Una seductora oferta de trabajo convenció a Pablo Díaz de recorrer el mundo entero y mudarse por un año desde Villa Mercedes, a 100 kilómetros de la capital de San Luis, a Moscú, Rusia, para trabajar como camionero.
La propuesta no podría haber llegado en mejor momento: Díaz, de 35 años, padre de tres hijas, llevaba varios meses sin empleo. Entonces, el hombre aceptó. Luego comenzó un infierno de engaños que lo llevó a combatir en el ejército ruso en la guerra con Ucrania hasta que finalmente murió asesinado por un dron el 26 de mayo pasado.
Su madre, Alicia Sáenz, explicó a Radio 750 que la oferta económica era muy convincente, más aún en un contexto de crisis. “Cuando firmó el contrato le depositaron 15.600 dólares y después le ofrecían 5.000 dólares por mes”, relató la mujer.
Y aunque se trataba de una propuesta laboral para trabajar como camionero en la rama de logística, Díaz nunca condujo un camión. En cambio, según su madre, fue alistado en el Ejército y recibió un entrenamiento militar en tiempo récord.
“El reclutamiento fue hasta llegar a Rusia. Una vez allí fue al Ejército. Yo hablé con él todos los días hasta que murió el 26 de mayo. Yo había hablado hasta un día antes. Trataba de transmitirnos tranquilidad, pero estaba desesperado. Yo conozco a mi hijo. Estaba en el frente de combate, nunca manejó camión ni hizo nada de logística”, relató Sáenz.
El último encuentro con su hijo fue en Aeroparque. Díaz la llamó desde el aeropuerto de Mendoza y le dijo que en dos horas se podrían reunir unos minutos para despedirse. “Me dijo que se iba, que era una oferta para trabajar como camionero, estaba con un amigo y otro chico más, los tres para lo mismo. Hoy el amigo está prisionero en Ucrania”, relató.
NO SABIA MANEJAR ARMAS
Una vez en Rusia, según pudo reconstruir su madre, Díaz recibió entrenamiento militar y fue sometido a estudios médicos. “Todo lo que hacían era siempre con gente del Ejército. Le dieron armas, pero él no sabía manejarlas. Después lo trasladaron a un sitio de entrenamiento, donde pasaba hambre, estuvo días enteros sin tomar agua, caminaban 15 o 20 kilómetros por día cargando las armas pesadas”, dijo.
Semanas atrás, Cancillería argentina alertó en un comunicado sobre “los riesgos que conlleva el alistamiento voluntario de ciudadanos argentinos” en fuerzas armadas extranjeras “involucradas en conflictos armados internacionales”. “Se ha registrado en el último tiempo un aumento de casos de fallecimientos, desapariciones, restricciones a la libertad personal y distintas situaciones de vulnerabilidad, así como serias dificultades para abandonar la participación en dichas fuerzas”, sostuvo.
“Frente a esta realidad, se recomienda extremar las precauciones ante ofertas de empleo difundidas en redes sociales, plataformas digitales u otros medios, vinculadas tanto a actividades militares como a supuestas actividades civiles en zonas de conflicto armado, ya que estas últimas suelen derivar, en muchos casos, en la firma de contratos de carácter militar”, advirtió el comunicado, fechado el 29 de septiembre pasado.
Además, la Cancillería que conduce Pablo Quirno admitió que “la asistencia consular en estos escenarios puede verse seriamente limitada, tanto por las condiciones establecidas en los contratos que los connacionales suscriben con fuerzas armadas de otros países, como por las restricciones de acceso existentes sobre el terreno”.
Eso les pasó a hombres como Díaz, según relató su madre. Sin embargo, no es el único. Desde el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, a comienzos de 2022, se han reportado decenas de casos similares en Argentina y otros países de América Latina.
“Él se dio cuenta lo que pasaba en el momento en el que llegaron a este lugar. Ahí se dieron cuenta, pero antes de viajar mi hijo no sabía, mi hijo vivía para sus hijas y para mí. Él viajó por la situación económica”, lamentó. “Hubo un día al principio, donde tuvo que firmar el contrato en ruso sin saber lo que decía, que me contó que se quería ir. Yo le respondí que lo iba a ir a buscar, y él me respondió que ya era tarde. Cuando llegaron a este lugar de entrenamiento, le sacaron el pasaporte y el contrato”, agregó.
LA PELEA POR RECUPERAR LOS RESTOS
La confirmación de la muerte de Díaz llegó de forma extraoficial, luego de varias horas sin contacto, un comandante ruso que había mantenido un vínculo cercano con Pablo se comunicó con la familia. La esposa del argentino, más tarde, recibió un mensaje de un oficial y traductor del ejército ruso, quien le confirmó la muerte y que su compañero había resultado herido.
Semanas más tarde, el 19 de junio, la Cancillería confirmó la muerte en Rostov del Don, una ciudad ubicada a más de 1.000 kilómetros de Moscú, cercana a la frontera con Ucrania.
Pero a pesar del tiempo, la familia de Díaz no ha podido recuperar el cuerpo.
“No tengo abogados ni nadie que me represente a nivel internacional. Ahora se van a cumplir cinco meses. Me queda un mes para poder repatriarlo y hoy tengo que juntar la plata porque el gobierno argentino no se hace cargo y Rusia menos”, lamentó. “Si no logro traer las cenizas de mi hijo antes del 26 de noviembre lo tiran a una fosa común”, agregó.
“Ojalá que nadie más vaya. El día que mi hijo se fue estaba feliz. Iba a ir a trabajar un año y volvía. Por eso me molesta mucho que digan que mi hijo sabía; no lo juzguen… no se hubiera ido nunca si hubiera sabido lo que iba a vivir; él amaba a sus hijas”, concluyó.