El brillante artista Carlos Alonso murió a los 97 años en Unquillo, Córdoba, donde residía desde hace varios años. Nacido en Mendoza, fue uno de los grandes maestros de la pintura y su obra tuvo un contenido político que anticipó y luego denunció los horrores de la dictadura.
El 26 de abril de 1976, un mes después del golpe militar, Alonso inauguró la muestra “El ganado y lo perdido” (Art Gallery, en Florida al 600), en la que reunía cuarenta y cinco trabajos realizados entre el 72 y el 76. En ellos se anunciaba la masacre que viviría el país y hasta se anticipa la figura del desaparecido con víctimas con los ojos vendados, la figura borrada, las fotos de un familiar ausente.
Tras el secuestro y desaparición de su hija Paloma en 1977, se exilió en Italia y luego residió en Madrid.
“Varios de esos años estuve sin trabajar, recuperándome de las pérdidas; la de mi hija Paloma, la del país, la pérdida de mis afectos, y todo lo que tiene que ver con el exilio”, recordaba.
Además de su obra plástica, realizó recordadas ilustraciones de obras como Don Quijote de la Mancha, los poemas de Pablo Neruda, El Gaucho Martín Fierro de José Hernández, El Matadero de Esteban Echeverría y El juguete rabioso de Roberto Arlt.
Sus obras fueron parte de exposiciones en el Museo Nacional de Bellas Artes de México, el Museo de Arte de La Habana, las galerías Giulia de Roma y Eidos de Milán, además de en la Bedford Gallery de Londres, entre otros prestigiosos lugares.
En la década del ´90 tuvo a su cargo las pinturas para los paneles centrales de la cúpula del Teatro San Martín de la ciudad de Córdoba.