La espera terminó y la Patagonia no duerme. En una noche cargada de fiesta y emoción, Gimnasia y Esgrima de Comodoro Rivadavia se consagró campeón de la Liga Nacional de Básquetbol al derrotar como local a la Asociación Atlética Quimsa de Santiago del Estero por 68 a 56, sentenciando las finales con un global de 4 a 2.
El histórico título llega exactamente 20 años después de aquella mítica consagración en la temporada 2005/06. Dos décadas debieron pasar para que el pueblo mens sana volviera a desatar un grito contenido que posiciona otra vez a la ciudad en la cima del mapa deportivo nacional.
Una defensa de hierro y el calor de su gente
El sexto juego se construyó desde el corazón y la pizarra táctica. Impulsado por una marea verde que colmó el estadio Socios Fundadores hasta el último rincón, el equipo dirigido por Pablo Favarel edificó una victoria inobjetable asentada en una defensa asfixiante. El planteo defensivo anuló por completo las principales vías de gol de la "Fusión", que venía con el envión anímico de haber descontado en Santiago del Estero con una paliza (88-60) en el quinto punto.
Tras un primer tiempo sumamente equilibrado y físico, Gimnasia empezó a quebrar el partido en el tercer cuarto de la mano de una noche inspirada de sus figuras y la solidez colectiva. Con intensidad en ambos costados de la cancha, el "Verde" logró sacar una diferencia de doble dígito de cara al último período.
En los diez minutos finales, lejos de desesperarse ante los intentos de los conducidos por Leandro Ramella, los comodorenses administraron los tiempos con inteligencia y mantuvieron a raya a un Quimsa combativo pero impreciso, que sintió el desgaste y no pudo forzar el ansiado séptimo juego.
El camino a la gloria
La paridad y los golpes tácticos marcaron una serie inolvidable que se definió de la siguiente manera:
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Juego 1: Quimsa 73 - Gimnasia 82
Juego 2: Quimsa 79 - Gimnasia 80
Juego 3: Gimnasia 76 - Quimsa 59
Juego 4: Gimnasia 74 - Quimsa 77
Juego 5: Quimsa 88 - Gimnasia 60
Juego 6: Gimnasia 68 - Quimsa 56
Cuando sonó la chicharra final, ya no hubo espacio para otra cosa que la emoción. Jugadores abrazados en el parquet, lágrimas en las tribunas y una ciudad entera celebrando una conquista que demandó esfuerzo, convicción y una enorme dosis de coraje.