Estaba tan deprimido por la muerte de su perro que se pidió dos años de licencia psicológica. Otra persona se sentía muy gorda e hizo lo mismo por un extenso período. Y no faltó quien asegurara que sufría trastornos de ansiedad para ausentarse de la oficina por tres meses.
A medida que avanza la investigación por el caso de los certificados truchos, la Justicia va descubriendo casos realmente desopilantes e indefendibles a la hora de justificar ausentismos en el trabajo.
Todo se inició con una denuncia que en su momento presentó la Municipalidad de Neuquén al constatar la gran cantidad de licencias por largos períodos que algunos empleados se tomaban bajo el amparo de la firma de un psicólogo o un psiquiatra.
Ese fue el disparador para que la Justicia no se quedara sólo con los casos municipales y abriera la investigación a todos los ámbitos de la administración pública de la provincia. Fue la punta de un gigantesco iceberg que roza la corrupción, la falta de ética de algunos médicos, la desidia de los empleados y la flexibilidad de los funcionarios a la hora de controlar.
"Es tanta la impunidad que nadie se avergüenza a la hora de justificar una licencia prolongada con la muerte de una mascota", dijo una fuente policial a La Mañana Neuquén en cuanto a la cantidad de casos detectados.