Colombia define este domingo su futuro presidente y el fútbol, sus ídolos y la camiseta de la selección se volvieron objeto de disputa electoral. Como si fueran productos del merchandising político.
Iván Cepeda, el candidato del Pacto Histórico, senador de izquierda y que apoya Gustavo Petro, tiene en Abelardo De la Espriella, un abogado de extrema derecha, su rival en el balotaje. El país está partido al medio pero no la pasión que despierta el equipo nacional en el Mundial de Estados Unidos.
Si alguien todavía descree de que el deporte y la política son como dos calles paralelas que nunca se cruzan en una esquina, debería visitar hoy Colombia. De la Espriella, un personaje que detesta el fútbol, que prefiere antes la caza y la pesca, apeló a exjugadores para que le arrimen votos y sumó a dos figuras históricas del seleccionado: Carlos El Pibe Valderrama y Faustino El Tino Asprilla. A éste último se lo ve en un spot de campaña repitiendo la metáfora futbolera de “sacar a Colombia del fondo de la tabla” para darle el voto al ultraderechista.
Valderrama, aquel del pelo afro ensortijado, guía indiscutido de la Selección Colombia en los años ‘90 y que pedía acompañar en las urnas al liberal-progresista Ernesto Samper en las elecciones de 1994 desde un aviso electoral, viró a la derecha tres décadas después. Hasta Samper que hoy apoya a Cepeda lo dejó en evidencia.
El Pibe Valderrama, que hace 32 años jugaba el primer Mundial de Estados Unidos donde el equipo quedó eliminado en la fase de grupos, ahora está con De la Espriella. Un candidato que tiene algunos tics de Jair Bolsonaro, el condenado expresidente de Brasil, que solía vestir la camiseta verde amarhela en campaña como lo hace él hoy. Al punto de que una jueza de Bogotá le prohibió usar la prenda amarilla que identifica al equipo colombiano.
Bolsonaro, como De Espriella, son dos advenedizos en el fútbol. El brasileño solía mostrarse con camisetas de distintos clubes de su país, aunque se sabe que es hincha de Palmeiras. No tuvo inhibición alguna cuando se vistió con la de su histórico rival, Corinthians. El político colombiano no es tan camaleónico. Pero su relación con el fútbol está guiada más por el espanto que por el amor a la pelota.
En un reciente artículo de El País de España se cita a Ángel Becassino, un argentino radicado en Colombia desde 1986, consultor, profesor de marketing político y autor de una biografía sobre De la Espriella: “Abelardo detesta el fútbol, nunca ha ido a un estadio a ver un partido y le importa un rábano lo que suceda en un Mundial”, cuenta.
Pero el presidenciable que llegó a la segunda vuelta luego de imponerse en la primera no es tonto. Conoce el poder del fútbol para traccionar votos a su candidatura, y de aborrecerlo pasó a vestirse a diario con la camiseta del seleccionado que dirige el argentino Néstor Lorenzo.
Cepeda no se queda tan atrás. Recibió el apoyo de varias hinchadas de clubes colombianos, colectivos sociales a los que están integradas y no se ha pronunciado sobre cuál es el club de sus simpatías. Si lanzó en campaña un mensaje que sorprendió por lo jugado: dijo que su país debería postularse a ser sede de un futuro Mundial de la FIFA. Algo muy difícil pero no imposible.
El caso de Colombia tiene una peculiaridad. Sus elecciones nacionales suelen coincidir con los mundiales. Por lo que la pasión por el fútbol le sube el tono a la política y los candidatos observan que la camiseta es un gran productor de sentido electoral.