Fernando Espinoza, intendente de La Matanza, fue procesado por abuso sexual

La denuncia fue presentada en 2021 por una exsecretaria que se vio forzada a recibir en su departamento en tres ocasiones al dirigente peronista, quien en la última visita se habría abalanzado sobre ella, la habría manoseado y forcejeado para desnudarse.

Fernando Espinoza, intendente de La Matanza, fue procesado por abuso sexual y desobediencia, tras ser denunciado por una exsecretaria privada en 2021. La jueza María Fabiana Galletti tomó el descargo del imputado como “un vano intento de mejorar su comprometida situación procesal”, mantuvo la prohibición de contacto con la víctima y dispuso un embargo de $1.500.000.

Según consta en la causa, la joven aseguró que el dirigente peronista la abusó sexualmente mediante tocamientos en el interior de su departamento en la Capital Federal, el 10 de mayo de 2021. “Quedate tranquila. Siempre te tuve ganas, va a estar todo bien”, le habría dicho Espinoza, quien luego se habría retirado con una actitud hostil. Antes le habría pedido que “no tuviera miedo”, ya que “las mujeres de sus amigos tienen bigote”, dado que la joven estaba en pareja desde hacía seis años con un empresario amigo del dirigente.

La denuncia se había cerrado a los pocos meses de radicarse, dado que la víctima se fue del país —aparentemente, por temor a “represalias” y con un pasaje pagado por su expareja— y no impulsó la acción. Sin embargo, la Cámara Nacional de Apelaciones ordenó reabrirla y la jueza Galletti, a cargo del Juzgado Nacional en la Criminal y Correccional N° 31, ordenó el procesamiento del intendente peronista por abuso sexual simple en concurso real con desobediencia, por haber intentando contactar a la joven después de que radicara su denuncia y pesara una orden de restricción, detalló Infobae.

Espinoza intentó convencer a la mujer de retirar la denuncia y también se lo pidió su expareja, posiblemente por pedido del propio funcionario. Al declarar en la causa, Espinoza rechazó los cargos en su contra. “Habré de tomar el descargo del imputado como un vano intento de mejorar su comprometida situación procesal, habida cuenta que basa su defensa en cuestionar a la víctima a lo largo del desarrollo de esta causa, realizando un juicio de valor sobre el modo en el que debió reaccionar frente a los hechos denunciados”, analizó la jueza.

Parte del descargo del intendente era señalar aparentes contradicciones en el relato de la mujer, utilizando como testigo a un hombre que habría tenido una relación extramarital con ella y la habría recomendado para el puesto. “Siempre se mantuvo firme en haber sufrido un abuso sexual, por lo que el esfuerzo de la defensa por atacar su credibilidad no tiene asidero”, dispuso la jueza. “El relato de la víctima asegurando haber sufrido esos tocamientos impúdicos sobre su cuerpo sin autorización se encuentra respaldado con las conclusiones de los especialistas en la materia que la entrevistaron durante el desarrollo de la pesquisa”, sumó.

El fallo se conoció este lunes, pero tiene fecha del miércoles 15 de mayo. El intendente había declarado el 30 de abril y el análisis de la jueza determinó que no sirvió para desvirtuar la acusación en su contra. La denunciante, que hoy tiene 35 años, logró el procesamiento con un peritaje psicológico, el testimonio de su terapeuta y haber aportado una prueba, que, según informó El Cronista, es una grabación. “Agradezco la decisión de la Justicia por haberme apoyado, ayudado y visibilizado todo lo que estuve viviendo desde 2021 hasta este año. Fue impecable el trabajo que hicieron”, comentó en declaraciones radiales la denunciante, tras conocerse el procesamiento.

EL CRIMEN POR EL QUE SE IMPUTO A ESPINOZA

La exsecretaria denunció que, a menos de una semana de haber sido contratada, Espinoza estableció que cenaría en su casa. Ella le dijo que no entendía y el intendente le preguntó “qué cosa no entendía”, por lo que sintió presión. Su pareja, amigo de Espinoza, le indicó que era algo “normal”, ya que por su investidura no podía salir a comer a cualquier lugar. La joven aclaró que se sintió muy incómoda durante la cena y que, a los pocos días, el funcionario volvió a invitarse a su hogar "para conversar cuestiones de trabajo".

En su descargo, la mujer incluso menciona que creía que su jefe le ponía “algo” en la bebida, pero que en esa segunda visita no hubo abuso sexual, sino una conversación incisiva sobre su vida personal, por lo que ella recordó que estaba en pareja desde hacía años. En la tercera cena, ocurrida el 10 de mayo, el hombre habría atacado a su secretaria. Aduciendo dolores cervicales, Espinoza le habría pedido masajes. La joven se negó y le ofreció un analgésico, pero el hombre se desabotonó la camisa e intentó convencerla diciendo: “No tengas miedo” y “no seas boluda, las mujeres de mis amigos tienen bigotes”.

“Fernando, no sé qué vas a hacer pero te pido que no, te pido que te vayas de mi casa” y “que estaba todo bien, pero no se sentía cómoda “, le dijo la joven, según su denuncia. Sin embargo, el hombre ingresó a su habitación, “se quitó el pantalón, la camisa que previamente se había desabotonado y quedó en ropa interior”. Ella reiteró su invitación a que se retire de su departamento, pero “el imputado la sujetó fuertemente, indicando la víctima que no recordaba exactamente cómo pasó, pero que él logró terminar encima de ella en la cama”, indica el texto. "¿Me vas a hacer masajes sí o no?", la increpó, sosteniéndola de las muñecas.

“Quedate tranquila. Siempre te tuve ganas, va a estar todo bien”, le decía el imputado, mientras la besaba, manoseaba y le pedía sexo oral. El hombre habría forcejeado para terminar de desnudarse y quitarle la ropa a la joven, por lo que le rompió la camisa. Ante la resistencia de su empleada —contratada en negro— el intendente se habría frustrado y dicho: “Bueno, listo. Ya está, se terminó todo. Me voy, no te preocupes”. “Me lo dijo de una manera amenazante, como un tono de poder que él sabía que es mi jefe”, recordó la denunciante. “Me sentí ultrajada. Me quitó las ganas de todo”, sumó.

Mientras se iba de su casa, “enojado, con mirada agresiva y tono amenazante, él me dijo: ‘Sos una boluda, no sabés de lo que te perdés. Pero bueno, allá vos’”, detalló. Al día siguiente, según el relato de la víctima, Espinoza concurrió a la oficina “como si nada” y contó que la postura de su pareja fue “minimizar todo” y aconsejarle que lo “dejara pasar”. Un par de días después, Espinoza le escribió por Telegram: "¿Cuándo me vas a volver a invitar a cenar?". La mujer manifestó haber sentido miedo y tener pensamientos suicidas. La situación laboral se tornó hostil y le advirtieron que “tenía los días contados”, lo que interpretó como “una amenaza de muerte”.

En este contexto, radicó su denuncia por abuso sexual. Posteriormente, la denuncia por “desobediencia” fue presentada cuando, a pesar de que ya había una orden de restricción, el intendente la habría vuelto a contactar el 1º de julio. “En los delitos contra la integridad sexual, el testimonio de la víctima resulta naturalmente una prueba dirimente, toda vez que son hechos que, por su propia naturaleza, suelen tener lugar en ámbitos de intimidad y confianza, exento de las miradas de terceros”, explicó la jueza.

Asimismo, Galletti desestimó la versión presentada por Espinoza, por contradecirse. “La hipótesis defensista se basó en negar que la víctima cumplió tareas en el municipio, pero luego se reconoció que sí trabajó”, informó. “También se intentó negar la concurrencia del imputado al departamento de la víctima alegando que todo lo denunciado era falso, pero luego Espinoza reconoció que sí concurrió a su domicilio pero sólo para dialogar por ‘cuestiones de trabajo’ (habiendo comenzado a trabajar desde hacía pocos días en su municipio), y que se trató sólo de una oportunidad no recordando cuándo (y no 3, como aseguró la víctima)”, continuó la magistrada.

La Justicia logró comprobar que Espinoza efectivamente estuvo al menos en las inmediaciones del domicilio de la denunciante durante la noche del 10 de mayo gracias a los registros de las antenas de telefonía celular. Según la jueza, “luce más acertado y natural pensar que la damnificada padeció inesperadamente los tocamientos impúdicos sobre su cuerpo sin su consentimiento por parte de quien se trataba su jefe en ese entonces y de una persona pública, y de la manera que pudo denunció lo ocurrido, con angustia y perturbada producto del accionar sorpresivo y deliberado del imputado de avasallar su libertad sexual aprovechando su autoridad, que la coloca naturalmente por su rol en una situación de desventaja”.

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