El Brent toca los US$80 tras la escalada bélica en Medio Oriente

La suba se produjo luego de ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y reavivó el temor a interrupciones en el suministro global. Analistas advierten que, si el conflicto se prolonga, el barril podría encaminarse hacia los US$100.

El mercado petrolero reaccionó con fuerza ante el recrudecimiento de la tensión en Medio Oriente. El barril de Brent Crude trepó cerca de un 10% y alcanzó los 80 dólares en operaciones electrónicas del domingo, de acuerdo con reportes difundidos por la agencia Reuters y operadores internacionales.

El movimiento se dio tras los ataques atribuidos a Estados Unidos e Israel contra Irán, un episodio que elevó la percepción de riesgo geopolítico y disparó coberturas especulativas en los mercados de futuros. La reacción fue inmediata en los contratos negociados tanto en Londres como en Nueva York, donde el crudo actúa como activo sensible ante eventos que puedan comprometer la oferta.

La región concentra cerca de un tercio de la producción mundial y es estratégica para el tránsito marítimo de hidrocarburos. Según datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, varios de sus miembros clave operan en esa zona. Además, por el estrecho de Ormuz —paso vital para la logística energética global— circula alrededor del 20% del comercio internacional de crudo, de acuerdo con estadísticas de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA). Cualquier amenaza sobre esa vía impacta de forma directa en las cotizaciones.

Consultoras especializadas y bancos de inversión advirtieron que, si la escalada militar se profundiza o se extiende en el tiempo, el precio podría escalar hacia la zona de los 90 o incluso 100 dólares por barril en las próximas semanas. El escenario dependerá de dos variables centrales: la magnitud de los daños sobre infraestructura petrolera y la eventual respuesta diplomática o militar de los actores involucrados.

En paralelo, los mercados también siguen de cerca la capacidad ociosa de producción de la OPEP+, el nivel de inventarios comerciales en Estados Unidos y la evolución de la demanda en Asia. Un shock prolongado podría trasladarse a los precios de los combustibles, presionar la inflación global y complicar las estrategias de política monetaria en economías desarrolladas y emergentes.

Para países productores como la Argentina, una cotización internacional más alta mejora en el corto plazo el ingreso por exportaciones de crudo, aunque también encarece los costos internos de energía si no median mecanismos de desacople. En cualquier caso, la volatilidad vuelve a instalarse como factor dominante en el tablero energético global.

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