NAF Comodoro: la coronación de una travesía que traspasó fronteras

"El deporte como un elemento de transformación", esa frase define a Juan Manuel Tetamanti, Pablo Maccari y Eduardo Amado. Tres personas que hace un año no se conocían. Nadar en la costanera local en pleno otoño fue el punto de encuentro de los aventureros que se unieron a una comunidad latinoamericana, unir Chile con Argentina en el fin del mundo el corolario.

Había un acuerdo implícito entre los nadadores y este medio desde que dieron a conocer la travesía: si salía con éxito sería el testimonio de la superación del hombre por el hombre mismo. De haber un contratiempo durante el Cruce del Beagle, sin más protección que una sunga, la noticia iría a parar a la sección de policiales.
El 15 de febrero, ocho nadadores de distintos puntos del país cruzaron "a cuero" el Canal Beagle, en una distancia promedio de 2000 metros que separa Argentina de la República de Chile. Locación geográfica que en su momento fue motivo de conflicto entre ambas naciones.
Juan Manuel Tetamanti, Pablo Maccari y Eduardo Amado fueron parte de esa "comunidad" que se formó a través la página de Facebook "NAF Argentina", organización sin fines de lucro que congrega a los nadadores de aguas frías.
Pero a nivel de la ciudad, el sueño de cruzar el Canal del Beagle comenzó mucho antes, cuando nadar en la costanera en pleno otoño e invierno fue un común denominador de los tres aventureros.
Entonces el mítico Canal del Beagle pasó a ser un sueño a concretar. Y el resultado de ello representó no solo tirar abajo un mito, sino un momento de plenitud de cada uno de los participantes y la unión de dos naciones a través del deporte.

BRAZADA A BRAZADA
Un ingeniero nadador de toda la vida, un geógrafo con una fuerte impronta militante y un trabajador petrolero y miembro de una familia relacionada al deporte. Entre ellos no se conocen, pero tienen algo en común: nadar en el mar.
Sobre mediados de 2016 se comenzó a gestar el grupo. Eran días fríos en la capital petrolera. Cuando caía la noche, el marplatense Juan Manuel Tetamanti se ponía su traje de neopreno y se lanzaba en el mar.
Cada tanto se cruzaba con otro como él, que nadaba en soledad, era el comodorense Eduardo Amado. Más tarde se sumaría al trío el mendocino Pablo Maccari.
Así, lo que surgió como un pasatiempo se convirtió enseguida en una serie de travesías por las costas aledañas. Primero fue recorrer de la costa de la playa de Km 3 hasta la costa céntrica –nada nuevo que no haya hecho Luis Mora en su época de apogeo- luego las costas de Rada Tilly, y en especial la vuelta a la Punta del Márques.
Pero el sueño "grande" era cruzar el Canal del Beagle sin traje de neopreno. En una distancia de alrededor de 1700 metros promedio, de acuerdo a la corriente que te agarre en el trayecto.
Un cruce en un lugar simbólico, un grupo de gente de distintos puntos del país nucleados bajo la sigla NAF Argentina (Nadadores de Aguas Frías). Y tres nadadores forjados en distintas costas y piletas del país y entrenados en Comodoro Rivadavia.
Esa fue la antesala de una travesía.

DERRIBANDO MITOS
Tierra de aventuras y grandes epopeyas, el sur del país y en particular el Canal del Beagle ha sido escenario simbólico de grandes travesías. Por ello, Pablo, Juan y Eduardo se pusieron el objetivo de cruzar a nado y sin neopreno el histórico sitio el 15 de febrero.
"El agua en el Canal del Beagle estaba más caliente que acá en invierno (9 grados), el mismo día que llegamos estuvimos aclimatándonos en la zona. Y fuera del agua había un poco de viento" comentan Juan Manuel Tetamanti y Pablo Maccari.
Una semana nadando cerca de una hora, el tiempo estimado para el cruce, y sentir que el frío era parte de la piel fue la tarea de adaptación de los nadadores.
A la hora de la verdad, Pablo Maccari fue el primero en cruzar la meta con 35'. Mientras que Juan Manuel lo hizo en 45'.
"Mi GPS marcó que yo fui en curvas, salvo Pablo, el resto no nadamos derecho. Pero estaba todo muy bien organizado: había tres médicos, tres botes de la Prefectura Naval Argentina, ambulancias", comenta Tetamanti.
Tres nadadores de Buenos Aires más dos de Ushuaia completaban el grupo. Pero el encargado de abrir la jornada fue un chico parapléjico desde la cintura hacía abajo. Por ello el Beagle resignifica la vida de muchos.
"Yo creo que a los tres nos quedó como un gusto a poco, más que nada por todo lo que entrenamos. Reitero, las costas de Comodoro en invierno son más complicadas que lo que pasamos nosotros en el Sur del país. Si estás bien entrenado lo podes hacer", comentó Maccari.
"Es como que después de tantas sumergidas es el punto culmine de más de un año y dos meses de nado continuado. De un momento de mucha alegría, de salir fuera del agua a las carcajadas. Y que ese frio uno lo vivió como un valor, porque era más un mito que otra cosa. Y en lo personal representó la síntesis de todo un trabajo que empezamos en la costanera local. Fue como un momento de liberación y estábamos muy bien cuidados", sintetizó Tetamanti.
EL CUERPO EN ACCION
NAF es como una comunidad, no tiene costos ni nada por el estilo. La idea que promueven es que se pueden hacer deportes al aire libre en invierno. Aunque está claro que los que pertenecen a este grupo son adictos a la adrenalina.
Por ello, luego de los gastos administrativos (5000 pesos por persona), la firma de deslinde de responsabilidades en caso de perder la vida (en ambos países) y la autorización de ambas aduanas, el cuerpo se puso en acción.
Pablo recorrió en estilo crol el cruce en su parte más angosta, alrededor botes de seguridad con médicos supervisaban la travesía.
En cada brazada, Pablo aprovechó el instante para guardarlo en la eternidad. Porque en el caso del mendocino fue una mezcla de sensaciones.
"Primero vas un poco concentrado en el rumbo. Después tratas de disfrutar el cruce. Yo tuve la suerte que paré en el medio y me di cuenta que habían pingüinos nadando conmigo. Me zambullí y pude observar como aleteaban debajo del agua. Es como que estás muy en contacto con el medio. Y verlos jugar es algo hermoso. Algo lindo también es que me gustó mucho ver flamear la bandera argentina en la punta del faro y eso fue un complemento y una calidez para mí. Que uno siente por estar identificado con esos colores", describió.
Al paso de los nadadores un barco de turistas alentaba al grupo y retrataba el momento con sus cámaras.
"Algo que coincidíamos con Pablo es que la costa está llena de cañones, de la época que casi estalla la guerra con Chile. Pero está bueno que hoy se pueda hacer eso, superar a partir del deporte (hace poco hubo nadadores que fueron a Malvinas). Tanto el deporte como el arte vencen el egoísmo y la miseria humana que mata y destruye. Y la verdad que llegamos y los chilenos nos trataron bárbaro. Porque si bien uno quiere a su patria, uno no deja de ser gente y que se realice en ese lugar resignifica todo esto de la hermandad en que el deporte y el arte consolidan. Yo nunca pensé que iba a estar nadando en cueros en el Beagle" expresó Juan Manuel.

SUNGA, GORRA DE
SILICONA Y VOLUNTAD
Nueve grados de temperatura, ocho personas, sungas, gorras de siliconas y voluntad fue el resumen de los intrépidos nadadores.
"La gorra es importante por la irrigación del cerebro. Cuando llegamos los médicos estaban contentos porque nos veían plenos (esperaban que saliéramos sufriendo). Y cuando miramos los vídeos nos vemos cómo en cámara lenta. Es un trabajo muy mental, un 50% de ello es la mente, es nadar tranquilo y convencido de lo que estás haciendo, disfrutándolo", aclaró Tetamanti.
La voluntad fue la más valiosa de las cosas que los nadadores cargaron en sus mochilas. Porque detrás del "cruce" hay infinitas travesías rodeando la Punta del Marques. Y otras tantas en las costas de la ciudad donde en más de una vez el cuerpo de guardavidas municipal les prohibieron nadar.
Pero no todo fue color de rosas durante la travesía. "Por supuesto que el entusiasmo podía más, pero a mitad de recorrido me preguntaron cómo estaba y cuando quise hablar me di cuenta que tenía trabada la mandíbula y que no podía hablar. Ahí caí en la cuenta que el frío algo había hecho en mí. Por lo menos me había dormido la mandíbula", comentó Pablo.
Al final del recorrido, en costa argentina, los esperaba un semirrígido convertido en carpa para superar una probable hipotermia.
Pero la calidez llegaba de la satisfacción del objetivo cumplido. Entonces no hubo frio, burocracia administrativa o condicionamiento que haya impedido el cruce.
Con poco más de un año de formarse, NAF Comodoro concretó el objetivo mayor. Ahora sueña en grande y nadar entre témpanos.
"Hace 10 años para mí el deporte era una boludez o algo egoísta. Hoy está a la misma altura que el arte, son cosas que hace que el humano vaya más allá, las logre y estimule la solidaridad con el otro", concluyó Tetamanti.

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