El único viaje que hizo Eva Perón a la Patagonia 

Fue en 1950 y según reconstruyó Carlos Espinosa, fue en tren por la región norte de la Patagonia, atravesando la provincia de Río Negro hasta San Carlos de Bariloche.

El viaje del jefe de Estado y su esposa se realizó, desde Buenos Aires, a bordo de un tren especial de la línea ferroviaria General Roca. Según varios testimonios recibidos por el cronista Carlos Espinosa de parte de memoriosos agentes ferroviarios que estaban en actividad en esa época, la base de la formación era un coche motor Ganz, de los denominado "Trenes blancos" que hasta casi fines de la década del '40 cumplieron servicios entre Viedma y Bariloche.

La visita de Perón y Evita a la ciudad andina tenía un doble propósito: tomarse unos pocos días de descanso y visitar un supuesto emprendimiento de investigación atómica en la isla Huemul que estaba a cargo del enigmático científico alemán Ronald Richter. Detrás de la motivación institucional del viaje quizás estuvo el comienzo de uno de los dramas más intensos que se han vivido en el país: la cruel enfermedad o que finalmente llevaría a Evita a la tumba.

Las crónicas de la época recuerdan que en enero de 1950, mientras estaba visitando un hogar para niños dependiente de la Fundación Eva Perón, Evita sufrió un desmayo y al recibir atención médica se le descubrió un cuadro de fuerte anemia. Pocos días más tarde se le extraían tejidos del útero para una biopsia y surgía el diagnóstico del cáncer, aunque la paciente sería engañada y sólo tomaría conocimiento de la importancia del mal hacia fines de 1951.

El viaje al sur, con una pausa de diez días en el habitual ritmo intenso de su vida, habría sido sugerencia de los médicos para procurar estabilizar su cansado físico, antes de someterla a un tratamiento con rayos que Evita finalmente nunca quiso aceptar.

La estación de Carmen de Patagones fue una de las paradas del itinerario. El recuerdo de varios vecinos es vívido e intenso. El tren pasó a la medianoche, pero eran los primeros días del otoño y el clima estaba cálido. Evita salió a saludar a la puerta del coche donde viajaba, ataviada con un traje de color amarillo. No hubo discursos y tan sólo la entrega al presidente y a su esposa de algunos presentes por parte del intendente de Patagones, Carlos Tessari.

Después, cuando el convoy arrancaba, se repartieron paquetes con ropa. Cada uno de los bultos estaba muy apretado y contenía varias prendas de vestir, perfectamente dobladas y atadas.

El Tren Blanco, en su viaje especial con Perón y Evita rumbo a Bariloche, siguió la recorrida por toda la línea sur, con diversas paradas. Pero no hay registro de las estaciones en donde se detuvo.

Don Leandro Inda, ex ferroviario, también recordó el paso de aquella formación con pasajeros tan importantes. "Yo me acuerdo muy bien, en ese tiempo estaba de jefe de la estación Clemente Onelli y recibimos precisas instrucciones de que todo el personal debía estar sobre el andén, de punta en blanco, para saludar el paso del convoy", recordó Inda.

El veterano ferroviario agregó que "ese día el tren venía con un poco de atraso, justificado por supuesto, porque en cada pueblo el general y Evita salían a saludar por una de las puertas del coche motor y sus asistentes repartían paquetes con ropa".

Uno de esos paquetes cayó justo en manos de don Leandro y el apreciado vecino viedmense aseguró que el pantalón y las tres camisas que contenían los estuvo usando durante unos cuántos años.

En Bariloche los ilustres visitantes fueron recibidos en el Palacio Municipal del Centro Cívico. Perón y Evita navegaron por el Nahuel Huapi, en la nave "Modesta Victoria", y arribaron a la isla Huemul, donde inspeccionaron unas gigantescas obras en plena construcción que estaban realizando el Ejército con la mano de obra de conscriptos. En la memoria colectiva de los barilochenses quedó el recuerdo de la actitud de Evita, que puso su mirada en que los soldados estaban calzados con alpargatas y dio la orden de que se los equipara con botas especiales para nieve. Una nota del diario "El Cordillerano" señaló, tiempo atrás, que Eva también dispuso que los soldados conscriptos recibieran una paga salarial similar a los obreros del gremio de los albañiles.

La misma fuente periodística alude a la preocupación de Evita por los alumnos de una escuela barilochense que concurrían a clase casi descalzos, y la disposición de que se les enviaran botas para nieve de la mejor calidad.

El regreso de la comitiva presidencial tuvo una alternativa imprevista, tal como lo narró el recordado maestro Juan Carlos Tassara, tanto en las páginas de su libro autobiográfico de memorias como en diálogo con este cronista. Tassara y su esposa Teresita Guidi eran maestros en la modesta escuela rural de la localidad de Ministro Ramos Mexía (Pichi Malal) en pena línea sur rionegrina.

"Perón y Evita habían pasado en tren a Bariloche en viaje de descanso, así que no habían bajado en ninguna estación. A su regreso pensaban hacer lo mismo, así que se nos ocurrió escribirles y mandarles una carta por correo a Bariloche, expresándoles el deseo de alumnos y población de poder saludarlos a su paso por Ramos Mexía, para pedirle la construcción de un nuevo edificio para la escuela", recordaba el maestro.

Seguía relatando el maestro Tassara que "pasaron los días y no sabíamos que la carta había llegado a manos del presidente y de Evita; pero unas horas antes de que pasara el tren de regreso vino una máquina exploradora y un coronel se llegó hasta la escuela para decirnos que a las 17 llegaba el tren presidencial y que Perón y Evita querían saludarnos".

"Es de imaginarse el alborozo, alumnos y vecindario todo se volcaron a la estación y efectivamente ambos bajaron del tren y saludaron a gran parte de alumnos y pobladores. Además dejaron gran cantidad de equipos de ropa para mayores y niños", añadía Tassara, destacando que Evita se comprometió a la realización de un edificio escolar adecuado, en reemplazo de la escuela rancho que tenían en ese momento. Esa escuela se inauguró en 1954.

Fuente: El Extremo Sur

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