Varios puesteros de La Saladita se niegan a que se urbanice esa feria y desconfían del proyecto

La Municipalidad pretende licitar en 2018 el proyecto de urbanización de la feria La Saladita, mediante el cual se construirá un paseo peatonal iluminado con baños en distintos sectores y se buscará brindar un espacio igualitario a cada uno de los puesteros informales que llegan cada fin de semana a la plaza del barrio Quirno Costa. Sin embargo, diversos feriantes no ven con buenos ojos este procedimiento y coinciden en que "nadie vino a explicarnos nada". También temen por lo que puede llegar a pasar cuando se inicie la obra de urbanización y deban dejar en forma temporaria el lugar en el que venden sus productos.

El último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) confirmó que la desocupación en el aglomerado Comodoro Rivadavia-Rada Tilly llegó a 6% en el segundo trimestre de este año. La situación es preocupante teniendo en cuenta que entre enero y marzo había sido del 5,3% y en el segundo trimestre de 2016 de 2,4%, es decir que en doce meses el desempleo creció más del doble.

La falta de ofertas de trabajo y los despidos por goteo llevaron a que muchas personas buscaran alternativas en el empleo informal, siendo una de las opciones el mercado ambulante, con la feria “La Saladita” como principal vidriera de este tipo de comercio.

Así, el paseo de compras del barrio Quirno Costa, donde cada fin de semana se reúnen más de 900 puesteros informales -según datos de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME)- funciona de alguna forma como un espacio de contención informal, algo que podría cambiar si el municipio avanza en el proyecto de urbanización que presentó el año pasado para ordenar y regular el funcionamiento de la feria.

El subsecretario de Fiscalización, Daniel Campillay, confirmó a El Patagónico que la iniciativa ya está lista para que sea debatida en el Concejo Deliberante. El funcionario admitió que la intención era que se trate este año, pero aseguró que el temporal que vivió Comodoro Rivadavia durante marzo y abril pospuso su presentación sobre tablas.

La propuesta, consiste en la construcción de un paseo peatonal iluminado que brinde un espacio igualitario para los puesteros que formarán parte de esa nueva Saladita. Es que la edificación incluye 480 puestos de 1,80 x 2 metros, y la construcción de baños para ambos sexos y discapacitados, agrupando a las dos manzanas y medias que le dan forma a feria.

“Tratamos de brindar la oportunidad de introducir a los puesteros al comercio porque en La Saladita solo se puede realizar controles sanitarios”, indicó Campillay sobre cómo se intenta fiscalizar el mercado informal que allí se realiza.

“NADIE NOS DIJO NADA”

Lo cierto es que en la feria, los puesteros desconfían del proyecto de la Municipalidad. Olga Gutiérrez, una de las vendedoras de frutas y verduras más antiguas que tiene “La Saladita”, asegura que el proyecto le da “miedo” porque teme perder su único ingreso económico.

“En mi familia somos seis personas, mi marido ha perdido el trabajo en el petróleo y ahora se dedica a hacer changas, y no nos alcanza. Por eso esta es la única plata que ingresa fija a la casa. Si vienen y me dicen que me tengo que ir unos días ¿Cómo voy a hacer para trabajar? Yo tengo mis clientes fijos que salen de trabajar y pasan a comprar sus cosas para cocinar”, explicó.

Olga asegura además que “el cuento de la urbanización es tan viejo como la feria. Yo trabajo desde que nos juntábamos unas pocas al lado de La Provee allá atrás (en el barrio San Martín) y siempre escuchamos que van a hacer esto y aquello. Una vez vino un hombre y le cobró a los más nuevitos para marcar el terreno porque la muni iba a dar los carnets aprobados para que puedas vender. Juntó la plata y nunca más supimos de nada”, recordó.

Las palabras de Olga se repiten en varios puestos de “La Saladita”, donde la desconfianza es el principal fundamento para rechazar el proyecto. “Ellos se excusan con que acá se venden cosas robadas o que no se pagan impuesto. Nosotros queremos pagar, nadie quiere estar en negro, pero que estén dadas las condiciones porque acá nosotros no ganamos lo mismo que gana un comerciante en el Centro”, señaló Esteban Leguizamón, que junto a su mujer, María, atiende un puesto de ropa. Y a modo de ejemplo, sostuvo: “vos acá haces una diferencia de 200 o 400 pesos por día y tenés que estar de las 7 hasta que se esconde el sol. Muchos creen que uno viene a estar acá porque quiere pero la verdad es que no me queda otra porque si por mi fuera me encantaría tener un local en el Centro pero no me alcanza”.

Otro de los miedos que tienen los puesteros, es que una vez que se lleve a cabo el proyecto no haya espacio para todas las personas que se acercan los fines de semanas a vender sus productos, tal como piensa Marcos Estigarribia, otro de los feriantes.

“Uno puede decir que van a hacer un paseo para que sea más seguro y todo lo que quieras pero hay que pensar que acá hay gente que viene solo los fines de semana a vender porque el resto de los días tiene su trabajo fijo. Esto uno lo puede ver porque cada vez hay más gente que llega con sus bolsitos de ropa para tratar de hacer unos mangos extras porque la plata no alcanza para nada”, indicó.

Es que como dice Estigarribia, la venta de ropa usada siempre fue uno de los pilares de “La Saladita” y muchas de personas llegan cada sábado y domingo, o días feriados, para tentar con un buzo, un jean o una campera a la multitud de gente que camina por el sector.

Lo cierto es que a poco de fin de año, todos están preocupados en la feria porque creen que la urbanización traerá problemas de todo tipo, inclusive entre los mismos puesteros, asegura Azucena Quiroga, una de las vendedoras de ropa.

“Acá nosotros tenemos reglas; a los puesteros más viejos se le respeta su lugar por un tema de antigüedad y esfuerzo, y porque son muy pocos los que día a día vienen y ponen el hombro para salir adelante. Entonces sería injusto que uno que lleva dos meses tenga un lugar más privilegiado que otro que lleva siete años. Se tiene que tener todo esto en cuenta porque se pueden generar problemas entre los mismo puesteros, y más teniendo en cuenta que acá nunca faltan los vivos que se quieren aprovechar de la situación; sabés la cantidad de gente que viene con proyectos de la Municipalidad, piden plata y luego no los viste más. Creo que fueron más los vivos, que los puestos que hay en La Salada”, sentenció.

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