La retrospectiva, resumida en el trabajo "Variaciones sobre el Día del Estudiante", es de la doctora en historia Valeria Manzano, docente de la Universidad Nacional de San Martín y autora de investigaciones socioculturales de la juventud en la Argentina, una de ellas volcadas en el libro "The Age of Youth in Argentina: Culture, Politics, and Sexuality from Perón to Videla" ("La edad de la juventud en Argentina: Cultura, política y sexualidad de Perón a Videla").
Lo primero que explicó la profesional a Télam es que "existió y existe una homologación entre juventud y estudiante" lo que, desde los inicios de la celebración a fines de 1940, "implicó una invisibilizacion de los muchos y muchas jóvenes que no cursaban estudios secundarios y, a la inversa, daba cuenta del crecimiento sostenido de esa matricula estudiantil".Esto por el crecimiento exponencial de la matricula secundaria durante los gobiernos de Juan Domingo Perón "que se expandió sostenidamente en las décadas que siguieron, ya que entre 1945 y 1970 el cuerpo estudiantil secundario se quintuplicó".
La avenida Santa Fe y los bosques de Palermo, durante las décadas de 1950 y 1960, hicieron que, en Buenos Aires, coexistieran dos modalidades de festejo, indagó la historiadora.
Ella definió como "adulto-céntrico y con sesgos comerciales" los desfiles de carrozas, con elecciones de reinas de 'belleza' incluidos, que identifican este periodo, centrado en las calles de esa avenida porteña donde los negocios mostraban vidrieras alegóricas a la primavera, con prendas de la nueva temporada.
La segunda modalidad "mas extendida a los '60, era la auto organización estudiantil de picnics y paseos, donde Palermo era -y continua siendo- uno de los destinos privilegiados para los y las estudiantes del área metropolitana de Buenos Aires", relató la investigadora.
"Se trataba, para muchos y muchas, de un día auténticamente extraordinario, ya que no sólo rompía las rutinas cotidianas, que sobre todo para las chicas se puntuaba con el 'de la escuela a la casa', sino que permitía un tipo de interacción autónoma, no supervisada por adultos, entre chicos y chicas", agregó.
Vale recordar que, en esos años, en las escuelas secundarias de la Ciudad de Buenos Aires había colegios sólo varones y otros sólo para mujeres.
En los politizados años '70, el festejo muestra sus particularidades: Manzano rescató la acción del grupo Poder Joven que aglutinaba a adherentes al escritor humanista Silo, que en 1971, en Mar del Plata, realizaron durante el picnic juvenil una intervención urbana "contra la cultura hipnotizante del sistema".
Con la legalización de los centros de estudiantes, en 1973, la semana del estudiante "se centró en una política de género, donde chicos de escuelas de varones de la Ciudad de Buenos Aires fueron, en masa, a las escuelas de chicas y en algunos casos entraron a los patios para compartir un rato con ellas".
Para la prensa "fue una suerte de versión vernácula del rapto de las Sabinas, tanto como un signo más del supuesto descontrol estudiantil, esos episodios marcaron una crítica práctica a la separación entre varones y mujeres en los espacios escolares", explicó la profesora.
Además, las y los estudiantes "fueron consultados y pudieron expresar sus opiniones al respecto", añadió.
El decenio de 1980 "tiene un sesgo de apropiación `oficial` de ese día, ya que por ejemplo desde el gobierno de la Ciudad se organizaban mega-festivales" en tanto en las últimas décadas la fiesta "está diversificada y hasta privatizada", reflexionó Manzano, quien aún tiene pendiente seguir contando la historia de los últimos años de festejos estudiantiles argentinos.