El hijo de Julián Weich, se unió como brigadista para combatir los incendios en la Patagonia

La decisión del hijo del conductor de sumarse como voluntario para frenar a los incendios forestales generó admiración y aplausos en las redes.

Jerónimo “Momo” Weich, hijo de Julián Weich, sorprendió al sumarse como brigadista voluntario para combatir los incendios forestales que afectan a distintas zonas de la Patagonia, una emergencia ambiental que se repite cada verano y que en esta temporada alcanzó niveles críticos.

La noticia se conoció a partir de una publicación que realizó el propio animador en sus redes sociales, donde compartió imágenes de su hijo mayor con el uniforme y el equipamiento de brigadista, listo para trabajar en la zona de Epuyén, en la provincia de Chubut. Con el humor que lo caracteriza, el conductor compartió la novedad: “El hippie con Osde @jeronimoweich ahora es brigadista con Osde. ¡Desde Córdoba a Epuyén!”, una mezcla de ironía, orgullo y emoción que sintetizó el sentir familiar.

Detrás del chiste, el gesto de Momo dejó en evidencia un fuerte compromiso social y ambiental. El joven se incorporó a La Champa Brigada, un grupo de voluntarios de Traslasierra, Córdoba, que trabaja activamente en el combate del fuego y en tareas de apoyo en zonas devastadas por los incendios. Desde la propia brigada no tardaron en destacar su llegada y le dedicaron un mensaje público a Julián Weich que terminó de sellar la repercusión del posteo: resaltaron no solo su labor como brigadista, sino también su calidad humana y su sensibilidad frente a las causas colectivas.

La reacción en redes sociales fue inmediata. Cientos de usuarios celebraron la decisión del joven y destacaron el ejemplo que representa su accionar, en un contexto donde la emergencia ambiental requiere no solo visibilidad, sino también presencia concreta en el territorio. Muchos coincidieron en que el compromiso solidario parece ser un rasgo heredado, recordando la extensa trayectoria de Julián Weich ligada a campañas solidarias y acciones sociales a lo largo de su carrera.

Para quienes siguen de cerca la vida de Jerónimo, su decisión no resulta un giro inesperado. Meses atrás, el joven había decidido mostrar su vida en el interior de Córdoba, más precisamente en Los Hornillos, donde construyó junto a su pareja una casa de barro bajo principios de bioconstrucción y permacultura. Lejos del ritmo urbano y del circuito tradicional, apostó por una forma de vida austera, en contacto directo con la naturaleza y basada en la sustentabilidad.

Esa elección, que en su momento fue leída como una búsqueda personal y espiritual, hoy encuentra una continuidad lógica en su rol como brigadista. Pasar de la vida sustentable a la acción directa frente a una catástrofe ambiental refuerza una coherencia que muchos destacaron: no se trata solo de un discurso ecológico, sino de involucrarse físicamente cuando la situación lo demanda.

Los incendios en la Patagonia, que ya consumieron decenas de miles de hectáreas de bosques nativos, movilizaron a cientos de brigadistas profesionales, bomberos voluntarios y vecinos autoconvocados. En ese contexto, la participación de jóvenes como Jerónimo resulta clave, tanto por la ayuda concreta que brindan como por el mensaje que transmiten sobre la responsabilidad colectiva frente al cuidado del ambiente.

Con imágenes que lo muestran recorriendo zonas afectadas por el fuego, trabajando junto a otros brigadistas y enfrentando jornadas de gran desgaste físico, Jerónimo Weich consolidó una imagen ligada al compromiso social y ambiental. Un perfil que, lejos de cualquier exposición mediática forzada, se construye a partir de decisiones personales y acciones concretas.

Entre la vida austera en Córdoba, la bioconstrucción y ahora el trabajo como brigadista en la Patagonia, el hijo de Julián Weich suma un nuevo capítulo que generó admiración y respeto. Y, como dejó en claro su padre con orgullo, también un motivo más para emocionar a quienes siguen creyendo en las causas nobles y en la importancia de poner el cuerpo cuando más se necesita.

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