Cuando conoció la pena de prisión perpetua que recibió el femicida de su hija, Claudia se abrazó con la fiscal María Laura Blanco agradeciéndole por su trabajo.
“Gracias a Dios se hizo justicia. Hubo que reconstruir todo, porque él lavo el cuerpo. Yo tenía mucho miedo (de que no se pudiera probar su autoría) por eso hasta el martes pasado estábamos muy nerviosos no podíamos dormir y cuando los jueces dijeron que era penalmente responsable ya pudimos descansar en paz. Yo con que sea culpable ya estaba satisfecha, más allá del tiempo que le dieron. Ahora podemos descansar, pobrecita ella también”, afirmó a El Patagónico el único medio periodístico que estuvo presente ayer en la lectura de la sentencia.