Vicente Arisnabarreta: "el boxeo no me dejó plata pero sí amigos"

Más conocido como el "Vasco", el promotor que fue boxeador en su San Miguel del Monte natal llegó a Comodoro Rivadavia para cumplir con el Servicio Militar y forjó una carrera ligada al deporte de los puños. El "Roña" Castro, Omar Narváez y el "Tigre" Saldivia figuran entre sus pergaminos como organizador. También arriesga con las veladas amateurs. "Hago muchos festivales sabiendo que voy a ir a pérdida", admite, pero se siente orgulloso por las amistades cosechadas.

por Lorenzo Martins
l.martins@elpatagonico.net

Vicente Arisnabarreta nació el 1 se septiembre de 1954 en San Miguel del Monte, provincia de Buenos Aires, un pueblo más conocido como La Laguna del Monte, que queda a 107 kilómetros de Capital Federal, por la ruta 3.

Hoy, a los 63 años, el “Vasco” ya es un ícono del boxeo en Comodoro Rivadavia y la región. Su carrera como promotor lo llevó a vivir su pasión desde otra parte, pero con la misma entrega que dentro de un ring, por lo que ha ganado el respeto y la amistad de muchos.

Si bien está totalmente ligado al mundo de los cuadriláteros, su primer amor en el deporte fue el fútbol. Su puesto original era el de arquero, pero después mutó en un volante central que también podía defender por derecha.

Por una casualidad, el fútbol lo llevó al boxeo. “En mi pueblo tuve mi primera experiencia como boxeador a los 17 años, en un paraje que le decían ‘la costa’, que tenía un club donde yo jugaba al fútbol”, recuerda en diálogo con El Patagónico.

En ese sentido, agrega: “Un día al presidente se le ocurrió organizar un festival de boxeo para recaudar fondos. Eramos muy pocos, así que yo me anoté. El ring estaba en el piso y tenía tres cuerdas. Era en un galpón con techo de chapa, en el medio del campo”.

Todo era clandestino, por lo cual no tardó en caer la ley. “En el quinto festival cae la policía, que nos quería llevar a todos, pero con nosotros estaba el hijo del comisario, que quería pelear también. El arregló todo el asunto, fue y habló con el padre”, evoca.

Le tocó hacer el Servicio Militar y fue trasladado a Comodoro Rivadavia, que terminaría siendo su casa adoptiva donde forjó su carrera como promotor de boxeo, no sin antes intentar con el fútbol nuevamente.

Jugó muy poco en Tiro Federal y entrenó apenas en dos ocasiones con Deportivo Roca. Una fuerte falta lo hizo reflexionar y decidió colgar los botines. “En Roca fui a dos entrenamientos y no fui más. Un día, un colorado me pegó una planchada y dije ‘no juego más’. Fue entre 1982 y 1983”, rememora.

El destino quiso que los protagonistas de esa jugada crucial se reencontrasen muchos años después. “Hace poco lo conocí al tipo. Pregunta cuándo dejé de jugar y le digo ‘un día voy a la cancha de Roca y un colorado hijo de puta casi me mata’. Y me dice ‘ese colorado soy yo’. Ahora nos hicimos re amigos”, comenta entre carcajadas.

SUS INICIOS

El “Vasco” iba a todos los festivales, hasta que empezó a organizarlos él. “Hubo una época malísima en el ‘89, cuando se dejaron de hacer festivales por la hiperinflación. No me acuerdo quién me vino a buscar y empecé a hacer boxeo, pero no había grandes boxeadores”, remarca.

Jorge Castro era la excepción, y se le viene el recuerdo de “Ratín” Pacheco en una época anterior. “Hicimos algunas peleas con el ‘Roña’ acá. Hicimos festivales juntos. Era el que más convocaba, pero anteriormente a que yo hiciera boxeo, el que más convocaba era ‘Ratín’ Pacheco. Ojalá tuviera hoy en día un ‘Ratín’ chiquitito. Era una locura”, asegura.

Arrancó solo a organizar, aunque en ocasiones lo ayudaban Raúl Campos o el “Negro” Jofré, ambos fallecidos. “Así empecé, más que con la cabeza, con el corazón. Por suerte, en estos momentos tenemos más apoyo del Estado porque los pibes están yendo más al gimnasio, y el boxeo los ayuda mucho”, afirma.

AMISTADES

Su trayectoria como promotor, lo ha llevado a Vicente Arisnabarreta a compartir gratos momentos con Omar Narváez, “La Tigresa” Acuña, “La Tuti” Bopp, “Maravilla” Martínez, y hasta el periodista y relator Osvaldo Príncipi se ha ganado su afecto, como el de “Locomotora” Castro.

Pero el “Vasco” tiene una amiga entrañable, la ex bicampeona de la categoría Superligero, la porteña Celeste Peralta, a quien ha ido a visitar a González Catán invitado por el padre de la boxeadora.

“Mi gran amiga y mi ídola es Celeste Peralta. La conocí cuando ella tenía 17 años. Te dabas cuenta al toque que era re humilde. Celeste recorrió 18 países, entre ellos Rusia, Alemania, Inglaterra, todo Sudamérica, y gracias al boxeo”, resalta.

Otra boxeadora amiga vive en Río Gallegos y también lo recibe al “Vasco” cada vez que viaja a tierras santacruceñas. “Siempre me dan el Hotel de Comercio, hermoso, pero dejo el bolso y voy a parar a la casa de una boxeadora amiga, Yesica Villalonga. Yo le digo ‘tengo hotel, no quiero molestar’, y me dice ‘vos te venís para mi casa’”, asevera.

HUMILDAD Y GRATITUD

Arisnabarreta habla de “esas cosas lindas que tiene el boxeo” y trae a la memoria una historia de donde las buenas acciones son recompensadas.

“Hace muchos años había una pelea del ‘Tigre’ Saldivia acá y traigo a dos pibes de Río Negro. Les digo que se saquen los pasajes y que cuando vengan les doy la plata. Al otro día les pregunto cuánto les debía de los pasajes, y resulta que no habían sacado pasajes de vuelta porque no les alcanzaba la plata”, relata. Entonces, el “Vasco” decidió llevarlos en su vehículo. “¡Ya era 23 de diciembre!”, aclara.

“Al final llegamos a Cipolletti. Dejo a uno en la casa y sigo con el otro. Llegamos a su casa, sale una chica jovencita con el bebé, su señora. Me la presenta. Yo me quería volver y me invitó a quedarme porque tenía miedo de que me pasara algo en el camino”, destaca.

Y el cierre de la anécdota refleja la humildad y gratitud ante el gesto no menos humanitario de Arisnabarreta. “‘Acostate ahí’, me dice. ¡Era la cama de ellos! A eso de las 7 de la mañana me levanto, salgo de la piecita y estaban durmiendo en un colchoncito chiquito. Y la chica me dice ‘no se vaya, yo le sebo mate, compramos unas facturas’. Así que me tomé unos mates y me vine. Mirá lo que es la humildad”, asevera, aún asombrado y agradecido.

LO QUE DEJA EL BOXEO Y LO QUE NO QUEDA

Después de tantas demostraciones de afecto que llenan hasta lo más profundo, “lo que no queda es la plata”, dirá el “Vasco” para sus adentros, aunque sin lamentarse. Al contrario, sintiéndose un privilegiado.

“La gente se piensa que el que es promotor de boxeo se llena de plata, pero en Argentina no es así. Es imposible. (Mario) Arano y (Orlando) Rivero sobreviven porque tienen la televisión, TyC Sports, que le pone una moneda”, aclara.

Y argumenta: “Nosotros seguimos haciendo boxeo hoy porque nos está ayudando el municipio, y a veces Provincia. Esto viene desde la gestión del ‘Tano’ Di Pierro, que se puso firme y dijo ‘no se le cobra esto, no se le cobra aquello’”.

Por eso, Arisnabarreta insiste con ese privilegio de haber ganado mucho más que plata en su profesión. “El boxeo no me dejó plata pero sí amigos. Perdí plata, puse mucha plata. Por ahí la gente no lo entiende y dice ‘éste está macaneando’, y no es así. Hago muchos festivales sabiendo que voy a ir a pérdida, pero en esos festivales se les dan oportunidades a los pibes”, cierra el “Vasco”, el promotor del pueblo.

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