Historias de abortos clandestinos en Río Gallegos

Los miedos, las razones, el maltrato, las dificultades. Dos mujeres relatan cómo fue tomar una decisión de tal magnitud y relatan cómo es el proceso para asumir el riesgo en clandestinidad. Las historias aparecen en una semana clave para la media sanción de la ley para legalizar la interrupción del embarazo.

Las mujeres llegan al café de calle Gobernador Moyano; son las 20:00 horas del sábado y ya no quedan clientes. Aprovechamos para buscar la mesa más alejada y que preserve el relato de historias encorsetadas en la ilegalidad, a la que enfrentaron con la autonomía rabiosa de sus cuerpos, y decisiones sin remordimientos.

La primera elige llamarse "Ella Va". Es docente, dirigente sindical, histórica militante de izquierda y feminista. Optó por la práctica del aborto hace ya siete años, cuando todavía el movimiento de mujeres no tenía la fuerza con la que hoy logró sacarle el tabú el aborto, al monopolio de las consciencias morales.

"Ella Va" tiene las ideas claras y se le nota cuando pregunta el qué, cómo y cuándo, de la nota que me pide que no grabe. Lleva pantalones acampanados y en su bolso deja ver el pañuelo de la campaña nacional por el aborto legal, seguro y gratuito – detalla Sara Delgado la periodista de Tiempo Sur que sacó a la luz las historias.

Cuando abortó tenía 40 años y "estaba saliendo con un flaco, pero no era una relación estable. Yo ya era madre sola y no quería volver a pasar por esa experiencia. Lo charlamos y estuvimos de acuerdo con la interrupción" cuenta.

Cuando supo que estaba embarazada, fue a ver a su ginecóloga de cabecera, pero la médica le aclaró que abortos no hacía. Entonces "un amigo médico que vive en Córdoba, me dijo que me mandaba Misoprostol". En esa época había problemas con los vuelos de Aerolíneas y tuvieron que pasar unos días hasta que finalmente pudiera retirar la encomienda.

"Lo hice, me puse tres pastillas, pero no funcionó. A penas tuve un sangrado", dice y recuerda que como ella y el pibe con el que había estado tenían trabajo, su decisión era la de interrumpir el embarazo "en buenas condiciones".

Su ginecóloga, que se había negado a hacerle la práctica, le dio los nombres de dos colegas suyos que si hacían abortos. Uno de ellos la atendió en un consultorio de calle Corrientes.

"El trato fue espantoso. Era una transacción comercial y nada más, primero la plata", recuerda "Ella Va", que tuvo que desembolsar $12 mil, que en esa época eran una friolera para cualquier trabajador público santacruceño. "Me acuerdo de estar contando todos los billetes en el consultorio, porque en ese tiempo, eso era muchísima plata". Después de agarrar la plata, el ginecólogo en cuestión le preguntó si estaba segura. "Si, completamente" le dijo ella.

"Me citó al día siguiente, yo estaba de doce semanas, y la verdad es que no tengo remordimiento", aclara "Ella Va", que como docente, le toca ver una realidad que muchos niegan que suceda en las escuelas de la provincia.

"Veo situaciones de alumnas adolescentes embarazadas, que faltan una semana al colegio y a la siguiente vuelven con certificado de las clínicas. Otras que te dicen que van a continuar con su embarazo. Veo que el ESI (Educación Sexual Integral) es un taller que lo hacen una vez al año, cuando debería ser parte de las horas cátedra y veo que tenemos escuelas públicas y laicas, pero con docentes católicos o cristianos".

"Venus" es algo más joven. Va al Café con un buzo capucha gris, jeans y unas botas de goma porque en su casa, por la Zapiola al fondo, está difícil transitar por el barro.

Abortó hace seis años, tenía 30, y estaba en pareja con el papá de su hija que entonces tenía dos años. Apenas la estaba destetando cuando un Evatest le mostró que esperaba otro hijo.

"En ese momento no teníamos problemas económicos, yo era de la 591 pero me había tocado criar a mi hermana y no era un buen momento", dijo "Venus", para quien decidir sobre el propio cuerpo no permite concesiones. "Yo a mi hija la desee, la esperaba y fue la experiencia más linda del mundo, eso fue diferente".

Cuando le contó a su compañero que estaba embarazada, él quiso que lo tuvieran. "Vas a cometer el acto de egoísmo más grande que puede tener un ser humano", le dijo, en un preludio de lo que fueron varios meses de turbulencia en la casa.

"A mí me salvaron mis amigas", cuenta ella, que cursando la séptima semana fue a ver a su ginecólogo que se negó a acompañarla en su decisión de terminar el embarazo, pero le aseguró que si lo lograba por su cuenta, él le seguiría haciendo los controles.

"Venus" y sus amigas se bajaron de Internet el manual de aborto de la agrupación "Pan y Rosas" basado en el de la Organización Mundial de la Salud, también disponible, llamado "Manual de práctica clínica para un aborto seguro".

"No conseguíamos Misorpostol. Iba a las farmacias de Río Gallegos a ver quién me lo vendía sin receta, pero ninguna quiso. La pastilla en esa época salía $500 por Mercado Libre pero no quise comprarla por miedo a que estuviesen adulteradas", contó.

Hoy en día, el Misoprostol sigue estando a la venta en Mercado Libre, en valores que van desde los $1.600 a los $3.000, y como es ilegal, el detalle de las publicaciones hace parecer que en realidad están vendiendo folletos o libros sobre el fármaco.

Finalmente, "Venus" pudo dar con una ginecóloga que le hizo la receta. "La fuimos a ver a la Universidad, acompañada de una amiga". Compró el Misoprostol y ese mismo día, su pareja se llevó a la nena, para que pudiera estar tranquila en la casa, donde fueron cinco amigas para sostenerla.

"Llamamos a un 0800, donde había un grupo de médicas feministas que te hacían un control cada dos horas" dijo, aunque hoy también existe el sitio www.socorristasenred.org, en donde están los contactos de las socorristas en todas las provincias argentinas, menos Santa Cruz.

"Parecía fácil, pero en ese momento me dio miedo morirme, pensé en qué iba a pasar con mi hija" recuerda "Venus", que se puso cuatro pastillas cada dos horas, hasta que finalmente tuvo un sangrado, parecido a la menstruación. "Hoy puedo decir que fue la mejor decisión que tomé en mi vida", aclara, agitando la mano.

Cuando el café se termina, surgen las historias de absoluta inequidad de las otras, que por no poder juntar la plata para hacerse el aborto en condiciones de salubridad, tuvieron que acudir a curanderas o a enfermeras inescrupulosas, o enfrentarse a lugares inmundos, poniendo en riesgo la vida.

Las historias de "Ella Va" y de "Venus" son las de muchas riogalleguenses, que transitaron con más o menos suerte por la clandestinidad. Son sin embargo, el ejercicio claro de un derecho irrenunciable que tenemos las mujeres sobre nuestros cuerpos.

Antes de irse, "Ella Va" y "Venus" hablan sobre lo que definirá el Congreso este miércoles, cuando finalmente se trate la interrupción voluntaria del embarazo como derecho de las mujeres y personas gestantes (varones trans) en del Código Penal.

Después de más de 700 audiencias, los legisladores arribaron a un dictamen consensuado que propone mantener las tres causales reconocidas en el Código Penal (embarazo producto de violación, riesgo de vida para la mujer o embarazo inviable) pero sumando la garantía del derecho a acceder a la IVE, con el solo requerimiento hasta la semana catorce 14, inclusive.

"Venus" cree que la ley no sale, "Ella Va" le dice que por eso hay que estar en la calle. Y tiene razón. Por coherencia, por las demás, porque el problema es la equidad de género, ya que sólo nos afecta a nosotras y sobre todo si somos pobres, porque abortamos, #QueSeaLey.

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