Maximiliano Bossio corre para ganarle a la muerte

Todos los días se vive y se muere un poco. Eso lo tiene claro el joven de 26 años y estudiante del profesorado de Biología del ISFD 807, y él prefiere vivir. El cáncer no es excusa para bajar los brazos, y se siente vivo cada vez que se calza las zapatillas y sale a recorrer la geografía de alguna ciudad del país. Entre otras competencias, participó en la Carrera Aventura del Aconcagua sobre una distancia de 38 km.

Nadie es inmortal. En algún punto a todos nos llega la muerte y en ese lugar nos ponemos todos al mismo nivel, en un camino sin retorno.

Todos los días se vive y se muere un poco, ya sea por no disfrutar las cosas sencillas de la vida, por caer en excesos o por postergar sueños.

El caso de Maximiliano Bossio (26) es distinto. Una visita al peluquero le cambió la forma de encarar la vida. Y desde esa vez, disfruta más de las cosas que le acontecen día a día. Cada jornada se siente más vivo, en especial cuando se calza las zapatillas.

“Siempre hice deporte, pero era de onda. En su momento salía a correr porque había subido de peso y lo hacía por una cuestión estética. Jugaba al fútbol, hacía natación. Y cuando empecé el profesorado en Educación Física en La Pampa hice de todo un poco, pero nada a consciencia. Hasta que a los 23 años fui a la peluquería, y sin querer el peluquero me tocó un lunar detrás de la oreja que siempre tuve, y este sangró y comenzó a crecer”, comenta Maximiliano a El Patagónico.

Como no era normal que el lunar haya sobresalido más, tomara el tamaño de una uña y sangrara, “Maxi” se hizo los estudios de rigor y la biopsia dio que era un melanoma, un tumor maligno y cáncer de piel.

“En ese entonces no sentís nada, no caés. Eso me pasó meses después, cuando me operaron por primera vez. Ahí me sacaron un pedazo de piel de la ingle para completar lo que me habían extraído detrás de la oreja”, describe.

A partir de ahí, Maximiliano se hizo más fuerte y consciente de su situación, porque sabe que el cáncer no tiene cura, pero que existen tratamientos para tener una mejor condición de vida. A eso, le sumó el deporte todos los días, para contrarrestar las sesiones de radioterapia e inmunoterapia que recibe en forma mensual.

LOCO CONSCIENTE

Bossio no fue inconsciente. Tampoco se dedicó a vivir de la lástima. Ganas de vivir y pelearle a la muerte le sobran. Y cuenta con un equipo médico que siempre le fue de frente.

“Yo creo que con el tiempo uno cae en lo que le está pasando. Además, los médicos me dijeron ‘vamos a hacer un tratamiento, pero te podés morir’. Yo podía negarme, pero uno no sabe lo que te puede pasar. Uno cruza la calle, lo atropellan y listo, se murió igual”, subraya.

La batalla más difícil fueron los otros y la lástima. “Yo creo que más difícil es para los allegados al enfermo, que al enfermo en sí mismo llevar adelante esta enfermedad. Porque la gente, aunque no quiera actuar con lástima o sentirse mal por uno, no sabe cómo hacer. Y en lo personal, yo siempre me mostré bien, he estado recién operado y no por eso dejaba de trabajar en su momento en una farmacia”, detalla.

Una de esas intervenciones le dejó una costura en toda la parte derecha del cuello. Pero Maximiliano no quería quedarse escondido en su casa. Ya había abandonado el profesorado en La Pampa y retornado a Comodoro Rivadavia, donde llegó cuando tenía 15 años. Necesitaba trabajar.

Como loco consciente, “Maxi” consultó a sus médicos (la oncóloga local Maribel Lutteral del CABIN y Matías Chacón del Instituto Fleming de Buenos Aires) qué deporte podía hacer.

La respuesta fue cualquiera que no sea de contacto. Entonces tuvo que dejar una experiencia fugaz por las artes marciales mixtas (MMA). Pero podía correr todo lo que quisiera.

“La del Hermite Race fue mi primera carrera aventura. De ahí no paré más. Yo seguía teniendo el lunar, las operaciones y todo eso. Pero mi viejo les preguntó a los médicos qué podía y qué no podía hacer. De ahí arranqué, pero siempre me manejé con los profesionales médicos. De hecho, cuando fui a correr al Aconcagua lo hice con el visto médico, pese a que mucha gente me decía que estaba loco, que no me exponga, que me cuide”, recuerda.

En la Carrera Aventura del Aconcagua, “Maxi” finalizó tercero en su categoría y sexto en la general, sobre una distancia de 38 kilómetros de recorrido que completó en 4 horas y 21 minutos.

“Muchos me decían que no iba a poder por mi salud, porque en mi tercera operación me sacaron parte del músculo esternocleidomastoideo, que funciona como sostén del cuello y participa de la respiración. Y al no tenerlo, he sufrido en más de una ocasión cuando no controlo el ritmo de oxigenación mientras corro”, detalla.

DESAFIAR AL CUERPO

Siempre con sus médicos como soporte, Maximiliano fue en forma progresiva ampliando las distancias y sumando nuevos desafíos en otros puntos del país.

“Les pregunté a los médicos y me dijeron ‘si querés andá a correr al Everest’. Y la verdad es que tener esta enfermedad te hace ver las cosas desde otra perspectiva y disfrutar más de la vida, que es lo que intento hacer todos los días”, asegura.

La familia, correr y cuidarse por querer superarse pasaron a ser el norte del joven. “Hay gente a la que le gusta correr y gente que ama correr. Yo amo correr y por eso también di un giro en mi vida, independientemente de la enfermedad. Dejé de salir los fines de semana, atiendo a una alimentación sana, respeto las horas de sueño y me esmero por mejorar mis tiempos, porque si bien no soy de elite, trato de mejorar en cada carrera”, aclara.

Nunca dejó una carrera inconclusa, en la vida de Maximiliano no hay espacio para la lástima, ni siquiera para la auto-victimización. Con una sonrisa como carta de presentación, se dedica a hacer lo que ama. Y hace esfuerzos para que eso que ama (ir a las carreras de Aventura con el acompañamiento de su familia) se solvente con medios propios, que en su caso consiste en vender empanadas árabes cada fin de semana, algo que le rinde, ya que cada sábado o domingo tiene una gran cantidad de pedidos.

Como busca superarse en forma integral, apenas retornó de La Pampa, se anotó en el profesorado de Biología del Instituto Superior de Formación Docente 807 Perito Moreno, donde se encuentra cursando el tercer año de la carrera.

“Me podría ir mejor en los estudios”, reconoce. En realidad, en todos los aspectos Maximiliano siempre apunta a estar mejor. El objetivo que más anhela es completar “La Misión”, 110k que se corren en diciembre en Villa La Angostura, Neuquén.

Tal vez por ello, y con esa actitud superadora, cada día él vive un poco más y muere un poco menos. A pesar de que la línea de llegada es común para todos nosotros.

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