flaca eléctrica'", sostiene entre risas.

EL DEPORTE ENTENDIDO DE LA MEJOR MANERA

Fue como un juego para Valeria, primero la carrera de Crónica. Luego la gimnasia deportiva, la natación y el hándbol durante la niñez. Incluso hasta el atletismo, donde comenzó a los 10 años pero en forma intermitente.
"Para mí era ir y disfrutar del juego. Del grupo de chicos que entrenábamos o competíamos. Nunca sentí esa 'presión' de buscar resultados. De hecho, cuando empecé con Liliana (Colla), ella me hacía participar de todas las pruebas y me quería hacer vallista como su hijo Gustavo. Y yo iba y corría. Pero nada de eso hubiera sido posible sin la compañía de mis papás que me llevaban y traían. Incluso a veces se quedaban a escondidas a verme, porque si no me ponía muy nerviosa. En cambio, cuando ya conseguí logros, era yo la que les pedía que me vengan a ver", recuerda.
Soplanes había nacido velocista, tenía la genética para ello. Y eso también se correspondía en menor medida en su padre y hermano.
Sobre los 14 años, y en cursando la educación secundaria en el Hipólito Yrigoyen de Km 3 que Valeria comenzó a entrenar Enrique Pichl, el encargado de darle proyección a la joven sin descuidar su salud mental ni meterle presión.
"Fue en ese momento como que me lo tomé más en serio. De hecho me dieron un certificado para que deje de hacer gimnasia deportiva, porque lo mío era el atletismo. Ni siquiera el hándbol. Y de a poco, y sin pensarlo, fueron llegando los logros", comenta.
Contrario a lo que siempre sucede, Soplanes no tiene en mente la cantidad de preseas obtenidas en su carrera. Incluso se sorprende por lo conseguido y que está avalado por el Libro Atletismo Chubutense 2007.
"Sé que tengo cinco títulos argentinos y otros logros. Pero repito, yo como deportista disfruté de cada competencia. Y a la hora de recordar me vienen sucesos como competir en postas, donde junto a Verónica Borda, Valeria Arias y Fiorella Trípodi ganamos en el Nacional de postas en el '97 en Santa Fe. Eso fue lo más lindo que nos pasó a las cuatro chicas porque siempre entrenábamos juntas y ganamos en un Nacional donde no nos conocía nadie. Esa fue una sorpresa para todos", recalca.
Pese a los logros nacionales durante su adolescencia, Valeria Soplanes nunca pidió privilegios. Por ello, en los últimos años de su secundaria ya era una fija el llevarse a rendir matemáticas a diciembre por inasistencias.
"Nunca tuve privilegios, entrenaba, viajaba y trataba de estar al día con los estudios. Pero en matemáticas, el profesor me decía de antemano que nos veíamos en diciembre. Y así era. Ya de grande cuando conseguí mis últimos logros, él docente se acercó a un reconocimiento que me hicieron como atleta", comenta.

PROYECCION NACIONAL
"Con 'Quique' (Enrique) Pichl empecé a entrenar a los 14 años y le encontré el gusto al atletismo. Recién ahí dejé el resto de los deportes. Se formó un lindo grupo y nos federó. Y se fue dando que en ese grupo todos teníamos condiciones y se comenzaban a dar resultados", apunta.
Pablo Blanco, Gabriel y Verónica Borda (hermanos y campeones nacionales), Araceli Maza, Fiorella Trípodi y otros formaban el equipo 'los alumnos de Quique'.
"Arranqué con 100 metros. Luego con vallas. Luego 200 y yo iba y corría dónde mi entrenador decía. Y cómo no tenía dimensión de lo que corría, porque me recuperaba muy rápido y a la media hora estaba de vuelta en otra prueba. Tenía buena genética, según mi papá que me contaba que también era velocista", afirma.
En los intercolegiales, iba, corría y salía entre el montón. Hasta que en el segundo Nacional salió primera. Ahí ya hubo un cambio de chip.
"Yo iba y hacia todas las pruebas, porque lo hacía como un juego. Pero cuando logré mi primer nacional, se me acercó 'Quique' y me dijo que lo íbamos a tomar más en serio. Y eso implicaba mayor esfuerzo", recalca.
Con 15 años comenzó a cosechar podios, llegaron las instancias federadas. Y con ellos dos citaciones para formar parte del Seleccionado Nacional de Atletismo Juvenil, para correr con la "albiceleste" en dos Sudamericanos y un Panamericano.

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