El rito es siempre el mismo, cada vez que Juan Olima (52 años y operador de grúa) arma su bolso y su botinero la transformación está en marcha: se convierte en un jugador de fútbol que se prepara para salir al campo de juego. Con la misma intensidad de su época de la juventud, cuando con orgullo comenzaba a defender los colores de USMA.
En otra parte de Comodoro Rivadavia, el profesor e ingeniero Claudio Lobo intenta (en definitiva se trata de eso, de seguir intentando) explicarle a sus alumnos física y matemática. El objetivo es complejo. Pero mucho más le cuesta poner en palabras (o en el pizarrón) la pasión que siente él y todos los argentinos. Mucho más cuando son protagonistas, sea en la cancha que sea, con césped o tierra. Con público o en la inmensidad de la soledad, eso no le resta mérito a los 'viejos' que se esfuerzan al máximo.
Es el fútbol de veteranos, el que cada fin de semana reúne a una infinidad de jugadores y público que triplican al público de la competencia oficial en las instancias de definiciones, donde no es necesario un marco de seguridad imponente, porque en la cancha se encuentran ídolos consagrados y gente común, 'laburantes' que se calzan los 'cortos' y van por la gloria.
Tal vez por ello, Oscar Heredia (44 años y empleado provincial) no padeció cuando vendió su auto, aunque supo que cada domingo debía levantarse antes de las 8 para tomar cuatro colectivos y trasladarse desde puntos distintos como su casa en Km 8 y el Cordón Forestal.
En la misma sintonía, Luis Palacio (50 años, operador de radio) siente con regocijo el haberle hecho caso a su padre 'a medias' cuando de adolescente le decía que largue la pelota y se dedique a estudiar. Luis lo hizo, dejó las inferiores de Roca y Portugués, pero cuando cumplió 36 retornó de la mejor manera, compartiendo con los ídolos a los que iba a alentar.
"Esto es Huracán, todos nos quieren ganar", esa frase quedó marcada a fuego en el alma de Daniel Amado (50 años, asesor de service Toyota, hijo de Miguel "Toto" Amado y padre del basquetbolista Enzo Amado). Por ello, cuando un accidente de tránsito le dejó secuelas cambió botines por pizarra y se hizo DT del equipo de senior del "Globo", donde les recuerda a sus dirigidos: "Esto es Huracán, todos nos quieren ganar", porque en el fútbol (en especial en los veteranos) el hambre de gloria sigue intacto, más allá de la categoría o relevancia del partido en cuestión. Acá se transpira la camiseta, sin más reconocimientos que los aplausos de los afectos. Y sin actos de 'vedetismo' o jugar a menos.
EL RITO SAGRADO
Operador de grúa, Juan Olima jugó al fútbol desde muy chico, siempre ligado a USMA. Por eso en veteranos cumplió 15 años participando en todas sus categorías.
"Toda mi época la pasé en USMA como central. Ahora juego en Master los domingos y Super Master los sábados. Y durante la semana y cuando salgo temprano de mi trabajo le hago al fútbol de salón", comenta.
Para Juan es una pasión, aunque a esta altura de la vida lo vive de una forma distinta. Porque prima el ir a divertirse, el compartir con ex compañeros "por supuesto que los miedos a la lesiones existen, por eso tratamos de no 'zarparnos' mucho porque siempre se corre el riesgo de poner demás o recibir de la misma manera, sin intención más que la de ganar el dominio del balón. Y al otro día hay que ir a trabajar", remarca.
En prioridades, Juan tiene en claro que lo primero es el trabajo y la familia, donde esta última -integrada por su esposa y tres hijas- lo acompaña.
"Creo que lo que uno encuentra es un espacio de distensión, un espacio para jugar al fútbol luego de toda una semana de laburo. Salir de lo cotidiano. Por eso no me siento un viejo. Tal vez un poco achacado con el paso de los años. Pero pesa más la pasión por la pelota y ese cosquilleo lo empezás a sentir cada vez que armás el bolso y el botinero", describe.
"Es lindo hacer esto, en realidad va en uno encontrarle la belleza, pero por dentro te hace sentir un poco más joven el correr detrás de una pelota. Acá somos todos laburantes. Eso nos dimos cuenta cuando viajamos a un Nacional que se jugó en Río Negro donde te encontrás con gente más preparada. Igual, ya el hecho de hacer un deporte en sí mismo es algo muy digno", sentencia.
DOS CABEZAZOS EN EL AREA = GOL
Si de materias exactas se trata (física y matemática) Claudio Lobo se la rebusca como docente para tratar de hacerles entender a sus alumnos lo complejo de los espacios curriculares.
Ahora, si el tema a explicar es la pasión por el fútbol (juega para Optica del Sur), la 'materia' se le complica a él, porque los sentimientos no tienen fórmulas para entender o leer.
"Yo al fútbol prefiero jugarlo, no verlo por la tv. Así lo sentimos en veteranos, donde solo se suspende la actividad si juega la Selección Argentina (no amistosos) o llovió tanto que es una laguna la cancha. Caso contrario vas a encontrar a todos los viejos", remarca.
Desde los 12 años, el ingeniero y actual docente corrió detrás de una pelota con los colores de Huracán, donde tuvo una vida activa desde el 78 al 83, con pocas incursiones en la Primera local, pero ya la semilla de la pasión por el fútbol había germinado en él.
"Es la única llama que perdura. Y yo prefiero alimentarla cada fin de semana en el campo de juego. Así como siento yo, así lo sentimos muchos. Y uno lo hace con la misma intensidad, aunque rinda un 30% menos de lo que lo hacía en su juventud. Porque por supuesto que hay un antes y un después con el físico".
También en veteranos, Lobo encuentra un espacio que incluye a todos "no se discrimina a nadie. Por ahí vos ves un 'gordo', pero más allá de su panza te puede sorprender. Igual cada uno es consciente de hasta dónde puede dar, queda en uno. Por eso a veces no alcanza con el fin de semana porque la abstinencia se hace imposible de sostener. Igual uno a esta edad está donde elige estar", sentencia.
CORRER POR LAS BANDAS... Y AL COLECTIVO
"Toda mi vida estuve relacionado al fútbol. Y desde que llegué a Comodoro -desde Ituzaingó, Buenos Aires- jugué en la liga de los barrios hasta que cumplí 36 años y entré a la competencia de los veteranos", sostiene Oscar Heredia.
En Senior juega para Santos, en tanto que en Master lo hace para Optica del Sur.
Es empleado de la provincia, pero llegó a trabajar en múltiples oficios antes de ello, incluso como remisero. Por ello el ámbito laboral condicionó a veces su presencia en los campos de juego, pero el obstáculo fue 'temporal', por eso cuando cumplió los 20 días con el yeso volvió a salir a la cancha.
"Las distintas etapas que vas pasando condicionan tu continuidad, porque con el trabajo u otras dificultades se te hacen cuesta arriba, como cuando vendimos el auto y tenía que levantarme el fin de semana y tomarme cuatro colectivos para ir de mi casa en Km 8 o hasta dónde se juegue, por más que sea el Cordón Forestal".
Pero Oscar lo vive como una pasión, como una descarga que llega cada fin de semana "me mantiene activo, acá somos todos laburantes. Por supuesto que tiene sus riesgos porque los tobillos a veces tienen que aguantar mucho peso. Pero eso no resta, al que le gusta el fútbol se adapta al puesto que haya con tal de jugar. Yo empecé en mi juventud como delantero y luego fui oscilando en otros puestos en la cancha incluso fui arquero, porque los que prima es jugar. Y me siento jugador de fútbol, siento la camiseta y la adrenalina para ganar. Es una cuestión de actitud, soy competitivo y siempre quiero ganar. Además, si algo te gusta y no perjudica tu salud ten´rs que animarte, ya sea en fútbol, vóley o cualquier otro deporte", concluye.
JUGAR CON LOS IDOLOS
Operador de radio en la planta transmisora de LU4, jugador en master (Optica Luz del Sur) y 'colaborador' en senior (Tornería DVC), para Luis Palacio el fútbol a los 50 años le dio dos grandes alegrías: volver a recobrar esa continuidad frustrada en la juventud y compartir con sus ídolos, aquellos que iba a alentar cada fin de semana.
"Juego en mitad de cancha o como marcador de punta, de acuerdo a las necesidades del equipo. Que yo me acuerde, creo que me relaciono con el fútbol desde que nací y me acerqué a hacer inferiores en Roca y Portugués, aunque por falta de tiempo, ganas y alguien que te motive nunca pude llegar a jugar en Primera", sostiene.
Eran otras épocas y desde el barrio Roca hasta los lugares de entrenamiento las distancias eran largas y todo era descampado.
"Mi padre no me alentaba mucho porque quería que estudie. Por eso le hice caso a medias", sostiene y tras un pasado por la Liga de los barrios, y apenas cumplió 36 se sumó a los veteranos.
"Colaboro en senior, pero se da mucha ventaja porque jugas con chicos de 36 y a los 50 mi estado no es el mismo. Pero en definitiva se trata de eso. De aportar mucho o poco, pero que lo hagas. Ya el hecho de entrar a la cancha, y compartir vestuarios con tus ídolos (que te tratan como un par) es algo increíble", remarca.
Así, el hincha de Huracán pudo volver a ver a sus referentes de su juventud, pero esta vez interactuando con una 'pared' o una asistencia para una ocasión de gol.
"Jugar con Marcelo 'Topo' Márquez, darle un pase al (Carlos) 'Papa' Alvarez, Jorge Barría, Rafael Pacheco, Daniel Amado, Jacobo Pichintíniz, Ricardo 'Rata' Rubilar, Daniel 'Pato' Macías, Roberto "Chicho" Cardozo, Delio Carrizo o Edgardo 'Mono' Pérez es mucho para uno que no fue profesional, porque sos compañero que son 'monstros' del fútbol, que escribieron una historia desde Comodoro Rivadavia , así como los que nombré te encontrás con muchos más", resalta.
CON EL FUTBOL EN LA SANGRE
Sea en un amistoso, en el Huracán de la época dorada o en veteranos, Daniel Amado (actual DT de senior del "Globo") vive el fútbol con la pasión a flor de piel, porque esa sentimiento le corre por la sangre.
Por ello, y tras un accidente de tránsito que le dejo varias lesiones, el asesor de service de Toyota no bajó los brazos, agarró la pizarra y se puso a dirigir con el mismo ímpetu con el cual sus entrenadores le inculcaron.
"Jugué del 81 al 96 como enganche (el clásico 10) y me retire con 35 años. Cuando festejé mi siguiente cumpleaños ya era parte de los veteranos", sostiene.
Cuando trata de dar una explicación que lo lleva a seguir vigente, sostiene "Uno sigue jugando porque por la venas corre la pasión del fútbol. Es el fuego sagrado. Eso es suficiente motivación. Aunque también es cierto que una cosa es la cabeza y otra el cuerpo, que en general no responde de la misma manera".
Párrafo aparte, en los veteranos de Huracán conviven quienes contribuyeron a su historia con aquellos que se acercan por primera vez.
"Siempre viene alguno sin rodaje y con el fin de bajar de peso y se adapta enseguida al equipo. Y acepta las reglas, porque quienes ya están allí manejan los códigos de los vestuarios. Por eso dejamos las cosas claras de entrada. Y todos se adaptan de acuerdo a las circunstancias ya sean viniendo a entrenar los martes y jueves y los fines de semana que hay partidos", expresa.
En la balanza sabe que cada uno es consciente a lo que viene "son riesgos que se corren, muchos (incluso la familia) te dicen que abandones, porque te podés lastimar y al otro día hay que ir a trabajar igual. Igual acá hay de todo: gordos, flacos. Pero todos tienen en claro que deben rendir al máximo, porque todo el mundo quiere ganarle a Huracán", finaliza Daniel que mantiene intacto el fuego sagrado, aquel que alimentan tantos como él cada fin de semana en las canchas de Comodoro Rivadavia.