18 días en tren y cinco ravioles

El "grandote" (cercano a los dos metros) lo mira al profesor y le dice "son cinco ravioles, ¿qué hago?". El "Griego" se compadece –hace 18 días llegaron Formosa en tren para los Juegos Evita- y le da a Eduardo Schneider sus cinco ravioles. Vienen de una odisea, que comenzó en Bariloche.
"Ese torneo del 68 estuvo muy mal organizado. Fuimos a Bariloche, competimos 4 días y salimos campeones. Dos horas antes de abordar el avión llega el telegrama que no autorizaban el avión y que debíamos tomar el tren. Cuando paramos en Bahía Blanca compré un cajón de manzanas, una horma de queso Mar del Plata, una de batata, una de queso. Pan y un cuchillo, con eso 'tiramos' en el vagón durante 3 días. En Buenos Aires les pedí a mis colegas que hagan las gestiones para que el resto del viaje nos dé un plato de comida caliente. Y fue arroz con menudos de pollo, que por lo menos estaba caliente", sostiene.
De Buenos Aires al Chaco, y de ahí en micro a Formosa. A un colegio de monjas con catres y sin duchas. Y los mosquitos del norte argentino. El equipo patagónico compra espirales y las monjas los quieren echar por llenar de humo los camastros. "Uno de los que viajaba conmigo era el doctor Schneider (Eduardo), ya era grandote. El hijo mayor de Iñiguez, Oteguí y otros. Una vez nos dieron ravioles, cinco por persona. Hasta que se armó un lio en el comedor porque a un colegio de Rosario le dieron una milanesa más grande al director que a los alumnos, se rompieron vidrios y demás elementos. En total fueron 18 días de viaje, Schneider bajó 6 kilos. Yo 3 y el resto otro tanto. En Buenos Aires nos encontramos que tampoco teníamos pasaje en avión, conseguí a duras penas que nos cambiaran el pasaje para el otro día en una empresa privada (Austral). Y no teníamos dónde pernoctar, pero resulta que un colega mío estaba a cargo del Instituto del Deporte en el CeNarD, que todavía no estaba inaugurado. Y fuimos los primeros", recalca.
A la vuelta los padres le dieron su apoyo al profesor. En especial porque no los dejaba ir solos ni siquiera al baño. Donde iba uno iban todos. El "Griego" se tomaba en serio la responsabilidad civil.
"Yo era muy celoso en la seguridad de los chicos. Cuando viajaba le iba hablando al chofer para que no se me duerma. Por eso a la vuelta del viaje de Formosa le pedí a la directora Francina Girardez que les escriba una nota de felicitación a los 9 alumnos. Luego me llegó a mí un sumario desde Nación, por la batalla que se había armado en el comedor con los chicos de Rosario. Y por haber canjeado los pasajes con una empresa privada", sentenció.

Fuente:

Notas Relacionadas

Las Más Leídas del Patagónico