Tomaron muestras de la ballena y advierten el peligro de tocarla

El cetáceo mide 8,50 metros y es un macho juvenil. Los investigadores cuestionaron la actitud de la población que en forma masiva se acercó el miércoles a las costas de Km 8 para tocar al ejemplar muerto y advirtieron los riesgos de contraer una bacteria del animal. La actividad de las ballenas en la región ha aumentado en los últimos años.

“Tocá el ojo. Mirá. Tocalo. No hace nada. Mirá”. Esas palabras siguen repercutiendo en la mente de Marina Riera, docente investigadora de la Facultad de Ciencias Naturales y Ciencias de la Salud de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), cuando recuerda cómo un padre incentiva a su hijo que toque la ballena varada en Kilómetro 8.

La bióloga se acercó el miércoles junto al grupo de investigación Cetáceos en el área Central del Golfo San Jorge para tomar muestras del cetáceo. Para los especialistas, la aparición de la ballena en la costa no es una novedad ya que sus estudios demuestran que la frecuencia de avistajes creció en los últimos años.

Se determinó que la ballena es un macho juvenil que mide 8.50 metros y se tomaron muestras de piel, barba, grasa y la medida de aletas y cola para luego hacer estudios genéticos y de alimentación en el laboratorio de la casa de altos estudios.

En diálogo con El Patagónico, Riera manifestó que para establecer la causa de la muerte se debe hacer una necropsia. Sin embargo, la especialista destacó que la aparición de ballenas varadas puede incrementar debido a que cada vez hay más ballenas por la zona. “El año pasado fueron tres ballenas, en Ramón Santos y Rocas Coloradas. No es algo que aparezca todos los días, pero tenemos uno o dos animales varados por año”, subrayó.

“No es un evento raro. El problema no es la ballena sino el comportamiento de la gente: tocándola”, agregó.

PELIGRO DE ENFERMEDADES

Las fotografías de la actitud irresponsable de las personas se comenzaron a multiplicar en las últimas horas. La bióloga de la UNPSJB advirtió sobre el peligro de tocar a la ballena muerta. “Cuando nosotros fuimos estaba con un grado de descomposición bastante importante. Estaba muy hinchada y empezó a largar gases. Si hacemos un estudio de la piel, seguramente, encontraremos bacterias”, afirmó.

Riera explicó que habría que hacer un estudio detallado para saber qué tipo de bacterias puede llegar a tener el cetáceo, pero “hay bacterias y virus que pueden ser transmitidos a los humanos y no sabemos qué efectos puede llegar a tener. Quizás para la ballena no tiene gran impacto, pero si para nosotros”.

Es por eso que los especialistas tomaron cuidados especiales para tener las muestras: guantes, botas y barbijo. “Hay que tener un cierto cuidado con la manipulación porque es un cadáver. Es un animal muerto y tiene bacterias asociadas. La gente hizo lo que ya sabemos. Ese es el problema: la falta de educación”, lamentó.

“Se entiende que la gente quiera ir a observar, pero hay que mantener una distancia de 50 metros. No acercarse, no tocarla y no hacer todo lo que hizo”, cuestionó Riera.

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