De Bogotá a La Plata: Valentina Paez irrumpe con "Vorágine" y anticipa su primer disco

La joven cantautora presentó el single que abre el camino hacia Cerrar los Ojos, un álbum debut atravesado por el rock, la canción latinoamericana y una búsqueda sonora intensa y orgánica.

El camino hacia el primer disco suele ser un territorio de búsqueda, vértigo y revelaciones. Para Valentina Paez, ese recorrido empezó mucho antes de entrar a un estudio de grabación. La joven compositora, hoy radicada en La Plata, nació en Bogotá y llegó a la Argentina a los 12 años. Esa experiencia de tránsito entre culturas —con raíces familiares en ambos países y una infancia que también incluyó una etapa en Italia— se convirtió con el tiempo en parte central de su identidad artística y de la manera en que imagina sus canciones.

Con apenas 20 años, Paez acaba de presentar “Vorágine”, el primer adelanto de Cerrar los Ojos, un álbum debut que reúne siete composiciones surgidas a lo largo de su adolescencia y primeros años de formación musical. La idea del disco comenzó a tomar forma cuando tenía 18, aunque algunas piezas son anteriores. “Alta Mar”, por ejemplo, fue escrita cuando tenía alrededor de 16 y ahora fue regrabada para esta versión definitiva, como si el paso del tiempo hubiese pulido la intensidad inicial sin borrar su impulso original.

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La relación con la música nació desde el canto, mucho antes de que la guitarra y la armonía le permitieran ordenar ese caudal intuitivo de melodías. Su primera experiencia en una banda adolescente marcó el inicio de un proceso de descubrimiento que terminó orientándola hacia una búsqueda más profunda. De tocar por el simple disfrute pasó a concebir la música como un espacio de reflexión y diálogo con la vida cotidiana, un territorio donde las emociones encuentran forma sonora y las ideas se transforman en relatos personales. De ese proceso creativo surgieron muchas de las canciones que hoy integran Cerrar los Ojos.

El universo estético que propone el disco se mueve con libertad entre tradiciones. La artista, en comunicación con El Patagónico, reconoce el valor del formato canción dentro del legado latinoamericano y menciona como influencias a figuras como Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez y María Elena Walsh. Al mismo tiempo, su formación vocal y su sensibilidad expresiva dialogan con nombres clave del soul y el blues como Amy Winehouse, Janis Joplin, Nina Simone y Ella Fitzgerald. Entre sus referencias más decisivas aparece también Luis Alberto Spinetta, cuya manera de integrar la guitarra a la canción sigue siendo una fuente de inspiración constante.

Aunque evita encasillar su propuesta en etiquetas rígidas, Paez reconoce que el rock funciona como eje predominante del álbum, atravesado por aires de músicas latinoamericanas que aportan color y textura a la narrativa sonora. La producción fue desarrollada de manera independiente durante casi dos años, en un esquema híbrido que combinó estudios profesionales y home studio, con acompañamiento técnico de AMA, la agregadora musical del Instituto Nacional de la Música. El resultado busca una estética orgánica, sostenida en la interpretación colectiva y en la construcción de un sonido cercano, donde la emoción tenga espacio para desplegarse sin artificios.

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“Vorágine” condensa buena parte de esa búsqueda. La canción se construye como un torbellino emocional que avanza en capas: una introducción abstracta abre paso a estrofas de clima introspectivo y estribillos con aire de chacarera que se potencian con guitarras eléctricas y una interpretación vocal intensa. La tensión crece hasta desembocar en un clímax de liberación, un estallido final donde la voz se vuelve protagonista y la canción parece romper sus propios límites.

En paralelo al lanzamiento, la artista continúa alternando presentaciones en formato solista y con banda, aunque reconoce en el trabajo colectivo su espacio más gratificante. Para ella, el verdadero recorrido de un disco comienza cuando las canciones salen al encuentro del público. Su expectativa con Cerrar los Ojos es simple y ambiciosa a la vez: que la música circule, viaje y encuentre nuevas resonancias en otras ciudades y escenarios. En ese tránsito, su debut discográfico se proyecta como el punto de partida de una identidad sonora que todavía está en construcción, pero que ya late con intensidad propia.

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