Dos de los seis procesados por la cocina de cocaína se declararon consumidores

Además negaron que se hubieran dedicado a la venta de estupefacientes. También declararon testigos de la defensa, del allanamiento y policías que tomaron intervención. Hoy se terminará de incorporar la prueba testimonial y los alegatos serán el 15 de setiembre.
Se llevó a cabo ayer la tercera jornada de juicio oral y público contra los 6 procesados en la causa que se conoció por el presunto hallazgo de una cocina de cocaína en el barrio Castelli, mote que se le adjudicaría por los tarros con productos químicos que se utilizarían para el estiramiento de la droga y otro elementos que se utilizaban para triturarla o prensarla, según la conveniencia de los vendedores, tales como picadora manual de carne, prensas, balanzas y cricket.
Más de diez testigos prestaron declaración ante Tribunal Oral Federal que presidió la juez Nora Cabrera de Monella e integraron Pedro José de Diego y Enrique Jorge Guanziroli, de los cuales dos fueron ofrecidos por el defensor particular Alejandro Fuentes, que asiste a Pablo Pardo, uno de ellos fue un compañero de trabajo en una empresa petrolera y otro que lo conoce por su actividad deportiva, como jugador de fútbol y director técnico de esa disciplina.
Ambos testigos se refirieron a la actividad deportiva de Pardo y confirmaron que él era el encargado de las compras de la indumentaria del equipo, tales como pantalones, medias y camisetas, las cuales compraba en Buenos Aires.
"Tenía buenos contactos e incluso otros equipos de fútbol de veteranos le hacían encargos a él porque conseguía la indumentaria a buen precio", sostuvo uno de los testigos a modo de probar que las grabaciones de sus conversaciones no estaban relacionadas con transacciones por droga sino por comercio lícito.

CONSUMIDORES
En el transcurso de la mañana también declararon los imputados Daniel Rodrigo Beltrán y Andrea Matilde Alvarez. El primero dijo que tenía desde hacía muchos años un carrito de choripanes en la costanera y que se lo cerró el intendente Néstor Di Pierro; que también cocinaba en el bar Aconcagua y se declaró consumidor de cocaína, pero negó que se hubiera dedicado alguna vez a la venta de esa droga.
El procesado, que se encuentra detenido desde hace un año y nueve meses, recordó que la noche del allanamiento él estaba en el bar y un amigo que se iba a trabajar le regaló una bolsita con una pequeña cantidad de cocaína, la cual guardó en su media. La droga no se la encontraron durante la requisa que efectuó la policía, aunque cuando le preguntaron si tenía algo él colaboró y entregó lo que tenía guardado.
Por su parte Alvarez también negó que se dedicara a la venta. Afirmó que no conocía a Molina y que nada tiene que ver con los 36 kilos de cocaína que se exhibieron bajo el estrado, aunque reconoció que consumía mucho y solía intercambiar droga con otros conocidos de la noche. También aclaró que ella no era la dueña del pub de Ameghino y Alvear, sino que trabajaba en la limpieza del lugar.

LA CAUSA
La investigación de la causa se desarrolló entre el 18 de marzo de 2013 y el 9 de noviembre de ese año y como resultado de la misma fueron procesados Daniel Rodrigo Beltrán, Pablo Martín Pardo, Claudia Noemí Piso, Pablo José Bayón, Andrea Matilde Alvarez, a quienes se les atribuyó el delito de comercio de estupefacientes. Según la Fiscalía, Pardo, Beltrán y Bayón proveyeron de estupefacientes a Andrea Matilde Alvarez, quien los vendía en el pub El Bloque y por otra parte proveía a Claudia Piso, quien a su vez lo vendía en el pub El Paraíso, ubicado en San Martín y Pasaje Intermedio.
Por otro lado, según el requerimiento fiscal de elevación a juicio, Daniel Rodrigo Beltrán también vendía en el bar Aconcagua, ubicado en Pasaje Granaderos del barrio Las Flores. Además, Alvarez, Piso, Beltrán y Bayón realizaban actividades típicas de venta de drogas, como pasamanos y delivery en vehículos a partir de los pedidos que recibían en sus respectivos celulares, donde se acordaban cantidades, precios y lugares de entrega de cocaína.
En tanto que a Pedro Alejandro Molina se le atribuye la tenencia de cocaína con fines de comercialización, así como también sustancias químicas que se utilizan para mezclar a la misma con el objeto de obtener mayor cantidad de estupefacientes de menor pureza para la venta.
Hay que recordar que producto de los allanamientos se secuestró un total de 36 kilos y 534 gramos de cocaína, dispuesta en panes, rocas, polvo y tizas.

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