Osvaldo Santana, el mendocino que se convirtió en referente de Newbery

Llegó a Comodoro Rivadavia el 11 de septiembre de 1982, pedido exclusivamente por la institución del barrio 9 de Julio para jugar el Regional del '83. No iba a ser tenido en cuenta por el técnico, pero en el primer partido ingresó desde el banco y metió tres goles. Tenía 21 años. Hoy, a los 57, entrena a los más chiquitos de la entidad "aeronauta", donde el sentido de pertenencia "se ha hecho carne", asegura.

La historia de Osvaldo Santana encarna las vidas de aquellos foráneos que no fueron profetas en su tierra, pero que demostraron que las fronteras no existen.

Este grandote mendocino, de voz firme y sincera, se ganó su lugar entre los referentes de uno de los clubes más grandes de la Patagonia, sin ser de acá.

Hoy, con 57 años, aquel delantero implacable que no iba a ser tenido en cuenta por el técnico que lo recibió en Newbery, a la distancia revive con felicidad tantos momentos que ni se imaginó vivir en su lugar de nacimiento, el Departamento de Las Heras, Mendoza.

Y no contempla a sus anécdotas desde lejos, porque siempre siguió ligado al club del barrio 9 de Julio. Es más, hoy está a cargo de la Novena y la Prenovena, las divisiones más chiquitas. Y hasta hace poco fue coordinador de las inferiores, el lugar que hoy ocupa uno de sus mellizos, Nicolás. Franco, mientras tanto, se mantiene en actividad dentro del campo de juego.

Osvaldo se inició futbolísticamente en Gimnasia y Esgrima de Mendoza, donde jugó hasta Quinta división. De ahí lo llamaron de Godoy Cruz. A los 18 años era parte de la Reserva del “Tomba”, pero se fue porque no le dieron lo que le habían prometido. Al actual maestro mayor de obras no le cumplieron con cederle un tablero de dibujo y no quiso saber más nada.

Corría 1978 y fue caro el precio por haber tomado esa decisión, porque quien lo había llevado a Godoy Cruz era un comisario y, para hacerle la vida imposible, lo metía preso los fines de semana.

“El tipo que me había llevado ahí era un comisario, así que cuando me agarraba en el barrio me llevaba en cana, me boludeaba. Ya habíamos roto relaciones, porque él me había prometido un tablero de dibujo si yo iba a Godoy Cruz. Cuando pasaron los meses y no me lo dieron, me fui a jugar al barrio. El tipo me metía en cana el sábado, por averiguación de antecedentes, y me largaba el domingo”, recuerda Santana.

MALARGÜE, YPF Y UN NUEVO COMIENZO

Un tiempo después se fue a trabajar a Malargüe para una empresa petrolera. Es el mayor de diez hermanos y tenía bien claro que ayudar a su familia era primordial.

Unos 300 kilómetros tierra adentro, en sus ratos libres Osvaldo despuntaba el vicio en unas canchas de entrenamiento. En la ciudad había un club denominado Deportivo YPF. Lo vieron jugar y se lo llevaron al equipo que estaban armando para participar en la Liga local. “Te llevamos el sábado y te traemos el lunes, no te hagas drama por el trabajo porque lo arreglamos nosotros”, le dijeron, y así fue.

Corría 1980 y Santana ya tenía su club y se había asentado laboralmente. Le hicieron el legajo, le dieron una credencial y todo lo que le ofrecía YPF a sus trabajadores: la comida, la gamela y demás.

Ahí lo citó la selección de San Rafael, pero la Liga Malargüina no lo dejó ir. Armó su selección y jugó para el seleccionado de Malargüe.

Después se fue a probar a Sarmiento de Junín, pero le dijeron que tenía que quedarse sin cobrar durante siete meses, así que, con el dolor en el alma, porque no era fácil tener una oportunidad de mostrarse en Buenos Aires, se volvió a jugar a Malargüe.

SU LLEGADA A COMODORO

Dos años más tarde le llegó una propuesta que le cambió la vida para siempre. “En el ’82 llega Ramón Rosa Saldaño, que también era de YPF, y me pregunta si quiero venir para Comodoro. Le dije que me gustaba la idea, pero que ya tenía mi trabajo y mis beneficios donde estaba”, afirma.

Finalmente se vino a prueba a Jorge Newbery. “El que me trajo fue Braulio Ruiz, el periodista, hincha fanático de Newbery. El había hablado con Ramón porque el club estaba buscando un ‘9’ para jugar un Regional. Entonces, Rosa Saldaño le dice que tenía un mendocino, le da mis referencias y me traen el 11 de septiembre de 1982”, rememora detalladamente.

Llega directamente a entrenar. El director técnico era Jorge “Coco” Bersán y el “Aeronauta” se estaba preparando para jugar el Regional del año siguiente.

Pero su primera experiencia no fue la esperada. “Me sacan a correr, llego último, seguimos entrenando y después ‘Coco’ le dice a la comisión directiva que no me iba a tener en cuenta, porque necesitaba un jugador que esté activo, ya que si bien tenía condiciones técnicas, no estaba bien en lo físico, no iba a llegar al Regional con el peso ideal”, comenta.

Recuerda que “en ese tiempo estaba de presidente ‘Palito’ Legari”, y que “también estaban los Soto, Omar y Enrique”, quienes terminarían siendo parte de su familia.

“Ellos manejaban la imprenta La Unica, ponían plata. Eran dirigentes que sabían, porque habían jugado al fútbol en el club. Omar Soto dice que me voy a quedar, más allá de que el técnico no me tenga en cuenta. ‘Aunque no te guste, va a ser jugador del club’, le dijo a ‘Coco’. Entonces, Omar se hizo cargo de la comida y del sueldo, así que seguí entrenando”, resalta.

DEBUT, “HAT-TRICK” Y EL INICIO DE UNA GRAN HISTORIA

Osvaldo pesaba 95 kilos y bajó hasta los 82 en muy poco tiempo, así que estaba débil, no se sentía bien. “Un día viene ‘Goyo’ Sandoval, que fue campeón argentino de pelota a paleta, trabajaba en el sanatorio Napolitani, hincha de Estudiantes de La Plata. El nos infiltraba, nos atendía. Y le dice a ‘Coco’ que yo tendría que estar en los 84 kilos. Y sí, era mi peso ideal, 84, 85”, evoca.

Llegó al Regional de 1983 con 85 kilos. Tenía 21 años. Como si se tratara de una historia futbolera de Soriano o Fontanarrosa, su debut fue épico. “Fui al banco en el primer partido contra Las Heras, íbamos 0-0. Faltaban 30 minutos y me pone. Hice tres goles ese día”, asegura, y sentencia: “Ahí empezó todo con Newbery”.

Y no sólo con el “Lobo”, donde disfrutó de su primera etapa hasta 1983 para jugar torneos regionales con Estrella Norte de Caleta Olivia, Germinal de Rawson y hasta Huracán, el archirrival, para volver a La Loma en 1987. También jugó en Petroquímica.

En 1989 se fue a Talleres Juniors, un club que le dejó una muy grata experiencia. “Fue muy lindo, me trataron con mucho respeto, mucho cariño, la verdad es que tengo un muy buen recuerdo de Talleres”, confiesa, y recuerda su paso por la selección de Comodoro Rivadavia. “Jugué con Comodoro en el Nacional y llegamos hasta Olavarría”, enfatiza con orgullo.

SENTIDO DE PERTENENCIA

Osvaldo Santana se convirtió en referente de una época de Newbery, como lo han sido otros futbolistas del medio local en distintos clubes. Y explica por qué no cualquiera puede acceder a semejante título.

“Para poder llegar a ser referente, o a ser reconocido, algo tenés que tener. No cualquiera llega, no cualquiera juega. Está el carácter y un montón de cosas más, pero sobre todo, tenés que comportarte bien. En esa época, si eras mala persona te echaban. Te decían ‘no vuelvas más’, directamente”, asevera.

Y refuerza su argumento ponderando a los jugadores de Comodoro Rivadavia, haciendo a un lado a los futbolistas que venían de afuera, como él. “Los que cobrábamos éramos los que veníamos de afuera. Los de adentro, en un alto porcentaje no cobraban, pero eran muy profesionales como jugadores. ¡Eran amateurs con mentalidad profesional, que podrían haber llegado a jugar en cualquier otro lado sin ningún problema!”, recalca.

Por todo eso, admite: “Nunca me hubiese imaginado hacer lo que hice acá”. Y esa confesión lo lleva a manifestar una vez más su amor incondicional por la institución donde hoy les muestra la primera parte del camino a los más chiquitos.

“El sentido de pertenencia con el club ha hecho carne en uno. Si mañana no estuviera trabajando acá, estoy adentro, soy parte de la historia de Newbery y soy hincha. Eso no me lo puede quitar nadie, ya está pegado en la piel. Hasta que esté en esta tierra, voy a estar identificado totalmente con Newbery”, sentencia Osvaldo Santana, mientras se prepara salir a la cancha, como antes, como siempre, desde hace rato con otro rol, pero con la misma pasión.

Fuente:

Notas Relacionadas

Dejá tu comentario


Las Más Leídas del Patagónico