Su figura estuvo vinculada con el PRO en los últimos años y, más recientemente, con Patricia Bullrich. Era quien iba a estar al frente de ese movimiento que –según la frustrada candidata presidencial- provocaría la “felicidad integral”, ya que se ocuparía de aspectos educativos, culturales y de salud “de una forma original”.
Kovadloff acaba de publicar un artículo en el diario La Nación en el que señala que “no veo cómo lo que me importa, lo que defendí y defiendo, pueda fortalecerse recurriendo a quienes hasta ayer no hicieron otra cosa que denigrarlo, acusando a sus voceros de criminales e irresponsables”, en clara referencia a la figura de Raúl Alfonsín, a quien el filósofo respaldaba desde su ámbito, entre ellos sus columnas en la revistar Humor.
“Nuevo o viejo, el autoritarismo es siempre el mismo: reduccionista en todo, expresión de una intolerancia visceral hacia el pluralismo, hacia el disenso, hacia la palabra como expresión de ideas y no de ideología, hacia la verdad como tarea incesante y no como dogma inamovible. ¿O es que el concepto de cambio, tal como Juntos lo pregonó, es sinónimo del que enarbola a gritos La Libertad Avanza? ¿Desde cuándo? ¿Desde el 22 de octubre? ¡Milagros semánticos que promueve la urgencia electoral!”.
Al explicar por qué votará en blanco el próximo domingo, Kovadloff expresa que “quienes subestiman el voto en blanco, calificándolo como estéril o neutral, no solo desconocen su sentido sino que ignoran, además, lo discutible que resulta, en las circunstancias actuales, la suficiencia lógica que atribuyen a su propio voto”.
Acota que “a buena parte de quienes el pasado 22 de octubre optamos por el PRO, la derrota que nos excluyó del balotaje, lejos de inducirnos a plegarnos a Javier Milei, nos persuadió de que ese apoyo equivalía, desde el punto de vista ético y conceptual, a reducir aún más nuestra representación social y a disolver sin remedio, en las consignas vociferadas por Milei, los valores que inspiraron nuestro apoyo a Patricia Bullrich. Ese acoplamiento compulsivo, decidido de la noche a la mañana por quienes resolvieron a solas qué debíamos hacer, no fue posible sin afectar en sus centros vitales la significación política del republicanismo”.
Por esa razón –entiende-, “la democracia no estará en riesgo si se votara en blanco. Todo lo contrario: se votará en blanco para advertir sobre el riesgo en el que estará la democracia, ya malherida, al quedar en manos de cualquiera de los dos candidatos que alcance la presidencia de la nación. Muy poco de bueno se dice sobre Milei cuando se afirma que optar por su adversario sería mucho peor. ¿Quién dicta esa conclusión? ¿La integridad, la convicción o el miedo a abrir los ojos ante lo que sucede en el país?”.
Concluye el filósofo: “El mío será un voto en blanco. Le digo no a cualquiera de las dos opciones ofertadas porque no las considero tales. No tengo razón: tengo razones. Como las que tienen quienes no coincidan conmigo. Dejemos que en nombre de la presunta verdad se pronuncien solamente los que nos prometen un mañana luminoso. El voto en blanco no es un voto desesperanzado. Expresa valores que, a mi juicio, no se encuentran encarnados en los protagonistas del próximo torneo electoral. Esos valores son, para muchos, fuente de identidad cívica. De una identidad cívica que ni en la adversidad electoral ni respaldada por una mayoría, negocia su esencia. Ni con el delito ni con el oportunismo, ni con la intolerancia ideológica ni con las promesas mesiánicas. Son principios éticos que acaso la política nunca llegue a realizar en plenitud pero sin los cuales la vida política pierde toda dignidad”.