A 5 años del hundimiento del ARA San Juan, sin justicia para familiares de los 44 tripulantes

El S-42  ARA San Juan yace implosionado a 900 metros de profundidad marina, a unos 500 kilómetros frente a las costas de Comodoro Rivadavia. Con él permanecen las  almas de sus 44 tripulantes, incluyendo la de una mujer, como eternos centinelas que custodian la soberanía argentina en el Atlántico Sur.

Este martes se cumplen 5 años del hundimiento de la nave de 66 metros de eslora que fue insignia de la flota de la Armada a la que se incorporó en 1985.

Era un submarino de ataque del tipo TR-1.700 fabricado en astilleros de Alemania con propulsión tanto diésel como eléctrica.

Tenía capacidad para trasportar 24 torpedos, pero en rigor su misión no fue pensada para una guerra sino para vigilar a los buques pesqueros extranjeros que continúan depredando nuestras aguas oceánicas, también llamadas continentales.

Su radio dejó de emitir mensajes desde superficie en la madrugada del 15 de noviembre de 2017 y el último fue captado a las 7:19, cuando se desplazaba frente a las costas cercanas a Caleta Olivia en viaje de retorno hacia su base en Mar del Plata luego de cumplir con ejercitaciones con la flota de superficie cerca de la Isla de los Estados.

Esos mensajes no eran rutinarios sino que hacían referencia a una emergencia devenida del ingreso de agua marina por su sistema de ventilación que había alcanzado uno de los balcones de baterías y producido un incendio que inicialmente pudo ser controlado.

Su comandante, Tomás Fernández, comunicó que tenía necesariamente que sumergirse a un plano de 40 metros porque el oleaje era muy fuerte y el desplazamiento de los submarinos que no tienen quilla son inestables en superficie cuando se registran condiciones hidro-meteorológicas adversas.

La cadena de mandos subestimó la avería y se le ordenó al comandante continuar rumbo a Mar del Plata para realizar las reparaciones, desechando alternativas de puertos cercanos.

LIMITADO A 100 METROS DE PROFUNDIDAD

El ARA San Juan tenía muchas fallas que no habían sido reparadas a tal punto que persistía la recomendación de no navegar a más de 100 metros de profundidad, pero habría sido la falta de estanqueidad de la válvula Eco 19 -fue forma parte del sistema de ventilación- el desencadenante de la tragedia

Por allí habría filtrado el agua marina que llegó hasta uno de los balcones de baterías, algo que volvió a repetirse cuando se sumergió por última vez.

Luego vino el silencio y la detección de una explosión captada por hidrófonos de un organismo internacional con sede en Viena, Austria. La Armada comunicó públicamente su desaparición dos días después y la emergencia puso en vilo al mundo.

En el caso, por razones de jurisdicción y conforme al lateral costero donde se hallaba cuando se captó su último mensaje radial, tomó intervención el Juzgado Federal de Caleta Olivia.

Se presumía el peor final e incluso la jueza Marta Yáñez, en declaraciones formuladas a El Patagónico, a los 7 días de la desaparición de nave, admitió que tenía conocimiento de que se había producido un incendio, luego una explosión y seguidamente la implosión del S-42, por lo cual difícilmente hubiera sobrevivientes

Sin embargo, inmediatamente vino una etapa de comunicados oficiales a través de un pulcro oficial de prensa de la Armada que, desde Buenos Aires, transmitía esperanzas de vida.

COMODORO, EPICENTRO DE UNA TITÁNICA BUSQUEDA

Esto motorizó una gigantesca logística de búsqueda internacional, con buques, aviones y equipados con sofisticados dispositivos que llegaron de varios países.

La búsqueda tuvo como epicentro a Comodoro Rivadavia, donde también decenas de operarios de empresas particulares modificaban embarcaciones para afectarlas al operativo.

Decenas de vecinos permanecieron muchos días con banderas nacionales en la costanera local, a modo de transmitir fuerzas a los equipos rescatistas, en tanto familiares de los submarinistas y otros millares de argentinos en todo el país también rezaban por la vida de los tripulantes.

Finalmente, cuando ya no hubo esperanzas, la tragedia pasó al plano judicial para investigar y deslindar responsabilidades.

Así, por el Jugado Federal de Caleta Olivia desfilaron cientos de testigos, algunos de ellos de manera oculta para periodistas locales que seguían con atención las alternativas en ese foro.

Uno de los casos fue el del contralmirante Luis López Mazzeo, el principal responsable en pergeñar los ejercicios navales

Su asistencia al juzgado fue comunidad de manera tardía a los abogados querellantes que representaban a los familiares de los marinos muertos.

Por extraña y sugestiva casualidad, llegó a Caleta Olivia un día antes de que se conociera el hallazgo del submarino por una nave contratada, el Seabe Constructor de la empresa Ocean Infinity. Esto ocurrió casi exactamente un año después de su desaparición.

Pero a medida que fue transcurriendo el tiempo también se fue corriendo el velo de una intrincada y sospechosa trama judicial que la historia se encargará de esclarecer.

SOLO PROCESADOS POR NEGLIGENCIA

Por esta tragedia aún no hay responsables detenidos y solo se imputó a un reducido grupo de marinos de alto rango el delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público, agravado por estrago culposo, trabándoles embargos por algunos pesos.

Todo quedó limitado a oficiales de ese ámbito ya que la jueza desestimó procesar al entonces ministro de Defensa Oscar Aguad y al quien ejercía la presidencia de la Nación, Mauricio Macri. Antes, el jefe de la citada cartera ministerial había atribuido culpas a la tripulación, negando falta de mantenimiento de la nave.

Más tarde, la Cámara Federal de Comodoro Rivadavia, a requerimiento de las querellas que apelaron, ordenó a la jueza de primera instancia reabrir las investigaciones y peritar filmaciones y fotografías tomadas por los robots sumergibles del buque que halló el submarino, pero todo sigue como era entonces.

FAMILIARES VIGILADOS POR MAURICIO MACRI

Luego se comprobó que Macri había ordenado espiar a los abogados querellantes y a los familiares de los submarinistas interfiriendo sus teléfonos celulares y redes sociales bajo el argumento de que estaba en peligro la seguridad del Estado.

La justicia de Comodoro Pi, adicta a su entorno político, le dio la razón y no lo procesó, traspasando indirectamente el rol delictivo a los familiares.

Si no es la justicia, será la historia la que se encargará de señalar a los responsables de haber permitido y ordenado operar al S-42 sin realizarle múltiples reparaciones que requería en dique seco y la tragedia fue el resultado de ello.

Hoy el país rinde respetuoso reconocimiento y homenaje a sus tripulantes.

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