The Bike Freestyle nació el 10 de septiembre de 2022, detrás del edificio que funcionaba como Juzgado en avenida Yrigoyen que ahora volvió al Municipio, cuando un grupo de jóvenes decidió generar un espacio para las batallas de freestyle en Comodoro Rivadavia. Cuatro años después, aquella iniciativa que reunía a unas decenas de personas se transformó en un movimiento cultural con convocatoria propia, una estructura de organización y una agenda que articula competencias, música, danza y exhibiciones.
La celebración tendrá dos jornadas. El sábado 19 de septiembre, desde las 16, The Bike festejará su aniversario en Plaza Soberanía con una competencia de freestyle Sub-18, destinada a participantes de hasta 18 años, además de exhibiciones de freestyle dance y breakdance, concurso de outfits y la presencia del artista nacional revelación 1Tobi junto a artistas invitados.
El domingo 20, desde las 19, la propuesta continuará en Sótano Pub, ubicado en San Martín 239, con entrada gratuita y para todas las edades. Allí, junto con Fiesta Ranch, se presentará nuevamente 1Tobi, invitado especial de la celebración.
Julián Doyle, conocido artísticamente como Orquídea Clavel, es uno de los integrantes y organizadores de The Bike y conversó con El Patagónico sobre este movimiento cultural de hip-hop que crece día a día en la ciudad y expande sus redes a otras regiones de la Patagonia. Su recorrido permite reconstruir la historia del proyecto, pero también comprender qué representa el freestyle para quienes lo practican y sostienen sus espacios.
DEL PRIMER ENCUENTRO A UNA CONVOCATORIA CRECIENTE
“Después de 4 años la The Bike se está convirtiendo en un movimiento cultural en expansión”, explica Julián al referirse a la transformación del proyecto. La iniciativa fue impulsada originalmente por Salas Ulises Simón, conocido como Speed o malditosimon, junto con otros jóvenes. Con el tiempo, la organización fue creciendo y sumando personas con distintas funciones e intereses.
Entre sus integrantes figuran Camilo Didino, conocido como CamiloDi; Nahuel Fernandez, conocido como Nahusea; Guadalupe Reyes, conocida como Uvita; Ángel Gustavo Adorati, conocido como Ángel; y Julián Doyle, Orquídea Clavel. El equipo se completa con una dinámica de trabajo en la que las tareas se distribuyen según las posibilidades y los conocimientos de cada integrante.
La historia de The Bike se inscribe en un proceso más amplio. Julián recuerda que el freestyle atravesó una etapa de masificación popular y que, después, muchas de las personas que organizaban competencias dejaron de hacerlo. La escena comenzó a dispersarse y quedaron encuentros más pequeños, organizados con poca anticipación y pensados para grupos reducidos.
En ese contexto se fue gestando una nueva forma de organización. “Para cuando yo me metí de lleno en el staff, ya había otra mentalidad: desarrollar un espacio para la juventud que tuviese todas las herramientas que tenemos hoy en día para que un chico se suba a un escenario y pueda expresar, agarre un micrófono como lo haría un profesional”.
La evolución también puede observarse en la convocatoria. De aquellas primeras reuniones con alrededor de 20 personas se pasó a encuentros multitudinarios en Plaza Soberanía. La presencia de artistas y referentes del circuito contribuyó a ampliar el público y a demostrar que existía interés por este tipo de propuestas.
Julián recuerda especialmente una jornada vinculada a la visita de Replik, referente de la escena del freestyle durante su etapa de mayor exposición mediática. “De repente un día estuvo acá, y se notó que a la gente posta le gusta todo este tipo de eventos, este tipo de espacios, porque vinieron”.
QUE ES EL FREESTYLE Y QUE LUGAR OCUPA EN EL HIP HOP
Para quienes conocen poco de la disciplina, Julián establece una diferencia entre rap, freestyle y hip hop. “El rap es rhythm and poetry, es ritmo y poesía, y el freestyle es como rhythm and poetry, pero improvisado”.
El hip hop, en tanto, es presentado como una cultura amplia, integrada por distintas ramas y disciplinas. El freestyle forma parte de ese universo, aunque The Bike comenzó ligado principalmente al rap y a las batallas de improvisación y, con el paso del tiempo, busca ampliar su interés hacia otras expresiones, como el breakdance y distintas formas de danza.
En una batalla, los participantes improvisan sobre una base instrumental o el sonido de un beatbox. El formato más habitual es el 4x4, en el que cada competidor dispone de aproximadamente cuatro compases, equivalentes a unos diez segundos, antes de que responda su oponente. También existen otras modalidades, con diferentes extensiones de tiempo y posibilidades de participación.
La estructura competitiva contempla una instancia de filtros, previa a los octavos de final. Allí participan todos los inscriptos y, a partir de la evaluación del jurado, se selecciona a quienes avanzan en el torneo. Las batallas suelen ser individuales, aunque también pueden desarrollarse en parejas o equipos.
El jurado observa distintos aspectos de la actuación: el flow, la entonación, la manera de seguir la base, el estilo y el contenido de las rimas. No se trata solamente de rimar palabras, sino de construir una intervención que tenga ritmo, sentido y una respuesta adecuada a lo que sucede en el momento.
LA CONFRONTACION COMO DIALOGO POETICO
La palabra “batalla” puede llevar a imaginar una disputa violenta. Julián propone otra lectura. “Una confrontación de ideas no tiene por qué ser violenta, es como un debate poético”.
La dinámica puede incluir respuestas directas, ironías y enfrentamientos líricos, pero también abrirse a la construcción compartida. “¿Querés contar un cuento con otra persona? Si la otra persona quiere contar un cuento con vos, lo va a hacer”.
Desde su perspectiva, una batalla puede convertirse en una secuencia de imágenes, ideas y figuras retóricas que los participantes desarrollan de manera conjunta. “He tenido batallas que fueron una verdadera cosecha de conocimiento. Son experiencias hermosas que compartís con la otra persona”.
La improvisación permite que cada encuentro sea diferente. Las respuestas no están preparadas, la temática surge durante la competencia y la capacidad de escuchar al otro resulta tan importante como la de construir una rima propia.
UNA HERRAMIENTA PARA EXPRESARSE
La relación de Julián con el freestyle comenzó de manera casual. Durante la secundaria vio un flyer y se acercó a una competencia. Antes ya escuchaba rap y tenía influencias musicales diversas, desde artistas vinculados al rap hasta el rock progresivo y la música clásica.
Su primera experiencia competitiva fue en la plaza del Museo Ferroportuario. No logró superar los filtros, pero una de sus rimas quedó registrada. “Seguí yendo porque me encantó”.
Dos o tres competencias después consiguió ganar su primer torneo. Aquella experiencia funcionó como un impulso para continuar y profundizar su vínculo con la disciplina.
Con el tiempo, el freestyle también modificó su forma de relacionarse con los demás. “Empecé en el freestyle muy inhibido, muy introvertido, y con el tiempo eso fue cambiando”.
Para Julián, improvisar le brindó herramientas de comunicación y le permitió desarrollar una mayor confianza. También lo acercó a la organización. “Yo creo que hacer freestyle fue lo que me dio la madera de organizador”. La práctica frente al público, la necesidad de responder en el momento y el trabajo con otros participantes fueron construyendo capacidades que luego trasladó a la producción de eventos.
La disciplina tiene, además, una dimensión emocional. “Es algo liberador. Cuando hago freestyle, vacío esa carga que uno tiene de estrés mental”. Esa posibilidad de descargar, elaborar y expresar lo que se siente es uno de los aspectos que The Bike busca sostener.
Por eso, el proyecto no se limita a las batallas. También organiza exhibiciones y batallas de canciones, espacios en los que cada persona puede decir lo que piensa o siente sobre una base musical. “The Bike no solamente es un espacio para la confrontación”, remarca Julián. “También tenemos un lugar para expresarnos y liberarnos. Creo que ese es el enfoque más lindo que podemos darle a esto”.
UN ESCENARIO PARA LAS NUEVAS GENERACIONES
La competencia del sábado 19 estará enfocada en participantes Sub-18. La organización busca reunir a jóvenes de distintas localidades de la Patagonia y ofrecerles la posibilidad de competir en un escenario con infraestructura y público.
La convocatoria se sostiene a través de contactos con referentes de otras ciudades y gestiones para facilitar los traslados. Detrás de una competencia hay comunicaciones, coordinación, búsqueda de recursos y diferentes trámites para que los participantes puedan llegar.
El objetivo excede el resultado de una batalla. The Bike intenta que quienes se acercan encuentren un lugar donde expresarse, desarrollar una disciplina y vincularse con otros jóvenes que comparten intereses.
Julián plantea el freestyle como una práctica abierta, al alcance de cualquiera que tenga ganas de expresarse. Desde su mirada, el comienzo no exige conocimientos previos, lecturas específicas ni una preparación determinada. Cada persona puede acercarse desde sus propios intereses y encontrar su manera de rapear a partir de la experiencia.
“Vos tenés que comenzar a rapear como quieras. Si querés leer, leés porque te gusta leer. Si querés escuchar música, escuchás música porque te gusta escuchar música. Para hacer freestyle no te hace falta nada”, plantea Julián.
En ese sentido, destaca que la lectura y la música pueden acompañar el proceso, ampliar recursos y alimentar la imaginación, aunque no funcionan como requisitos de ingreso. El primer paso puede ser simplemente animarse a decir unas palabras, jugar con las rimas, improvisar sobre una base o participar de una ronda. La práctica aparece, así como una herramienta de expresión personal, vinculada con la libertad y con la posibilidad de descubrir una voz propia.
Para Julián, el freestyle también permite dejar de lado el temor a equivocarse. La improvisación se construye en el momento y cada participante aprende mientras prueba, escucha y responde. Por eso, su invitación apunta especialmente a quienes sienten curiosidad, pero todavía no se animan a subir a un escenario: empezar desde lo que cada uno es, sin la presión de demostrar conocimientos ni alcanzar una determinada técnica desde el primer día.
UNA ORGANIZACIÓN DE MUCHAS MANOS
La estructura de The Bike funciona de manera colectiva. Aunque algunos integrantes asumen tareas más específicas, Julián evita establecer divisiones rígidas. “Ahora somos todos todólogos”. La expresión resume una dinámica en la que cada persona aporta desde su lugar y también colabora en otras áreas cuando es necesario.
Las responsabilidades abarcan la producción, la logística, la comunicación, las redes sociales, la filmación, el contacto con artistas, la gestión ante organismos públicos y la búsqueda de sponsors privados. “Todos trabajamos para ese bien común”, resalta.
El carácter autogestivo implica destinar tiempo y recursos propios. Las inscripciones tienen un valor simbólico y se utilizan para cubrir parte de los gastos de producción, cámaras, viáticos, traslados o premios. La organización también gestiona apoyos para que artistas y competidores puedan viajar.
En ese proceso, la infraestructura representa un aspecto central. Para las actividades de Plaza Soberanía, la Secretaría de Cultura cubre el escenario y parte de las condiciones necesarias para desarrollar el evento. Julián considera que contar con una estructura adecuada resulta fundamental cuando se convoca a una gran cantidad de personas.
LA IMPORTANCIA DEL PUBLICO
The Bike también busca modificar los prejuicios que pueden existir alrededor del freestyle y de quienes participan en la escena. Julián recuerda que a sus encuentros asisten niños, adolescentes, adultos y familias.
“Hemos tenido nenitos de 5 años empezando a rapear, 8, 12, 13, 14, 16, todas las edades”, cuenta. También menciona a padres y madres que acompañan a sus hijos y a familias que se acercan a disfrutar de las batallas.
Para él, la experiencia del público es una parte esencial del movimiento. Recuerda especialmente las jornadas en las que una plaza completa acompaña las rimas, salta y responde a las consignas del host/presentador.
“Es muy lindo ver a los jóvenes emocionados, disfrutando de lo que hacen y sintiéndose parte de una cultura”, expresa Julián.
En otra escena que conserva de esos encuentros, niños que observaban a los artistas desde abajo del escenario se acercaban junto a sus padres para pedirles una foto, una firma o preguntar cuándo podrían competir. Esa conexión entre participantes, espectadores y organizadores constituye uno de los motores del proyecto.
EL ANIVERSARIO
La celebración de los cuatro años comenzará el sábado 19 de septiembre en Plaza Soberanía. La inscripción para la competencia Sub-18 será a las 15, de manera puntual, y el inicio está previsto para las 16.
Además del torneo, habrá premios sorpresa para los finalistas por parte de Ahreunder, con la posibilidad de acceder a una exhibición el domingo 20 en Sótano Pub. También se realizará un concurso de outfits, cuyo ganador recibirá una sorpresa de 3deespadas.
La programación incluirá exhibiciones de freestyle dance y breakdance a cargo de DePasoFree, junto con shows de artistas invitados. La convocatoria es abierta y apunta tanto a quienes ya conocen la disciplina como a quienes se acercan por primera vez.
El domingo 20, The Bike Freestyle y Fiesta Ranch continuarán la celebración en Sótano Pub, San Martín 239, desde las 19. La entrada será gratuita y el encuentro estará destinado a todas las edades. La jornada tendrá shows y cyphers en vivo de artistas regionales, además de exhibiciones de batallas de freestyle.
El invitado especial será 1Tobi, quien participará de las actividades del fin de semana con una exhibición y un show musical.
A cuatro años de su creación, The Bike representa el resultado de un proceso sostenido por la autogestión, el compromiso y la construcción colectiva. Desde aquellos primeros encuentros reducidos hasta las convocatorias masivas en Plaza Soberanía, el movimiento fue consolidando un espacio para la improvisación, la música, la danza y el encuentro entre generaciones. En ese recorrido, el freestyle aparece como una herramienta de expresión, comunicación y participación, mientras un grupo de jóvenes asume tareas de organización, producción y gestión para mantener viva una escena que encuentra en cada batalla y exhibición una forma de compartir y hacer comunidad.