"Manu" Fontanarrosa, el buscador de olas

El rosarino de 31 años, tuvo una etapa de amor y alejamiento con la Patagonia. Hasta que se radicó de por vida en la capital petrolera. Y basa su estilo de vida ligada al mar, ya sea como 'surfero', guardavidas, remo o kayak. "Me quedo con el mar, que no tiene precio y hay que cuidarlo", describe en su romance con las costas del sur.

Su primera vez con la capital petrolera fue por casualidad, Manuel Fontanarrosa –guardavidas y profesor de natación en el Club Ingeniero Huergo- venía de un campamento en Ushuaia, donde habían viajado desde su Rosario natal con un socio en un emprendimiento de animación de fiestas infantiles.

“Al regreso tuvimos nuestras diferencias, y quedé a mitad de camino. Y justo en Comodoro Rivadavia, donde tenía el dinero justo para poder pagar el pasaje de colectivo hacia Rosario”, rememoró “Manu” a El Patagónico.

Era 2010, hacía dos años Fontanarrosa se había recibido de guardavidas en el Instituto San Martín de Rosario, y se desempeñaba como tal en su ciudad natal.

MANUEL5.jpeg

“Como había tiempo hasta que salga el colectivo, y no conocía nada, fui a dar vueltas en las cuadras cercanas a la terminal. Y en un local entré para preguntar si acá había servicios de guardavidas, no recuerdo a la señora del local, pero me dijo que sí y me dio el número de Roberto Grupallo que es el jefe de guardavidas”, comentó.

El legendario jefe de Guardavidas lo citó en la casilla de los mismos –aún no existía el edificio actual- pero Fontanarrosa (su padre es primo segundo del “Negro” Fontanarrosa, aunque no tienen vínculo pero ambos son del ‘Canalla”) no logró ubicarlo y se le iba el colectivo rumbo a Rosario y con él todo lo que le quedaba en la billetera.

MANUEL8.jpeg

“Lo llamé y le pedí disculpas, Roberto supo entender y me dijo que pregunte para el próximo año”. Una puerta había quedado abierta, de casualidad y en medio de un viaje de retorno desde el fin del mundo. El contacto con Grupallo se mantuvo vía correo electrónico, pero Manuel no se encontraba del todo preparado.

“Para la temporada de guardavidas había que rendir unas pruebas (reválidas). Y yo entendí que solo quedaban los mejores puestos. Y no que era una prueba de aptitud física. Entonces decidí no venir, porque desde Rosario a Comodoro eran muchos kilómetros y si me iba mal no tenía cómo volverme”, resaltó.

Esperó un año más, entrenó como “para ganarle a José Meolans” y tuvo su primera temporada en las costas de Comodoro.

MANUEL2.jpeg

ESCENARIOS DISTINTOS

Con dos años de experiencia en las costas del Río Paraná, a Manuel le tocó desenvolverse en el mar, un espejo de agua totalmente distinto.

“El mar te da más claridad, o sea que si una persona se hunde y estás cerca lo podes ver. En el río la dejas de ver al instante, por más cerca que estés. Además, la correntada del Paraná es bastante fuerte. Y en ciertos sectores hay palometas y rayas que han atacado en contadas ocasiones y son de sacarte un buen cubito de carne o alguna falange de dedos”, describió.

A pesar de ello, Manuel sostiene que todo espejo de agua es para tenerle respeto. Incluso en una pileta cubierta.

MANUEL.jpeg

“Mi opción por ser guardavidas, viene desde que siempre fui socio de Rosario Central. Y desde los 3 años estaba en la pileta. Mi hermano mayor también es guardavidas y lo veía trabajar. Eso creo que me inclinó para ese lugar”.

En el vaso medio vacío, Fontanarrosa tuvo dos intervenciones con víctimas fatales, ambas en playas que no cuentan con servicios de guardavidas.

“Uno fue ir a recuperar el cuerpo. Y el otro le realizamos maniobras de RCP que no dieron resultado. Creo que la muerte hay que tomarla como parte del trabajo, son cosas que pueden pasar, y tratamos siempre de evitarlo. Por eso siempre vamos a donde se nos solicitan con en términos de rescate y de las maniobras que se puedan hacer. Y cuando haces las cosas bien pero del otro lado hubo negligencia. En cierta manera te quedas tranquilo que hiciste bien tu trabajo. Por supuesto que no todos lo entienden así, nos ha tocado que cuando vamos a sectores sin servicio de guardavidas y hacemos alguna recomendación a las personas, la mayoría se lo toma a mal, pero cuando acudís en su ayuda es otro el pensamiento”.

BUSCADOR DE OLAS

De todas las actividades relacionadas con el agua, la que nunca le gustó fue natación. Tal vez porque de los 3 a los 13 años fue a pileta obligado por sus padres, y solo le entusiasmaba cuando había competición. A pesar de ello, agradece que gracias a esa insistencia forjara una profesión que es su principal sustento. Pero el surf le representó otro sentimiento.

“Ya en 2013-2014 me había despertado el interés, pero en Rosario no lo podía hacer, sí remo y canotaje. Entonces empecé con el canotaje, y a los 17 años con el windsurf, que se tornó un estilo de vida. Cuando vine a Comodoro, me costó encontrar ‘surferos’, pero conocí a ‘Guara’ y ‘Kalem’ (que hoy vive en Indonesia) y empezamos a buscar olas cada fin de semana. Más que nada en Rada Tilly y alrededores”, comenta.

En un principio y en pleno invierno, serían a lo sumo unos 10 locos. Pero con la llegada de la tecnología –en lo referido a mareas, tiempo y clima- más el whatshapp, la comunidad de ‘surferos’ (como a él le gusta decir) se incrementó a más de 50 personas.

MANUEL3.jpeg

“La actividad se está expandiendo, y se están descubriendo olas que en un principio no se animaban a surfear, pero ahora crece el interés. Lo único malo es que en Patagonia es todo muy intermitente. Pero Comodoro tiene un potencial bárbaro, en especial con los vientos que hay. En lo náutico no había un grupo masivo, y la tecnología sumó a favor de esto. Además, la magia del whatshapp, genera un grupo que va creciendo”, resaltó.

En la misma sintonía, rescata y valora que más personas naden en la costanera céntrica todo el año. Lo que implica el valorar lo que uno tiene “la Costanera es un parque de diversiones para los nadadores en sus distintas modalidades. Antes se veía mucho deporte indoor o por los cerros y ahora de a poco el mar va ganando adeptos”.

LA MARCA ROSARINA

En cuanto a identidad, Manuel se reconoce “canalla” por entender que es la hinchada que más convoca en Rosario, pero fuera de ello, hace mención a la cantidad de rosarinos que se pueden encontrar en la capital petrolera y que siempre llevan algo que los define como hinchas de Central o la “lepra”.

“De rosarinos esta llenó Comodoro y Madryn. Además, el “canalla” o el “leproso” siempre llevan una marca que los identifica, o un llavero o una pulserita con los colores de esos clubes. En lo particular, yo fui y vine en la Patagonia. Vine a trabajar en 2013, y me quedé a vivir con trabajo en Acuarium. El tema fue que me saturó el clima, el viento, el frío. Y al no conocer mucha gente, fuera del entorno de la pileta, el trato es más cerrado. Y me volví en octubre, pero en Rosario era la misma locura (inseguridad) por la cual me había ido. Así que ese verano volví a hacer temporada. Luego tuve dos años intermitentes. En 2015 viajé a Ecuador a surfear por dos meses allá. Y al regreso mi pareja me dijo que defina, y me quedé y me acomodé a la gente”, confiesa.

MANUEL1.jpeg

Hoy, “Manu” trabaja de guardavidas y ‘profe’ de natación en el Club Huergo, también colaboró cómo docente en la formación de futuros colegas.

Su historia es la de muchos que vinieron a hacer la temporada de guardavidas, descubrieron la inmensidad de la Patagonia y se quedaron para siempre.

Fontanarrosa por lo pronto disfruta del mar, se acomoda al clima y está pendiente de la próxima ola. Surfear para él es un estilo de vida, es subirse a la tabla y sentir cómo se para el tiempo y se sumerge en su propio mundo, donde la felicidad es pura.

“Para surfear necesitas una tabla y un traje. Luego hay una asociación en Rada Tilly y hasta compramos una cámara para monitorear el oleaje. Tenemos un grupo de whatshapp, donde buscamos disfrutar del mar. Entre el rio y el mar, yo me quedo con el mar, que no tiene precio y hay que cuidarlo”, sentenció.

MANUEL6.jpeg

Fuente:

Notas Relacionadas

Dejá tu comentario

Las Más Leídas del Patagónico