Jugadores de la Octava con carretillas para sacar el barro

En el Club Stella Maris los jugadores de las divisiones inferiores sienten tanto amor por su club que no dudan en colocarse las botas de goma y trabajar en equipo para sacar carretillas y baldes de barro y así poder jugar al fútbol.

Es lunes y los jugadores de Octava División del Club Stella Maris no trotan alrededor de la cancha para aflojar las piernas después de un duro partido del fin de semana. Tampoco se calzan los botines para patear alguna pelota: se ponen las botas de goma para poder sacar el barro que aún queda en la cancha de tierra del barrio costero.

Los jugadores con secadores de agua en mano, baldes y tachos de pintura llenos de barro buscan poder limpiar la cancha para poder recuperar horas de fútbol.

La lluvia de varios días inundó la cancha del club, que además de cobijar a las divisiones inferiores de la Liga Oficial es escenario de partidos de fútbol femenino, veteranos y de la liga de barrios.

Luego de una semana y media sin poder entrenar ni jugar por las condiciones de la cancha, los jugadores de la Octava División se calzaron las botas y se pusieron a sacar el barro.

Lejos de la actualidad de otros clubes de fútbol de Comodoro Rivadavia con canchas de césped sintético, en el Stella Maris entendieron que debían jugar otro partido: el del trabajo en equipo para sacar el barro.

UNA CAUSA COMUN

Los dirigentes del club también se sumaron al trabajo de los “pibes” y algunos vecinos pusieron a disposición en la semana algunos camiones para levantar el agua. Otros jugadores recordaron en redes sociales que en otras ocasiones quemaban cubiertas en la cancha para que el calor secara la humedad del barro.

“Hace una semana y media que no pueden entrenar. Ellos quieren jugar las fechas suspendidas” sostiene César, entrenador de la Octava División.

El entrenador dice que nadie los obliga, pero que los jugadores tienen tanto amor por el club que no dudan en ponerse a trabajar en la cancha para salir adelante.

A las divisiones inferiores del Stella Maris llegan chicos de 14 y 15 años que encuentran en el fútbol la contención necesaria que no tienen en sus hogares.

“Hay que tratar de sacarlos de las calles. La contención que no tienen en la casa la encuentran acá en el club. Muchos de 14 y 15 años trabajan y algunos se despejan con el fútbol”, sostuvo César, el entrenador que también se siente orgulloso del equipo que tiene, donde la pertenencia ya ganó el partido.

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