Tiene 49 años y es hija de Ricardo Lederer, segundo jefe en la maternidad de Campo de Mayo. Fue despedida del Ministerio de Justicia por el gobierno de Milei y convoca a “la acción para acompañar las luchas en curso”.
Hay 42 kilómetros entre Colonia y Punta Lara, las orillas de Uruguay y Argentina que unen el Río de la Plata y que Erika Lederer cruzará a nado en marzo del año próximo en memoria de las víctimas de los vuelos de la muerte. “Quiero poner vida, brazada tras brazada, en donde los genocidas sembraron muerte, horror y desesperación”, dice la mujer que es hija de Ricardo Lederer, quien fue el segundo jefe en la maternidad clandestina del Hospital Militar de Campo de Mayo durante la última dictadura cívico militar.
Erika cuenta que supo sobre esos vuelos nocturnos, en los que los detenidos-desaparecidos eran arrojados al agua sedados, por su padre. Lo escuchó y lo contó ante la justicia. “El cruce lo haré en mi carácter de hija desobediente de un médico militar genocida que ha participado de dichos vuelos, así como de los partos clandestinos a las mujeres embarazadas que luego de dar a luz eran arrojadas desde aquellos vuelos, tanto al Río de la Plata como al mar”, escribió en una carta pública.
Erika Lederer quiere que sus músculos, que estarán en movimiento entre 14 y 19 horas –según las condiciones del clima y las corrientes–, se conviertan en un hecho político; quiere que de sus pulmones salga el oxígeno de una lucha inclaudicable; y que el corazón, que estará bombeando sangre permanentemente, tome forma de poesía. “La vida va a imponerse, muy a pesar de ellos”, dice cuando habla de los genocidas y de los negacionistas que hoy intentan darles privilegios. “El deporte es un instrumento para el fin que es sostener la vida por sobre la muerte. Intento que sea un hecho político y un hecho poético, para ello pongo a disposición de la memoria mi cuerpo. Que a través de dos brazadas recupere a nuestros compañeros del olvido pretendido”, le cuenta a Página/12.
“Me sacan de la sala/hacia el próximo vuelo/me anestesian:/el mar”, escribió Erika en uno de sus poemas inéditos que tras el cruce se convertirán en un libro. “Seré una poeta cruzando el río –anticipa–. No es un río cualquiera y sus aguas no son unas aguas más: el Río de La Plata guarda un secreto y una historia de horror que necesitamos rescatar”. Su cuerpo de poeta y nadadora deberá adaptarse a los vaivenes del clima, a la incomodidad de no ver más que una nubosidad marrón mientras su cabeza esté hundida en el agua y a la incertidumbre de no ver más que cielo cuando la levante en busca de aire. Habrá horas, varias, en las que no verá referencia alguna de la tierra.
UNA DE LAS VICTIMAS DEL AJUSTE DE MILEI
Erika Lederer también es abogada y es una de las cientos de personas despedidas por el gobierno de Javier Milei. Trabajaba en el Ministerio de Justicia y llevó su caso a los tribunales por “persecución ideológica”. Fue en ese momento en el que tomó la decisión. “Siendo despedida del sector estatal, en lugar de llorar impotente en mi casa como ellos nos quieren. En lugar de que me vean derrotada y mientras espero la resolución judicial por la restitución en mi puesto de trabajo, con el cruce intento invitar a la potencia y la acción para acompañar las luchas en curso y derrotar a este gobierno y al intento de impunidad de los genocidas y de las fuerzas de seguridad que reprimen la protesta social”, explica.
Erika fue una de las primeras integrantes de Historias Desobedientes, cuando en 2017 se juntaron los hijos y las hijas que repudiaban a sus padres represores. Fue ella una de las primeras de ese grupo en dar datos a la justicia de lo que sabía del aparato represivo por lo que había escuchado en su familia. En varias entrevistas, contó que fue a los 9 años que empezó a mirar distinto a su padre. “Dejé de creer en el discurso hegemónico cuando escracharon a mi viejo en Página/12 por ser amigo de Ramón Camps, con una foto y todo. No podía creer que mi apellido estuviera mencionado en el diario por eso. Empecé a dejar de creer en la eticidad del Padre y se produjo un quiebre que permitió que ingresen otras cosas en mi vida”, contó años atrás, cuando también relato las golpizas que recibía por parte de él. Ricardo Lederer se suicidó en 2012, cuando se confirmó la identidad del nieto recuperado Pablo Javier Gaona Miranda, de quien había firmado el acta de nacimiento falsa que facilitó su apropiación.