Desde el Sindicato de Trabajadores de la Educación, su secretario general, Guillermo Spina, fue claro al fijar una posición: “La inteligencia artificial no es un demonio; es una herramienta. Y como toda herramienta, depende del uso que le demos”.
Spina remarcó que el rol docente es central en este proceso de transformación. “Los docentes debemos acercarnos a la inteligencia artificial. No para que nos reemplace, sino para que nos potencie”, sostuvo. En ese sentido, enfatizó que son los propios educadores quienes deben adaptar las actividades áulicas y los mecanismos de evaluación, incorporando la IA como un recurso más dentro de las estrategias de enseñanza.
“Ya no tenemos que pensar en lo que viene, porque esto lo estamos viviendo hoy. No es tiempo de reflexionar desde afuera; es tiempo de subirnos a esta ola y aprender a usarla”, afirmó el dirigente sindical, marcando la urgencia de una formación docente continua y situada en el presente.
Ante este nuevo panorama, el enfoque educativo necesariamente debe cambiar. La escuela ya no puede pensarse como un espacio aislado de los avances tecnológicos, sino como el ámbito donde se aprende a utilizar la tecnología con criterio, ética y sentido pedagógico. Prohibir o demonizar la inteligencia artificial no solo resulta inútil, sino que además amplía la brecha entre la realidad de los estudiantes y las prácticas escolares.
En esta línea, distintas voces del ámbito cultural y tecnológico vienen señalando el mismo camino. El comunicador y productor Mario Pergolini, referente argentino en temas de innovación, ha insistido en que el desafío actual no pasa tanto por aprender a programar como por aprender a comunicarse con la tecnología. Según planteó en diversas intervenciones públicas, los jóvenes deben desarrollar la capacidad de interactuar eficazmente con sistemas de IA a través de prompts: instrucciones claras y precisas que permiten a la tecnología crear soluciones, contenidos o incluso software. A este fenómeno se lo conoce como vibe coding.
La idea es contundente: la necesidad de codificar está siendo reemplazada, en muchos casos, por la necesidad de comunicarse con precisión. Y allí, una vez más, la educación y los docentes cumplen un rol insustituible.
Desde el sindicalismo docente, la mirada es clara: la inteligencia artificial no debe ser vista como una amenaza, sino como una oportunidad para enriquecer los procesos de enseñanza y aprendizaje. Pero esa oportunidad solo será real si los educadores son protagonistas del cambio, si reciben capacitación adecuada y si participan activamente en la construcción de nuevas propuestas pedagógicas.
Como señaló Spina, “la educación siempre se adaptó a los tiempos que corren. Esta no va a ser la excepción”. La ola ya está en marcha. El desafío es aprender a surfearla juntos.